Querría presentar el marco teórico en el trabajo de sinodalización de la Iglesia. Son, al respecto mis ideas-fuerza, fruto de horas de estudio, reflexión y compromiso con el camino sinodal en que estamos implicados una parte importante de mujeres y hombres de la Iglesia católica desde octubre 2021.

Ideas fuerza
1.- La Sinodalidad (comunión, misión y participación) es necesaria, pertinente y oportuna. La Iglesia tradicional está en una crisis profunda de identidad. Exagerando un poco, ha perdido el norte. Ha perdido su razón de ser. No sabe cuál es su misión para el ser humano del siglo XXI. Su oferta no tiene demanda. Responde a planteamientos trasnochados. No responde a los problemas actuales (como los herreros cuando llegaron los tractores) y ha perdido la confianza y la credibilidad necesaria para que su mensaje transforme la realidad, ha perdido influencia social. Por eso la sinodalidad, ocasión de renovación, es necesaria, pertinente y oportuna. Si la Iglesia siempre debe estar “en reforma”, en el momento actual, la reforma es inaplazable. O reforma o muerte. El papa Francisco está empeñado en la renovación de la Iglesia, diría que es su obsesión. También somos muchos los católicos, sobre todo laicos y laicas, que estamos comprometidos en este proyecto innovador. La Iglesia tradicional no nos sirve ni sirve a una mayoría de hermanos. Por eso el abandono creciente de católicos. En este contexto, la sinodalización de la Iglesia es una oportunidad: un Kairós. La sinodalidad representa un modo de ser y actuar en la Iglesia Católica en la línea del aggiornamento propuesto por el Concilio Vaticano II. Es un tiempo de gracia y también una tarea para todos los bautizados.
2.- La sinodalidad y la Iglesia que quiso el Vaticano II (Jose Mª Castillo). Aunque el término sinodalidad no aparezca en la letra de los textos del Vaticano II, está en su espíritu. Especialmente en la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, Lumen Gentium y en la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et Spes. El papa Francisco está empeñado en desempolvar estos textos y despertarlos del letargo invernal en que están sumidos. Desde estos textos y con ellos, se comprende mejor el camino sinodal que el discurso del papa en 2015 puso en movimiento. La sinodalización de la Iglesia empieza ahí y se presenta como tarea para el tercer milenio. Por tanto, es un proceso de larga duración y lento proceder. Partir de estos textos conciliares es pertinente pero no suficiente. Hoy las necesidades y sufrimientos humanos son otros.
3.- La sinodalidad (comunión, misión y participación) como alternativa al dualismo, clericalismo, jerarquización y polarización reinante en la Iglesia actual. Son los “cánceres” de la institución eclesiástica tradicional. Frente a estas patologías las propuestas sinodales son: una Iglesia inclusiva, de iguales, en salida y en misión, en diálogo con el mundo moderno y centrada en el servicio a los necesitados. Una Iglesia que vive para los demás no para ella. Una Iglesia descentralizada, con estructuras participativas en todos sus niveles, que se percibe como medio, sacramento de liberación y no como fin en sí misma. Por su parte, la sinodalidad no es un método, es un espíritu, un nuevo modo de ser y actuar como Iglesia servidora. Supone una nueva identidad, una misión renovada y una metodología actualizada y conforme con la cultura posmoderna.
4.- La sinodalidad y el diálogo con la modernidad y la cultura contemporánea (Gaudium et Spes y algo más). La Iglesia no puede seguir cerrada en sus castillos doctrinales ni pastorales ni jurídicos. Todo lo humano es perecedero, limitado, abierto, inacabado, tiene que estar en evolución y desarrollo hacia su planificación nunca lograda del todo. Siempre en proceso de cambio para poder mejorar. La evolución es la dinamis de todo. Los dogmas, la revelación, la tradición, la moral, las estructuras, las instituciones, todo es temporal, histórico, contextual, abierto, incompleto, incierto, inseguro, humano… El mundo ha cambiado y sigue cambiando a una velocidad creciente. Hemos vuelto a Heráclito: todo cambia, lo natural es el cambio, la novedad, la transformación.
5.-La finalidad del Sínodo de la Sinodalidad. En el documento preparatorio del Sínodo, (2021) en la página 42 se presenta la meta que la sinodalidad persigue: “Hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones, resucitar una aurora de esperanza, aprender unos de otros, y crear un imaginario positivo que ilumine las mentes, enardezca los corazones, dé fuerza a las manos.” Verdaderamente precioso. Pero veamos los retos o desafíos que encierran.
6.-Desafios que nos presenta la sinodalización de la Iglesia. La sinodalidad, como nuevo modo de ser y actuar en la Iglesia, nos exige conversión, cambio de mentalidad, nacer de nuevo (Nicodemo), rebautizarnos. Caminar juntos versus el individualismo. Crecer en el espíritu de la unidad y la comunión. Sentirnos todos iguales por el bautismo, valorando y respetando la diversidad y diferencias entre nosotros como riqueza. Todos personalmente responsables y comunitariamente corresponsables en la misión compartida con todas las y los bautizados, según vocación y carismas recibidos. La actitud que vertebra la sinodalidad es la escucha al Espíritu y a los hermanos. Escucha recíproca para saltar del singular al plural, del yo al nosotros. Iglesia inclusiva. Y esto exige ir a lo esencial del Evangelio, facilitar y acoger la participación de todos los excluidos, fuertes y débiles, ensanchar la tienda, ampliar la mesa para que quepan todos, ser guardianes de la unidad, reducir la polarización. Ser creadores de oportunidades de desarrollo para todos. En síntesis: traspasar la noche y parir la vida.
La actitud que vertebra la sinodalidad es la escucha al Espíritu y a los hermanos
Etapas recorridas, de octubre 2021 a noviembre 2023
El camino sinodal está diseñado como un proceso con momentos sucesivos. Acabamos de finalizar la 1ª etapa de escucha al santo y fiel pueblo de Dios. Ha durado dos años. Ha sido un proceso de abajo arriba: de la parroquia a la diócesis, a las conferencias episcopales, las asambleas continentales y la asamblea general en Roma. Los grupos sinodales formados para iniciar el proceso tenían como tarea responder sobre el “caminar juntos” en el momento presente en la Iglesia y hacer propuestas sobre los pasos a dar para crecer en ese camino sinodal.
No se pedían debates sino acuerdos. Se pedía unidad en la diversidad a través de la aceptación y acogida del otro, comunión y respeto al que piensa diferente, discernimiento para escoger lo mejor venga de quien venga, generosidad y disponibilidad, escuchar al Espíritu porque es el protagonista de este proceso.
1.- Etapa de la escucha al pueblo de Dios en los niveles parroquial, diocesano, conferencias episcopales, asambleas continentales y asamblea general en Roma (1ª Fase octubre 2023, 2ª octubre 2024). En esta etapa de Escucha (octubre 2021-octubre 2023) se convocó a todo el que quiera opinar sobre su percepción de la Iglesia y hacer propuestas de mejora.
2.- Asamblea general. Octubre 2023. Mi percepción a partir de lo visto, oído y leído.El acontecimiento duró un mes. Empezó con un acto ecuménico coordinado por la Comunidad ecuménica de Taizé.
3.- Informe síntesis de esta Asamblea. Es un documento muy importante, fruto del trabajo intenso de los padres y madres sinodales durante la Asamblea. A partir del Instrumentum Laboris preparado por la Secretaría General con toda la información de que disponía de la primera fase.
4.- Hacia octubre 2024. La secretaría general del Sínodo, el 12 de diciembre de 2023 ha publicado un documento con las indicaciones y pasos a dar en los meses que nos separan de la segunda sesión de la Asamblea Sinodal en octubre 2024. En él se nos invita a profundizar en algunos de los aspectos del Informe de Síntesis a partir de una pregunta orientadora ¿Cómo ser una Iglesia sinodal en misión? Caminos a seguir e instrumentos para adoptar. Se trata de mantener vivo el dinamismo sinodal iniciado en octubre 2021. En esta fase, como en la primera, el recorrido es de iglesias locales a iglesia universal.
Evaluación del camino recorrido hasta hoy
Es preciso reconocer el buen trabajo realizado por la Secretaría General y las cuatro comisiones (metodológica, teológica, espiritualidad y comunicación) del Sínodo. Gracias a su buen hacer el proceso sinodal va adelante a pesar de la pasividad, el desinterés, resistencias, negación y palos en la rueda que individuos y colectivos de la Iglesia están poniendo a la marcha del Sínodo.
En segundo lugar, reconocer el esfuerzo de comunicación. Hemos tenido acceso a información abundante y transparente. Hemos podido seguir el desarrollo del proceso sinodal en tiempo real. Día a día.
Por lo visto, oído y leído lo primero que salta a la vista es la diversidad de iglesias que hay dentro de la Iglesia (occidental, africana, asiática y diversidad dentro de ellas. La Iglesia es diversa, no puede ser uniformada, se impone la descentralización por respeto a las diferencias. Hay que buscar la comunión e igualdad en la diversidad. Lo segundo es la coincidencia de demandas sobre temas muy debatidos en pequeños grupos renovadores y que ahora son demanda generalizada. Lo que se pedía en privado ha salido a la palestra en el Aula Pablo VI: incorporación de laicos y excluidos, especialmente mujeres, jóvenes y diversidad sexual; preferencia de la comunidad frente al individualismo y personalismo; importancia de las iglesias locales frente al centralismo romano; reincorporación de los sacerdotes casados; puesta en práctica de la Doctrina Social de la Iglesia; Iglesia en salida y misionera versus Iglesia de sacristía; ecumenismo y defensa de la tierra; la formación de todo el pueblo de Dios (mención especial a los dirigentes); atención a las víctimas de todo tipo de abusos en la Iglesia.
En tercer lugar, la Iglesia está viviendo un cambio profundo. Francisco está cambiando la Iglesia en profundidad. Quiere una reforma espiritual de la Iglesia. Para esa reforma, Francisco “ha convertido a la Iglesia en un gran laboratorio de renovación teológico, jurídico y pastoral”. Lo que le importa al papa es poner en marcha procesos de cambio a largo plazo. Quiere una Iglesia servidora del mundo, de puertas abiertas y creyentes en la vida pública: “Para que el Jesús que está dentro pueda salir fuera. La Iglesia debe estar en la calle”. Todo esto, altamente deseado, es difícil. Despierta muchas resistencias. Y se camina lentamente.
Mis miedos
Constato que las resistencias y oposición a estos cambios son grandes y fuertes, como con el Vaticano II. Quiero que no vuelva a pasar “que no calculemos las resistencias” (Dolores Aleixandre dixit).
Variables negativas: indiferencia, pasotismo, desconfianza, sospecha de inmovilismo y oposición declarada. La oposición a Francisco y al Sínodo es grande. Son muchos los que no quieren ningún cambio. Lo estiman innecesario y con riesgos no asumibles. También hay grupos que desconfían o sospechan, de entrada, de la sinceridad de intenciones, temen que sea mero ruido y pocas nueces. Cambiar todo para no cambiar nada. A veces tensiones dramáticas entre los que no quieren que cambie nada y los partidarios de que cambie todo. Mi postura personal: la iglesia tiene que actualizarse si quiere sobrevivir. Tiene que renovarse desde su raíz. Renovar su doctrina, su pastoral y el Código de Derecho Canónico. Tiene que actualizar su misión al servicio del ser humano de hoy. No basta con la puesta a punto del Vaticano II. Nuevas necesidades y oportunidades. La Iglesia tiene que abrirse al diálogo con la ciencia y la cultura moderna. Son cambios a largo plazo pero urge dar los primeros pasos hacia nuevos horizontes.
La Iglesia tiene que actualizar su misión al servicio del ser humano de hoy
Y por lo que me toca: Las mujeres en la Iglesia. No soy capaz de encontrar explicación racional a la “cerrazón mental” de la jerarquía eclesiástica ante la negación de la posibilidad de dar acceso a las mujeres en los tres numus: enseñar, santificar y gobernar la Iglesia. Me ofenden especialmente razones irracionales que usan para defender su postura insostenible en este momento. No hay manera de entrar en ellas. ¡Qué cerrazón! ¡qué despilfarro de talentos! ¡qué dolor! Francisco y parte de la jerarquía eclesiástica no nos quieren porque no nos conocen ni quieren conocernos. Siguen en el “genio femenino”. Por eso no pueden apreciar el valor en alza de las mujeres sabias, luchadoras y altamente comprometidas y formadas para poder servir mejor a la sociedad y la Iglesia. ¡Qué injusticia está cometiendo la Iglesia con las mujeres: el despilfarro de sus mejores valores!
Esto nos duele e indigna a las mujeres que nos sabemos capaces y por necedad (no querer conocer) devalúan o ignoran nuestras capacidades y preparación. Cuando escuché al papa Francisco decir que este tema Juan Pablo lo había dejado cerrado y bien cerrado, intuí que en este papado las mujeres “oficialmente” seguirían invisibilizadas a pesar de todos los esfuerzos, luchas y revueltas que dentro de la Iglesia hubiera. Y esta intuición se ha cumplido hasta ahora: bellas palabras, cero hechos. Ejemplo: Retroceso del tratamiento del tema “Las mujeres en la Iglesia” en el Instrumentum laboris para la Asamblea de octubre 2023 y el Informe-Síntesis de la misma. Yo relaciono esta cerrazón con otra que también me duele: el axioma de la organización jerárquica de la Iglesia. Otro punto intocable por contradictorio que sea con la concepción de la Iglesia, pueblo de los bautizados. En qué quedamos, ¿es el sacramento del orden o del bautismo el que debe guiar las estructuras y organización de la Iglesia?
Futuro inmediato: ¿qué podemos y tenemos que hacer nosotros/as ahora, de noviembre 2023 a octubre 2024?
Mi respuesta: aprender a ser y actuar en una Iglesia sinodal en misión, sinodalizando.
El primer consenso logrado en la Asamblea: necesidad de formación para el nuevo rol de bautizado en una iglesia sinodalizada y centrada en su misión de evangelizar. Objetivos: aprender a hacer haciendo en grupo, papel central de la comunidad. Crear comunidad, un yo colectivo, un nosotros.
Como adelantaba, la Secretaría General ha preparado un documento de ayuda metodológica para esta fase intermedia 2023-2024. Este documento ha llegado ya a las iglesias locales (obispados). La tarea es trabajar, en las comunidades y grupos sinodales, el Informe Síntesis de la Asamblea de octubre 2023 para ver qué podemos aportar, como iglesia local, a la pregunta ¿Cómo ser una Iglesia sinodal en misión? La metodología propuesta: conversación en el Espíritu. Necesitamos formación sistemática y permanente para ser sujetos eclesiales activos y corresponsables en la misión, empezando por una nueva teología que responda a las preguntas del ser humano de hoy. Siguiendo con una metodología comunitaria: trabajo en equipo, liderazgo, escucha activa, discernimiento para la toma de decisiones, entrenamiento en una espiritualidad sinodal.
La sinodalización de la Iglesia es un trabajo nuestro y del Espíritu.

Hermanos, tengo.mis dudas sobre este artículo, en primer lugar el uso de frases como «si la Iglesia quiere sobrevivir» quien sustenta a la Iglesia, la debilidad Humana? O Cristo, en segundo lugar cuando se dice «incorporación de laicos y excluidos, especialmente mujeres, jóvenes y diversidad sexual; preferencia de la comunidad frente al individualismo y personalismo; importancia de las iglesias locales frente al centralismo romano;», es visible la visión progresista, a la de.la razón unica de que las mujeres Jamas han sido excluidas, siempre han estado en la historia de la Iglesia, que hacemos antes las personas que libremente deciden hacerse a un lado de la Ley de Dios, o ahora tenemos la autoridad para negar que uso de la sexualidad es para santificación, que la.misma cruz que pesa en el Hombre o Mujer que vive la castidad en el.matrimonio por causas de enfermedad de la pareja, no tiene. El mismo peso, como niegan que abrazar la cruz para soportar las tentación pero ante todo no te abandono Señor, cómo es que si biológicamente existen Dos géneros ahora por presión cultural debemos ceder a la Razón, me disculpan pero como decia Humberto Eco, es la momento de escuchar a los sin Razón.