La trata de personas, «una llaga en el cuerpo de la humanidad»

En 2025 la Iglesia Católica celebra el Jubileo de la Esperanza, una conmemoración que conecta con la tradición israelita de dedicar un año cada cincuenta para comenzar de nuevo; una propuesta para renovar la relación con Dios, con la tierra y con la comunidad. Una ocasión de restituir los bienes, perdonar las deudas y restablecer la libertad, evitando así la perpetuación de desigualdades e injusticias. Cada Jubileo era una nueva oportunidad para construir la paz sobre el bien común y la dignidad compartida.

Comisión Diocesana contra la Trata de Personas con el obispo auxiliar Vicente Martín, responsable de Pastoral Social

Este Año Jubilar, bajo el lema “Peregrinos de la Esperanza”, estamos llamados a descubrir las primicias del Reino ya presente en el mundo. Más allá de la dimensión espiritual y eclesial, el Jubileo también conlleva un compromiso social: visibilizar y denunciar las injusticias estructurales, promoviendo acciones concretas que devuelvan la dignidad a quienes han quedado en los márgenes. Además, se trata de proponer los cambios necesarios para construir una sociedad más inclusiva, justa y solidaria.

En este marco, el Secretariado para el Jubileo de la Conferencia Episcopal Española ha señalado que la lucha contra la trata de personas es un proyecto prioritario porque es “una llaga en el cuerpo de la humanidad”, en palabras del papa Francisco. Este crimen, considerado la esclavitud moderna, está presente en todos los países y requiere el esfuerzo de toda la sociedad para ser erradicado. Se estima que en España afecta a unas 50.000 personas, aunque solo una de cada veinte víctimas es identificada por las autoridades. A pesar de los esfuerzos por desmantelar redes criminales, estas se adaptan y continúan proliferando mediante nuevas formas de captación, especialmente a través de internet y las redes sociales.

Detrás de las cifras hay historias de mujeres, hombres, niñas, niños y adolescentes que son retenidos mediante el uso de la fuerza o bajo coacciones y amenazas para ser explotados sexual o laboralmente, o utilizados en la mendicidad o para realizar actividades delictivas. Algunos incluso son víctimas del tráfico de órganos o matrimonios forzados. Esta tragedia ocurre diariamente en nuestras ciudades y pueblos, en talleres clandestinos, en el campo, en la construcción, en el servicio doméstico y en clubes o pisos de prostitución.

Frente a esta realidad, también existen redes solidarias que trabajan incansablemente para combatir la trata. La Red Española contra la Trata de Personas (RECTP) agrupa a más de veinte organizaciones de la sociedad civil, incluidas varias congregaciones religiosas. Llevan décadas tejiendo un entramado de servicios de acogida y protección, recursos de asistencia, programas de recuperación y de inserción sociolaboral. Mano a mano con las personas supervivientes de la trata, proponen mejoras legislativas y políticas públicas que respondan a los compromisos adquiridos por nuestro Estado a nivel internacional para erradicar este crimen. 

En la diócesis de Madrid, voluntarias a título personal y representantes de congregaciones y entidades religiosas, conformaron hace varios años la Comisión Diocesana contra la Trata de Personas. Su objetivo principal es sensibilizar a la sociedad sobre esta problemática y propiciar un cambio de mentalidad. A través de espacios de oración y reflexión, se busca visibilizar esta realidad y generar conciencia sobre cómo se puede contribuir a la erradicación de la trata reclamando cambios legislativos, pero también apelando a la eliminación de la demanda. También se pone en valor el proceso de redignificación de las personas supervivientes y se muestra su fuerza y resiliencia como signo de esperanza.

Este Jubileo de la Esperanza nos invita a romper las cadenas de la injusticia, a ser luz en medio de la oscuridad y a caminar juntos hacia un mundo más humano y fraterno.

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