Prostitución: ¿una esclavitud normalizada o un trabajo a normalizar?

Fuente:  Imagen de Michi S en Pixabay

El anuncio del Congreso socialista de que habría en España en esta legislatura una Ley integral contra la trata, que penalizará tanto al proxeneta como al usuario de la prostitución, vuelve a poner de actualidad un tema que en realidad no la ha perdido nunca. Muchas de las ONGs que trabajan sobre el terreno son partidarias de la abolición.  Pero para otras, ese enfoque acaba penalizando a la parte más débil, las mujeres.

Según el informe de Médicos del Mundo «La prostitución como forma de violencia de género» de 2020, es difícil calcular el número de personas en situación de prostitución que hay en España, pero estima esa cifra en unas 350.000, de las cuales más del 80% son mujeres extranjeras en situación irregular.

Otra organización con gran experiencia en combatir la trata, Apramp (Asociación para la prevención, reinserción y atención a la mujer prostituidas), afirma que ha aumentado mucho la llegada de jóvenes y menores, de entre 15 y 18 años, en su mayoría de nacionalidad rumana, nigeriana, china y paraguaya.

Según Apramp, sólo el 2% de las mujeres prostituidas lo hace por elección. En su gran mayoría se han visto empujadas a ello por su situación económica.  También la Policía Nacional considera que “más del 80% de las mujeres prostituidas lo hacen de forma forzosa tras ser engañadas en su país de origen por grupos criminales que se dedican a la trata de seres humanos”. 

Sin embargo, para la secretaria general del sindicato OTRAS (Organización de trabajadoras Sexuales), Concha Borrell, cerca del 93 % de las mujeres que ejercen la prostitución lo hace porque quiere. El sindicato estima en 400.000 el número de mujeres que ejercen la prostitución en nuestro país.

Otras organizaciones, como el Colectivo de Prostitutas de Sevilla, la Asociación Genera pro derechos de las trabajadoras sexuales, o la campaña de Putas Indignadas, responden a las abolicionistas que “no somos carne de vuestras campañas, somos mujeres con derechos”. Se consideran parte de la solución y no parte del problema. Y piden no confundir trata con prostitución voluntaria: “No comparamos la decisión de una mujer adulta con el rapto de una niña”.

También hay diferencias claras en cuanto a la denominación: las que piden la legalización de la prostitución para garantizar los derechos de las mujeres se denominan prostitutas, putas o trabajadoras sexuales. Muchas organizaciones abolicionistas y la policía, hablan de mujeres prostituidas o en situación de prostitución.

El caso español: consumo alto y país de paso

Según la ONU, España es el país europeo con mayor tasa de consumo de prostitución y el tercero del mundo: un 39% de hombres reconoce haberse servido de ella.

Los jóvenes acuden cada vez más a la prostitución como un consumo normalizado, como una forma habitual de acabar una fiesta.

Según la Delegación del gobierno para la violencia de género, “España es uno de los principales destinos del tráfico de mujeres y uno de los principales puntos de tránsito” en ese comercio.

Dos tercios de las 9.000 personas del mundo de la prostitución atendidas el pasado año por Médicos del mundo eran de origen latinoamericano, un 8% de Europa del este y el resto de África y España. 

Prostitución y trata

Amnistía Internacional afirma que “la línea divisoria entre trata y tráfico ilegal de personas puede ser muy fina, aunque su principal diferencia es la voluntariedad. En el segundo caso, la persona migrante contacta deliberadamente con un traficante y le paga el traslado a otro país donde busca mejores oportunidades de vida. En cambio, la trata no implica necesariamente un cruce de fronteras y suele basarse en un engaño del tratante, que se vale de mentiras, abusos o coacciones para controlar y dominar a su víctima”.

La ONU ha documentado más de 226.000 casos de trata desde 2003 en que comenzó a recoger datos. La mayoría afecta a mujeres y tiene fines de explotación sexual. Un 23% de las víctimas de trata documentadas son niñas.

En España, en el año 2019, la policía liberó a 896 mujeres víctimas de trata y detuvo a casi 500 personas por esos hechos. En el 2020 fueron 269 las personas liberadas.

Ese mismo año 2020, y dentro de su actividad preventiva, la Policía identificó a 3.867 personas en riesgo de trata o explotación sexual, procedentes sobre todo de Rumanía, España y Colombia. Pero de todas esas personas solo se pudo contabilizar a 160 como víctimas de trata. Son datos del CITCO (Centro de inteligencia contra el terrorismo y el crimen organizado) del Ministerio del Interior.

Amnistía Internacional denuncia en «Cadenas invisibles» la dificultad para identificar a las víctimas de trata y la ausencia de datos unificados y sistematizados, y afirma que “Para el Defensor del Pueblo, tales cifras sugieren que siguen sin desarrollarse herramientas eficaces para detectar y ofrecer protección a las víctimas”.

Un reciente estudio conjunto de UNICEF y la Universidad Comillas afirma que el 74% de las víctimas de trata quedan sin identificar como tales debido a la ausencia de una terminología común, una ley unificadora y mayor conexión entre todas las bases de datos oficiales o privadas. El estudio afirma que por cada niño identificado como víctima de trata hay 6 que no lo son. Se apoya en otro dato muy contrastado: el 62% de las mujeres prostituidas dicen haber sido iniciadas en la prostitución siendo menores de edad.

“Las víctimas de este crimen suelen ser personas vulnerables, sobre todo mujeres, niños y hombres en condiciones físicas o económicas delicadas, acostumbrados a la discriminación y que no oponen una gran resistencia”, afirma la Web de la Policía Nacional, que ofrece un teléfono para denunciar posibles situaciones de trata y da información sobre cómo detectarlas.

“Este delito genera beneficios millonarios tanto en España como a nivel mundial, con lo que se convierte en uno de los negocios ilícitos más rentables, sólo equiparable al tráfico de drogas y de armas”. La ONU estima unos beneficios para el tráfico de personas de entre 5 y 7 billones de dólares anuales.

30 millones de mujeres y niñas han sido forzadas a la explotación sexual en los últimos 30 años, en comparación con los 12 millones de esclavos vendidos entre los siglos XII y XIX en que duró el comercio transatlántico (Inter. Centre Prevention Crime).

Los puteros, colaboradores necesarios

Para muchas de las organizaciones que trabajan sobre el terreno, la prostitución y la trata con fines de explotación sexual son dos fenómenos ligados indisolublemente. Algo que niegan diferentes colectivos de prostitutas.

«Sin clientes no hay trata. Estás pagando por una esclava sexual». Es el vídeo de la policía nacional para concienciar sobre la responsabilidad de los usuarios de la prostitución en el mantenimiento de la explotación sexual de miles de mujeres.

En la misma línea, otros colectivos combaten los lugares comunes de una cultura masculina, que banaliza el fenómeno y considera que esas mujeres, “están aquí porque quieren”. Frente a ello, videos como Ser putero no mola, de Médicos del mundo.

Esta organización ve “la prostitución como una relación de desigualdad de género, en la que una persona, por motivos económicos, legales, sociales o culturales se ve obligada a prestar a otros determinados servicios sexuales a cambio de dinero u otro tipo de contraprestación. La prostitución está basada en la sumisión sexual de las mujeres y en la explotación basada en relaciones de poder y provoca servidumbre”.

APRAMP considera que “la prostitución, constituye una forma cruel de violencia contra las mujeres, responde a una situación de explotación, e incluso, a veces, de esclavitud. Genera una relación de poder desigual entre las partes, que cosifica a las personas, llegando al sometimiento y, a anular su dignidad”.

Proyecto Esperanza matiza que “no todas las personas que ejercen la prostitución son víctimas de trata. En muchos casos, la prostitución es ejercida como consecuencia de vulnerabilidad social, económica y personal y no está vinculada a la coacción, intimidación o violencia de una tercera persona”.

Sea o no voluntaria, la tasa de mortalidad en este colectivo es entre 10 y 40 veces mayor a la media, lo que ya da una idea de los riesgos y fragilidades de su situación.

La voz de las mujeres

Escuchar a las mujeres se presenta como antídoto y como exigencia para desmitificar la prostitución: «Mírame» recoge los testimonios de mujeres prostituidas en un vídeo de Médicos del Mundo.  «Nadie se ofrece para ser esclava» es la narración de una menor nigeriana víctima de trata que puede escucharse en la Web de Apramp. En la Web de Amnistía Internacional hay también numerosos testimonios en  «Cadenas invisibles». El Proyecto Esperanza, de las Adoratrices, ofrece historias y relatos resilientes en «De víctimas a supervivientes».

Quienes defienden la legalización de la prostitución y su no vinculación automática con la trata también hacen oír su voz. El Colectivo de Prostitutas de Sevilla ofrece en Youtube los videos de un seminario reciente con su Testimonio. Al igual que Putas Indignadas recoge diferentes Videos con sus tomas de postura. El sindicato OTRAS también presenta en vídeo sus reivindicaciones con motivo del 2 de junio, Día Internacional de las trabajadoras sexuales.

Caminos de salida: persecución, prevención y ayudas

Las ONGs que trabajan con personas en el mundo de la prostitución tienen programas de ayuda en las que ellas son las protagonistas; se ofrecen itinerarios de salida voluntarios y personalizados que no son fáciles, y que exigen un enfoque global, que contemple la autonomía económica, su estatus legal en España y su salud física y psicológica. En el caso de las víctimas de trata, se precisa la colaboración de la fiscalía y las fuerzas de seguridad del estado.

A las víctimas de trata, si están dispuestas a denunciar a los proxenetas, se les ofrece protección, aunque su situación sea irregular. Pero es una pesada carga para muchas víctimas, que temen por su seguridad y la de sus familias y con frecuencia no tienen ni un pasaporte que las identifique.

Las peticiones al gobierno pasan por una Ley Integral contra la Trata que proporcione herramientas legales de persecución del proxenetismo, que ahora son escasas. Además, tanto para las víctimas de trata como para las personas en situación de prostitución, se pide un plan de integración laboral coordinado en todo el territorio, con mayores oportunidades reales, programas de acompañamiento psicosocial y la modificación de la Ley de extranjería.

Conscientes de la dificultad de combatir el fenómeno de la trata, se pide un abordaje integral, que considere tanto al explotador (proxeneta), como al consumidor (putero), pero sobre todo a las víctimas y a su recuperación. Lo que significa un enfoque no exclusivamente sancionador sino preventivo, y de protección efectiva de los derechos, así como alternativas para las víctimas.  Los colectivos de mujeres prostitutas coinciden en pedir la modificación de la Ley de extranjería y oportunidades reales para quienes quieran abandonar la prostitución, pero se oponen a penalizar al cliente porque eso las penaliza a ellas, y piden legalizar la prostitución para garantizar sus derechos como trabajadoras, así como combatir el estigma social que soportan.

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