El coronavirus tiene un impacto desproporcionado en las minorías, especialmente en los grupos que viven en la cuenca del Amazonas o Panamazonía, la cual comprende 9 países (Ecuador, Colombia, Venezuela, Guyana, Suriname, Guayana Francesa, Brasil, Perú y Bolivia) e integra a 33 millones de habitantes, de los cuales alrededor de 3 millones son pueblos indígenas originarios (Red Eclesial Panamazónica, REPAM). Este virus, de proporciones nunca antes vistas, está devastando la Amazonía por tres vías: mina la salud de los más vulnerables, exacerba su exclusión histórica y propicia la violación de sus derechos.

 “El virus tendrá vacuna, pero el hambre no”[1]

La curva de contagios y de fallecimientos en la Panamazonía está ahora mismo en fase de crecimiento exponencial sin saber cuándo y cómo se podrá aplanar (ver Gráfico 1 y 2). Las cifras de contagiados y de muertos se han multiplicado por 6 de abril a mayo. La penetración de la pandemia hacia el interior de los territorios, es innegable, las zonas indígenas que concentran el mayor número de contagiados y de muertos son: Brasil (101 108 contagiados y 5 531 muertos) y Perú (7 911 contagiados y 865 muertos), ver Gráfico 1 y 2. A fecha 25 de mayo, el coronavirus ha infectado a 118 971 y ha matado a 6 697 indígenas en la Panamazonía.

Gráfico 1: Contagiados por COVID-19 en la Panamazonía

¿Por qué tantos contagios y muertes? Diversos factores hacen que las comunidades indígenas sean altamente vulnerables, uno es el geográfico. Estas poblaciones están más alejadas, lo cual dificulta la asistencia sanitaria y el acceso a los insumos médicos. En Perú, la distancia de una comunidad a la posta médica más cercana puede tardar como mínimo entre 6-8 horas, incluso hasta 3 días o más si son comunidades muy lejanas (Ojo Público, 31/03/2020). Otro factor es el inmunológico, expertos de la salud señalan que estas comunidades indígenas están más expuestas al virus porque tienen menos inmunidad contra enfermedades comunes en las grandes ciudades (Thomson Reuters Foundation, 25/04/2020). Cabe señalar que, poco antes que el COVID-19 llegara a estas zonas, los indígenas luchaban contra el dengue (1 115 271 contagiados y 381 muertos por dengue en los 9 países de la Panamazonía)[1], la malaria, la tuberculosis y la malnutrición.

Gráfico 2. Fallecimientos por COVID-19 en la Panamazonía.
Fuente: Elaboración con datos de REPAM

Un tercer factor es la falta de recursos. La pandemia pone en evidencia décadas de abandono por parte de los Estados, estos pueblos integran uno de los sectores con menos acceso a los servicios básicos como la electricidad, el agua potable y saneamiento. La pandemia agudiza esta cruda realidad, la escasez de agua limpia obliga a las personas a caminar por horas para obtener agua; ya que el agua que obtienen está contaminada por los pesticidas usados en las plantaciones aledañas (Thomson Reuters Foundation, 21/04/2020). El oxígeno es otro bien escaso: “el pulmón del mundo está en una búsqueda desesperada de este elemento químico para poder atender a las personas enfermas COVID” (Entreculturas, 14/05/2020). A la escasez se suma “el encarecimiento de los precios de todos aquellos materiales y medicamentos que se usan en el tratamiento del virus” (Ídem). Otro factor que los hace altamente vulnerables para afrontar esta pandemia es el recrudecimiento de la violencia en estas zonas producto del narcotráfico, la tala ilegal de madera y la minería ilegal. Estas actividades “se han intensificado en este tiempo de pandemia por la reducción de los controles y la poca presencia del estado en la selva donde las comunidades indígenas viven, amenazándolos y exponiéndolos al virus” (Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica, COICA).

“Nuestra farmacia es la selva”[2]

No reciben ninguna ayuda de los gobiernos o la que reciben es poca; por ello, las comunidades indígenas se están defendiendo solas haciendo uso de la medicina tradicional, cerrando caminos y bloqueando vías fluviales para proteger sus pueblos. “Muchos de ellos han reactivado los comités de autodefensas (que durante los años 80 y 90 fueron indispensables en la lucha contra el terrorismo) y han impuesto la vigilancia estricta de su población” (Ojo Público, 31/03/2020).

Hacen esto principalmente para proteger a sus mayores, quienes son considerados los guardianes culturales de muchas tradiciones y lenguas indígenas porque retienen la memoria colectiva, particularmente con respecto a su identidad, y la transmiten de generación en generación a través de la narración de cuentos.

Asimismo, los pueblos indígenas son conscientes que están en la primera línea de defensa en contra de la destrucción de la selva, tienen un papel fundamental como guardianes de los bosques tropicales y de la biodiversidad del mundo. De ahí que, esta pandemia no es sólo de emergencia humanitaria sino también medioambiental (Thomson Reuters Foundation, 6/05/2020).  

#TodosSomosAmazonía

La Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR) ha lanzado la campaña #TodosSomosAmazonía, que busca recaudar fondos para la compra de insumos hospitalarios y kits de protección para las comunidades indígenas en la Amazonía, y profesionales en el área de la salud que se dispongan para hacerse presentes, en calidad de voluntarios, en los lugares desprovistos de atención sanitaria[3].

Asimismo, a la luz del compromiso del sínodo amazónico la Iglesia ha tomado una posición clara a través de comunicados proféticos y firmes de denuncia.

  • Bolivia: “Pronunciamiento de los pueblos indígenas de las tierras bajas de Bolivia frente a la emergencia sanitaria por el Covid-19” (28/04/2020).
  • Colombia: “Comunicado de los obispos de la Amazonía y Orinoquia colombiana a las autoridades y a toda la ciudadanía de Colombia” (1/05/2020).
  • Brasil: “Nota de los obispos de la Amazonía brasileira sobre la situación de los pueblos y de la selva en tiempos de pandemia COVID-19” (4/05/2020).
  • Perú: “Comunicado de los obispos de los Vicariatos Apostólicos de la Amazonía peruana a las autoridades y a toda la ciudadanía del Perú” (22/04/2020).
  • Ecuador: “Comunicado de las instituciones que conforman la comisión del Congreso de Ecología Integral y Sínodo Amazónico” (24/05/2020).

Finalmente, como conclusión, diríamos como el Papa “una opción sincera por la defensa de la vida, la defensa de la tierra, y la defensa de las culturas(discurso del Papa Francisco en Puerto Maldonado,2018).


[1] Frase de una madre que junto a sus tres hijas caminó de regreso a casa en la selva amazónica, forma parte de miles de indígenas que están retornando a pie a sus comunidades forzados por la falta de ingresos que el COVID-19 está provocando en las grandes ciudades.

[2] Frase del director de COICA y miembro de la comunidad Wakuenai Kurripaco (Venezuela).

[3] Para más información:  https://redamazonica.org/2020/05/clar-lanza-la-campana-todos-somos-amazonia/