Migración: ¿con qué enfoque nos quedamos?

¿Consolidar la Europa fortaleza o la Europa humanitaria? ¿Cómo enfocar la inmigración? León XIV en su reciente visita a España se ha preguntado y nos ha preguntado: “¿Qué mundo hemos construido si tantos hermanos tienen que arriesgarse a morir para buscar la vida?”

Agentes de FRONTEX abordan una embarcación en el Mediterráneo

En 2025 encontraron la muerte en las rutas migratorias hacia España 3.090 personas, incluyendo a 192 mujeres y 437 menores de edad, según la ONG Caminando Fronteras, pese a que las llegadas fueron un 24% menos que el año anterior, lo que se atribuye a las políticas de externalización y a los acuerdos con terceros países destinados a frenar las salidas hacia Europa.

Los datos de la ONG reflejan que, en los primeros cinco meses del presente año, han muerto más de 1.300 personas migrantes, entre ellas, 142 mujeres y 129 menores de edad, cuando intentaban llegar a España por el mar.

Debido a la política de la Unión Europea, que busca a toda costa evitar la llegada de migrantes y cierra cualquier vía legal y segura para solicitar protección internacional, las personas se ven obligadas a emprender viajes cada vez más largos, inciertos y peligrosos y a caer en manos de traficantes y contrabandistas. Mientras, las razones que empujan a las personas a huir de sus países siguen intactas: conflictos armados, persecuciones, violencia y situaciones de extrema vulnerabilidad.

El papa León XIV en un momento de su visita al muelle de Arguineguín

La realidad migratoria preocupa a León XIV. No en vano, la última estación del Papa en España se situó en las islas Canarias, por donde entra a España la mayoría de la inmigración irregular. Allí está el muelle de Arguineguín, donde en 2020 se hacinaron miles de personas en condiciones «deplorables», lo que llevó a su bautizo como Puerto de la Vergüenza. «No podemos acostumbrarnos a contar muertos”, proclamó allí el papa.

León XIV visitó el centro de acogida de Las Raíces, en Tenerife, donde se han albergado más de 54.000 personas desde su creación en 2021. El Papa escuchó a los inmigrantes, que expresaron sus miedos, sus tristezas y su soledad en todo el proceso migratorio; también sus esperanzas de una vida mejor y con dignidad. “No pedimos privilegios ni compasión, sino respeto y la oportunidad de vivir con dignidad”, le aseguró una mujer.

El Papa, por su parte, advirtió que “No se puede hablar de dignidad y dejar que los mares sean cementerios. No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido». Y se preguntó: “¿Qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgarse a morir para buscar la vida?»

«La dignidad humana -reflexionó el papa- exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra». 

Sesión del Parlmento Europeo en la que se aprobó el Pacto Europeo de Retorno

Buena parte de los mensajes de León XIV iban dirigidos a la Unión Europea. Pero al día siguiente, justo al día siguiente, entró en vigor el Pacto Europeo de Migración y Asilo, integrado por nueve reglamentos y una directiva, que consolida la Europa fortaleza, poniendo en entredicho el derecho de asilo, la protección frente a devoluciones, el acceso a defensa jurídica efectiva, el derecho a la información, la atención específica a personas en situación de mayor vulnerabilidad y la protección al derecho a la salud integral de las personas.

Se trata de un modelo migratorio que no prioriza, en ningún caso, la defensa de los derechos humanos. En dicho pacto se establecen más controles desde que el inmigrante llega a frontera, facilita su detención (¡hasta 24 meses!) y la denegación rápida de su solicitud de asilo y de su expulsión.

Una de las disposiciones más polémicas es la creación de centros de deportación para migrantes en países fuera del territorio comunitario, aunque no tengan ningún vínculo con esos países. Lo llaman deportación a países seguros, entre ellos están Marruecos, Egipto, Mauritania, Túnez o Colombia, con graves deficiencias en materia de garantía de los derechos humanos.

La vieja y civilizada Europa blinda más sus fronteras, establece controles por perfil racial y envía a las personas migrantes a terceros países, inseguros y sin garantías de que sus derechos sean respetados. Se externaliza la barbarie o se intenta ocultarla. Se incumple el derecho de asilo y la Convención de Ginebra

Muchos inmigrantes mueren en el calor de los desiertos, en el inicio de su peregrinación en busca de la vida y la dignidad. Los agentes de Frontex (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas) con frecuencia los mandan de vuelta a las dunas, para que la sed y el sol hagan su trabajo.

El nuevo Pacto Europeo ha sido rechazado por diferentes organizaciones especializadas en derechos humanos y destacan que “un número creciente de personas quedarán en un limbo administrativo, sin poder acceder a un permiso de residencia, servicios esenciales o trabajo digno”.

El Gobierno de España se ha mostrado contrario a la regulación que endurece las expulsiones de migrantes y la creación de centros de deportación; sin embargo, el 23 de junio llegaron a la isla de El Hierro (Canarias) 119 migrantes en un cayuco, procedentes de Gambia, Guinea, Costa de Marfil, Guinea Bissau, Senegal y Malí. Entre ellos viajaban siete mujeres y cinco menores. Un juez ya ha iniciado el proceso para la expulsión de 85 de ellos.

Es hora de posicionarnos frente a la realidad de la migración y responder a la pregunta de si queremos consolidar la Europa fortaleza o la Europa humanitaria. Antes de hacerlo, tomemos en consideración los mensajes que León XIV repitió en España con la mirada puesta en la Unión Europea, porque una parte importante de la ciudadanía europea acepta las restricciones impuestas a las personas migrantes: “La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera», afirmó el papa. 

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