Araceli Caballero nos habla de un carro de combate distinto, uno que no es un arma de destrucción, sino de construcción masiva. Una interesante referencia para quienes buscamos alternativas al consumismo como motor de la sociedad y pensamos todavía que otro mundo es posible.

Si tecleo en cualquier buscador de internet «carro de combate», tendré ante mis ojos todo un catálogo de tanques y otros voluminosos y blindados cachivaches de matar que me horrorizan más que me interesan. Hablemos de otro «carro de combate» más relevante para la vida; uno que lleva como subtítulo «¡Consumir es un acto político!».
Chafaré el final: se refieren al carro de la compra. La primera frase que aparece en su página web es «Investigamos el impacto de lo que consumes». Y en eso llevan años –desde 2012- con empeño y solvencia. Son cuatro mujeres jóvenes y experimentadas –con algunas colaboraciones de calidad- que investigan el origen de los productos que consumimos, desde el convencimiento de que consumir es un acto político.
Es un acto político principalmente porque los productos no son inocuos; dejan un reguero de impactos socioambientales, económicos, laborales, etc. no por inadvertidos menos dañinos. «Nuestro propósito – explican – ha sido visibilizar esos impactos, trazando la cadena de impactos a lo largo de todo el ciclo de vida del producto: extracción, producción, transporte, distribución y desechos.»
Una de sus «municiones» más poderosa es el Anuario de consumo crítico, dedicado, como indica su subtítulo, a las «Claves del año sobre nuestra huella socioambiental».
En efecto, el sumario de la publicación es algo así como el panorama de los asuntos clave que afectan a nuestras vidas y a la del Planeta. Empezando por el dossier dedicado al sector de la energía a partir del apagón que dejó la Península a oscuras durante varias horas el pasado abril, fijándose en aspectos como la geopolítica de la energía, las polémicas en torno a la nuclear, o la carrera por conseguir minerales para la transición energética.
Ofrecen también artículos sobre la industria armamentística y del genocidio de Israel en Palestina, la crisis habitacional, las sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), también conocidas como los químicos eternos, las últimas investigaciones sobre el impacto de los plásticos sobre la salud, sin olvidar preguntas de la importancia de qué pasa con nuestros residuos, cómo el término regenerativo está siendo cooptado por las empresas, o cómo las empresas están declarando su huella de carbono.
Una vez al año no hace daño, pero es costumbre sana frecuencia más elevada, así que la pasada primavera pusieron en marcha un podcast de la más provechoso. Comenzaron con la moda basura, siguieron con el impacto socioambiental de los plásticos y con el de la inteligencia artificial, y en esa línea siguen.
Este periodismo independiente de investigación se financia sobre todo a través de mecenas interesados e interesadas en no consumir ni a tontas ni a locas, sino como seres humanos responsables. “Porque –explican-, si el consumo es un acto político, la primera batalla es la de la información”. Y el primer compromiso –añado yo-, informarse. Y este «carro» está lleno de excelentes recursos.
