“El clericalismo se sigue extendiendo en la Iglesia, como un si fuera una plaga de termitas, silenciosa y destructora”

Mujeres y Teología, que cumple ahora 40 años, es uno de los Premios Alandar de este año. Una de sus creadoras es Marifé Ramos, teóloga feminista con un currículo que muchos curas quisieran: es Doctora en Teología Dogmática y Fundamental, Licenciada en Ciencias Religiosas por la Universidad Católica de Lovaina y en Teología Pastoral por la Universidad Pontificia de Salamanca. Pertenece a la Revuelta de Mujeres en la Iglesia y ya en el año 2016 fue Premio Alandar por “su trayectoria como creyente y teóloga feminista y por su compromiso con las mujeres y su dignidad en la sociedad y en la Iglesia”. Su blog: https://mariferamos.com

-“Madre, doctora, teóloga, profesora, amiga y creyente”. Así te defines en el inicio de tu blog. Me parece que a esa definición le falta la de “abuela…”

Efectivamente. Ser abuela es uno de los rasgos más importantes que me caracterizan actualmente. Se me ha abierto otro horizonte. Hasta el punto de que prefiero decir “Dios es como una abuela”, que decir “Dios es como un padre”.

-¿Qué más define tu situación actual, en qué momento vital te encuentras?

Desde la pandemia de COVID, mi proceso vital está plagado de experiencias de fragilidad, oscuridad y vaciamiento. Evidentemente, se intercalan otras, pero la fragilidad física siempre está presente. He tenido que ir soltando actividades, compromiso y militancia. Actualmente me estoy resituando en la vida, con menos acción y más escucha y silencio. Estoy en búsqueda. 

-Quería reflexionar contigo sobre el momento actual que vivimos en la Iglesia en relación sobre todo a la mujer….

Creo que se está avanzando en algunos ámbitos, gracias a personas (sobre todo mujeres) y a colectivos que se dejan su piel en su compromiso diario. Pero este avance se sitúa dentro de un retroceso generalizado.

Es muy doloroso comprobar cómo se pierden espacios de participación en la Iglesia y en las iglesias, en los que antes las mujeres nos movíamos con soltura y corresponsabilidad. Un ejemplo, muy sencillo y cercano, son los consejos pastorales, que fueron motor de transformación eclesial en muchas parroquias. El clericalismo se sigue extendiendo en la Iglesia, como si fuera una plaga de termitas, silenciosa y destructora. Y grupos conservadores lo fomentan.

-Una reciente decisión vaticana prohíbe a las mujeres predicar, en respuesta a la propuesta de los laicos alemanes. Tú eres doctora en Teología Dogmática y Fundamental, das cursos y retiros sin parar, tienes un blog lleno de reflexiones cristianas profundas y llenas de belleza. Pero no estás autorizada a dirigirte al Pueblo de Dios en la Eucaristía…

En la parroquia de la Visitación, en Madrid, el 14 de marzo de 1982, se nos reconoció oficialmente desde el obispado, a un grupo de laicas y laicos, el ministerio de la Palabra y se nos autorizó a predicar en las Eucaristías. Y así lo hicimos, durante bastantes años. Estábamos muy comprometidos en esa comunidad parroquial. Nos turnábamos para predicar la homilía en todas las Eucaristías del fin de semana, siguiendo un calendario. En el grupo estaba el párroco, Carlos Fernández Ordóñez, auténtico profeta que supo reconocer la corresponsabilidad del laicado en el Pueblo de Dios. La iglesia estaba llena de gente y valoraban mucho el lenguaje asequible y claro.

Años después, cuando Carlos dejó de ser párroco (por motivos de salud, entre otros), con el siguiente párroco esta participación se vino abajo. He seguido predicando en otras parroquias, pero cada vez hay más reticencia y desconfianza.

Sin embargo, en los ejercicios Espirituales que he acompañado durante 30 años y en cursos de teología, he explicado el Evangelio en la homilía, con toda naturalidad.

-¿Cuál ha sido tu experiencia dentro de la Iglesia, te has sentido excluida?

Tendría que buscar muchas palabras para explicar cómo me he sentido durante tantos años. A veces excluida, casi rechazada. Otras veces, aceptada y valorada. Otras, observada. Las experiencias, muy distintas y numerosas, no se pueden resumir en pocas palabras.

Lamentablemente, no han sido los laicos y laicas, sino los sacerdotes, los que me han hecho sentir mal, como si la iglesia fuera su feudo y el laicado sirviéramos para mantener su estatus y colaborar económicamente, pero sin poder tomar la palabra, ni proponer cambios o mejoras, ni actuar como personas adultas y corresponsables. 

He sentido dolor cada vez que me topaba con un inmovilismo absurdo, cuando no se han podido incorporar nuevas acciones pastorales, a la vista de los resultados desastrosos de algunas pastorales en curso. 

-Con motivo de la entrega del Premio Alandar, hace 10 años, defendías la tarea de divulgar la teología, para que sea como “el pan tierno de cada día, frente al selecto caviar teológico que sólo llega a algunas mesas”.

Lo sigo defendiendo. La teología es apasionante, nos abre horizontes y nos libera de muchos lastres. Pero fue secuestrada por la dimensión académica. Felizmente, a través de las parábolas, la teología narrativa, la teología feminista y otras aportaciones, se está devolviendo al pueblo y a las comunidades cristianas lo que le corresponde.

-¿Qué ha aportado la teología feminista?

La teología feminista está aportando elementos muy valiosos. Por ejemplo: sospechar de aquellas afirmaciones y propuestas que han nacido en un contexto patriarcal. La frase: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” ¿se refiere a que no lo separe ningún hombre, porque se ha creado un vínculo indisoluble, aunque eso lleve a la mujer a la muerte por maltrato? ¿O se refiere a que lo que Dios ha unido no lo separe el capricho del varón, como ocurría habitualmente en tiempos de Jesús? La sospecha nos ayuda a situar los textos en su contexto.

La teología feminista nos invita a partir del dolor de las mujeres y hacer procesos para deconstruir lo recibido, confrontarlo con la realidad personal y social y reconstruir de nuevo. Nos ofrece otra metodología para transformar la realidad, recuerda la importancia del lenguaje y nos invita a rehacer la moral sexual, para que no siga culpabilizando a las mujeres. Pone el acento en crear redes, y nos recuerda que la teología no es un bloque monolítico e intocable.

-¿Tenemos las mujeres conciencia de esta desigualdad primordial en la Iglesia?

Creo que se perciben claramente tres grupos, en el modo de percibir y reaccionar ante esta desigualdad:

a) Una minoría muy concientizada, que trabaja para que se aminoren esas desigualdades. Como decimos en la Revuelta de Mujeres en la Iglesia: “hasta que la igualdad se haga costumbre”. Esa es la meta.

b) Una amplia mayoría de mujeres ni habla de desigualdad, ni la percibe. Viven en ella desde pequeñas, como si fuera su zona de confort.

c) Una minoría sostiene el clericalismo y la desigualdad, como si eso les beneficiara en algo. Me resulta incomprensible y dolorosa esta actitud, porque humilla a esas mujeres que la sostienen, convirtiéndolas en sirvientas gratuitas de quienes ostentan el poder.

-Has escrito cosas tan duras como que “el clericalismo huele a muerto”. ¿Cómo se combate el clericalismo?

En primer lugar, hay que estar atentos y atentas, para no sostenerlo. Del mismo modo que se ha descubierto la multitud de micromachismos que tenemos en la sociedad, hay que prestar mucha atención a los microclericalismos en la Iglesia. Son muy peligrosos, porque no se ven a simple vista, pero fomentan las divisiones, la desigualdad, los escalafones, la sumisión, el secretismo, etc.

Es muy importante seguir fomentando las redes de mujeres, en las que ellas, partiendo de sus propias experiencias vitales, vayan tomando conciencia de las situaciones que han vivido y expresen cómo quieren vivir, en la Iglesia y en la sociedad. Creo que esta toma de conciencia es un buen motor para el cambio y ha generado experiencias increíbles de liberación.

-Hay mujeres católicas que hablan de abandonar las instituciones. Otras, abogan por estar presentes en todos los lugares en que se pueda. ¿Qué estrategia de presencia has practicado y practicas?

Durante muchos años he estado presente en ámbitos muy diversos: teología, enseñanza religiosa, espiritualidad, pertenencia a diferentes colectivos, denuncias y manifestaciones, etc. 

Ahora, con más edad y menos fuerza física, me considero nómada espiritual y prefiero dedicar más fuerza a construir oasis, que a intentar derribar los andamios que sostienen cierto tipo de Iglesia.

-Fuiste una de las creadoras de una iniciativa que ha sido importante para la Revuelta, que es Mujeres y Teología, que surgió en noviembre de 1986. ¿Cuál ha sido su aportación en estos cuarenta años ya…?

Mujeres y Teología ha sido una semilla de cambio en el ámbito de la teología, una referencia para las mujeres que buscaban algo nuevo, diferente, que hace cuarenta años no existía. Ha sido, y es, un ámbito de escucha respetuosa, una red de apoyo para estudiar teología y para participar activamente en actividades eclesiales y sociales. Hemos creado vínculos con mujeres de Europa y América Latina; hemos conocido y divulgado la teología feminista… Y todo ello con un compromiso social y plural muy fuerte.

-Sé que vives en un cohousing o vivienda colaborativa…

Desde hace casi 6 años estoy en Trabensol. Somos unas 80 personas que hemos optado por tener un envejecimiento muy activo y solidario. Somos cooperativa, nos autogestionamos y participamos en las decisiones que se toman. Mantenemos la independencia y la libertad, porque vivimos en apartamentos, pero cuidamos mucho la ayuda mutua. Esos eran valores que se vivían en los beguinatos de los siglos XII y XIII.

Ojalá se sigan multiplicando las viviendas colaborativas, porque permiten vivir los últimos años con creatividad, y tejiendo redes que nos sostienen en la etapa más frágil de la vida. Junto a una experiencia de libertad irrenunciable, ahondamos en la dimensión comunitaria y el compromiso social. Las viviendas colaborativas son lugares muy apropiados para vivir estos valores. Para quien tenga espíritu cooperativo, el cohousing es un espacio que merece la pena conocer. Lo recomiendo vivamente.

¿Cuál es hoy tu confesión de fe?

Creo que la Buena Noticia que trajo Jesús saca lo mejor de cada ser humano; y que hay muchísimo más bien que mal en el mundo, aunque el mal haga más ruido. Creo que, junto a las grandes decisiones políticas, a favor de la justicia, necesitamos cuidar -como algo sagrado- el metro cuadrado en el que vivimos. Creo en la fuerza inagotable de las redes de mujeres, para seguir humanizando el mundo. Finalmente, creo que, a pesar del miedo que quieren inculcarnos ciertas personas y grupos, ALGO NUEVO ESTÁ NACIENDO CONTINUAMENTE. Son brotes de Pascua.

Autoría

  • Lala Franco

    Alandar me permite hacer una de las cosas que mas me gustan como periodista: entrevistar a esas personas que son la sal de la tierra porque van cambiando el mundo con su trabajo, su reflexión y su denuncia.  Además, es un espacio para la libertad y la creatividad dentro de la Iglesia, muy necesitada de ambas. Y me da pistas para vivir de un modo más solidario y menos consumista y para seguir alimentando el núcleo espiritual que nos vincula, desde lo profundo, con el mundo, con los otros y con Dios.  Por lo demás, ahora soy una periodista jubilada de TVE que se mete en muchos líos. En la Revuelta de mujeres en la Iglesia, por ejemplo. Y que está agradecida a dos espacios eclesiales: la JEC (Juventud Estudiante Católica, que me albergó de joven, y Profesionales Cristianos (PX), mi actual comunidad de referencia. Soy murciana y, además de mi tierra de origen, amo Madrid, donde vivo;  pero también la Montaña Oriental Leonesa y Asturias, donde paso buena parte de mi tiempo. La vida, pues, no cesa de abrirme a  paisajes y horizontes nuevos, en todos los sentidos. Y yo trato dejarme sorprender por la riqueza y la novedad que nos rodea y los mensajes de cambio que sugiere. 

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