La vivienda puede ser uno de los sectores económicos que aún en tiempos de crisis mantiene una tendencia creciente. Como se puede observar en el gráfico 1, el precio de la vivienda en alquiler y en venta ha tenido un crecimiento constante durante los últimos 5 años en España y en los 28 países de la Unión Europea, con algunas excepciones. En este contexto, surge en Madrid la primera cooperativa ecosocial de vivienda en derecho de uso: Entrepatios.

Alquiler, índice mensual (2015=100)
Fuente: Elaboración propia usando datos de Eurostat.
Venta, índice trimestral (2015=100)
Fuente: Elaboración propia usando datos de Eurostat.

Entrepatios propone otra manera de vivir en la ciudad en el que la ecología, la codependencia y la persona sean los protagonistas. Así, responde a problemas actuales como el medioambiente, el individualismo perverso, el hiperconsumismo y la especulación inmobiliaria. A través de un modelo intermedio entre la propiedad y el alquiler llamado derecho o cesión de uso, Entrepatios antepone lo común a lo individual. Bajo esta modalidad, la cooperativa mantiene la propiedad de la vivienda, no se disuelve al terminar la construcción, sino que existe mientras dure el edificio[1].

Por su parte, la persona socia disfruta de la vivienda durante un tiempo indefinido, participa en la toma de decisiones sobre su gestión y diseño a través de asambleas, pero no llega a adquirir la vivienda en propiedad. En la actualidad, Entrepatios tiene tres promociones en cesión de uso: Las Carolinas (Usera) constituida por 17 viviendas y 52 personas, Villa de Vallecas (Vallecas) con 10 viviendas y 29 personas, y una tercera en búsqueda de lugar donde asentarse. En todas ellas, el affectio societatis, la voluntad común de asociarse entre varias personas, ha hecho que una comunidad de propietarios se convierta en una comunidad de vecinos.

Interdependencia y ecodependencia

Sin embargo, Entrepatios va más allá que el acceso a una vivienda digna. Propone otra manera de vivir partiendo de la idea de que somos seres interdependientes y ecodependientes en cuanto a que necesitamos del cuidado de otros y de nuestro entorno para sobrevivir. “La noción de habitar para Entrepatios se define como una relación de mutua interdependencia entre la casa, las personas que la habitan, las que viven en el barrio y el entorno. Este entorno se entiende desde una perspectiva ecosocial, es decir, que tiene en cuenta la sostenibilidad ambiental, pero también los aspectos económicos, sociales y culturales.”[2]

En ese sentido, uno de los pilares de Entrepatios es el ecologismo. Los miembros de la cooperativa apuestan por una arquitectura y una forma de vivir comprometida con la mitigación del cambio climático. Esto se plasma, por ejemplo, en los materiales que utilizan en la construcción de los edificios como la madera, la edificación de un sistema que recoge la lluvia y recicla el agua y el uso de energía 100% renovable (paneles fotovoltaicos, cocinas solares). Finalmente, en cuanto a lo económico, Entrepatios se rige por los principios de la economía social, parte del proyecto se nutre de fondos provenientes de la banca ética, así como de préstamos y donaciones de quienes buscan impulsar un nuevo modelo de vivienda.

Esta nueva manera de habitar se conoce como cohousing (covivienda), nació en Dinamarca a finales de los años 60s con el proyecto Sættedammen constituido por 35 familias y, posteriormente, se extendió a otros países como Uruguay (Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua). Cabe señalar, que el cooperativismo, como mencionamos, fue formulado a principios del siglo XIX por pensadores como Robert Owen, entre otros, con el fin de contrarrestar la injusticia económica y social de la Revolución Industrial. Sin embargo, a diferencia de las cooperativas de entonces, las actuales apuestan no solo por la justicia social sino también por la solución del problema climático, económico y, sobre todo, por el valor del cuidado.

¿Qué aprendemos de la experiencia de Entrepatios?

  • Se puede vivir de otra manera. El ejemplo de Entrepatios en Madrid, La Borda en Barcelona y muchos otros, nos demuestran que organizándonos colectivamente podemos construir modelos de vida que parecen imposibles en el sistema actual. Entonces, todos necesitamos de todos, como bien indica el Papa Francisco “a problemas sociales se responde con redes comunitarias, no con la mera suma de bienes individuales (…)” (Laudato Si, p.156).
  • Nuestras decisiones no dan igual. Nuestras opciones por más básicas que sean (como el color exterior de nuestras viviendas o la orientación de las mismas) tienen repercusiones para otras personas, para el barrio que compartimos e, indudablemente, para el planeta.
  • Pensar a una escala mayor, como dicen los miembros de Entrepatios, “esta cooperativa de vivienda podría ser un intento de metáfora de algo más grande, de otra forma de organizarse que quizás podría ser. Una metáfora que quizás podría dar pistas de otra forma de montar el mundo”[3].

A manera de conclusión, tal vez si aprendemos el valor de lo intangible, no sólo lo consumible como fuente de alegría, y si aprendemos a relacionarnos entre nosotros y con el propio lugar donde vivimos, podremos romper el círculo vicioso del hiperconsumismo y del individualismo. Solo así podremos lograr la feliz sobriedad, seremos más libres y estaremos más disponibles para cuidarnos (Laudato Si).


[1] Esta idea del cooperativismo tiene antecedentes importantes, el más conocido proviene de Robert Owen (1771-1858) que fundó en 1825 en EE. UU. y en 1839 en Inglaterra cooperativas de vivienda y de trabajo, en su intento de establecer una nueva sociedad, basada en el ideal cooperativo.

[2] www.entrepatios.org

[3] Idem.