Esclavitudes

Kiran Kamal, exjesuita, trabaja por la liberación de las personas esclavizadas en India. En 2012, en Colombia se recordó el genocidio de la Casa Arana. La codicia de una empresa con sedes en Nueva York y Londres llevó, en medio de la fiebre del caucho, a la muerte de decenas de miles de indígenas esclavizados. Eran tiempos de teatro en Manaos, hoy decadente. Allí cuentan que un kilo de caucho llegó a ser valorado al mismo nivel que su equivalente en oro.

La historia se repite. Siglos antes, la democracia griega se desarrolló sobre las espaldas de sus esclavos y esclavas. Hoy mueren en las fábricas de Bangladesh. En todo lugar, en toda época, se han producido prácticas que reforzaban el poder de unas pocas personas a costa de la dignidad de muchas otras.

De la misma forma, ha sido constante la rebeldía, la inspiración de tanta gente que no ha caído en la indolencia, ante la negación de la dignidad de miles de seres humanos. Entre estas personas se encuentran los abolicionistas, mujeres y hombres que lucharon por el fin de la esclavitud, negación absoluta de la dignidad humana.

Encontraron la oposición de aquellos que se beneficiaban de ella. Muchas de las fortunas amasadas gracias al trabajo esclavo llegan hasta hoy. Desigualdad presente causada por injusticias pasadas. No hay que ir muy lejos para encontrar ejemplos, desde el primer marqués de Comillas y su relación con el esclavismo a los enriquecidos por el despojo franquista.

Hoy, en tiempos de precariado, en los que -a pesar del progreso tecnológico- las vidas de millones de personas en todo el mundo están marcadas por decisiones ajenas, es importante continuar las luchas en favor de la dignidad.

La exigencia de derechos como la educación, la alimentación y la vivienda, en una cada vez más desigual y pobre Europa, debería converger con los esfuerzos encaminados a la construcción de un mundo en el que no haya menores trabajando en las minas bolivianas o empuñando armas en la selva colombiana ni trabajadores explotados en las plantaciones de azúcar dominicanas. Debemos indignarnos ante la precariedad alienante que afecta todos los ámbitos de la vida, ante la desigualdad dentro de las sociedades “ricas”, ante la timorata actitud de tantas personas en esos contextos. No hay causa justa que sea ajena.

Esclavitud de hoy

El 2 de diciembre se celebra el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud, centrado en la erradicación de las diferentes formas de esclavitud moderna. En estos días existen más de 20 millones de personas esclavizadas. Un grito ensordecedor en medio de un silencio cómplice.

Desde la producción de algodón en Uzbekistán, a la producción de carbón en Brasil, pasando por la esclavitud por descendencia en Níger y Mauritania; el trabajo esclavo se extiende a lo largo del mundo.

Millones de personas no son libres para decidir su destino. Según un reciente informe, en Europa existen 880.000 esclavas y esclavos modernos, buena parte de los cuales han sido víctimas de tráfico de personas. Explotación sexual como síntoma del capitalismo neoliberal.

De izquierda a derecha: Goppad, Ganesh y Obalash que fueron esclavos y hoy están liberados.

El caso de la India

India ocupa un papel destacado en las cifras de esclavitud moderna. De acuerdo con Antislavery International, concentra más de la mitad de las personas que sufren esclavitud. La mayoría de ellas son dalits, los antaño conocidos como “intocables”. Son también la mayoría de la población que vive en los slums (suburbios).

Sin embargo, el cambio es posible. Kiran Kamal, antropólogo y exjesuita nacido en Goa, llegó hace treinta años al estado indio de Karnataka. Inspirado por Paula Freire, comenzó a trabajar con dalits y, desde 1990, a luchar por la liberación de las personas esclavizadas, incluso por generaciones, mediante la exigencia del pago de una deuda. Solo en el estado de Karnataka podría afectar a medio millón de personas.

Con el objetivo de erradicar esta práctica abolida por una ley de 1976, creó Jeevika (Vida libre de servidumbre) en 1993. En estos años han extendido su actividad a buena parte del estado. Gracias a la coordinación de personas liberadas y comunidades afectadas por el trabajo esclavo, han conseguido liberar a cientos de personas.

Una de ellas, Obalash, tiene hoy 25 años. Nació en una aldea de Karnataka, a los siete años llegó a la casa de una familia rica, donde trabajaba 16 horas al día. Hasta que con 15 años, gracias al trabajo de Jeevika, fue liberado. Con 15 años pudo ir por primera vez a clase. Hoy cursa estudios tecnológicos superiores, tras terminar con éxito la secundaria.

Kiran Kamal sueña con un mundo poblado por personas “viviendo en libertad, igualdad y fraternidad”. Los sueños pueden transformar el mundo.

El subcomandante Marcos recordó que “el gran poder mundial no ha encontrado aún la fórmula para destruir los sueños. Mientras no la encuentre, seguiremos soñando. Es decir, seguiremos triunfando”. Defendamos nuestros sueños. El futuro es nuestro.

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