Cristiano se va

magdi.jpgEnfurecido y decepcionado. Como lo leen. Después de apenas cinco años entre nosotros. Lo ha escrito hoy mismo de su puño y letra en un periódico italiano, Il Giornale, desahogándose hasta el fondo. Pero no se me alarmen, que no hablo del superhéroe madridista del balón ni es el Real Madrid –donde nunca ha estado- lo que este Cristiano abandona. Tampoco es culpa, por una vez, de Mourinho, sino -¡ahí es nada!- del papa Francisco.

Se trata de Magdi Cristiano Allam, el periodista italiano de origen egipcio al que Benedicto XVI bautizó a bombo y platillo en la vigilia pascual de 2008 . Y lo que ahora deja, también con estruendo, es, naturalmente, la iglesia católica. Si es que en algún momento estuvo de verdad en ella.

El ya exconverso, notorio polemista antimusulmán, deplora la «papolatría» y la «euforia» que rodean el comienzo del pontificado de Francisco y el «relativismo religioso» que la iglesia muestra frente al islam (el otro, el moral, le gusta: está en contra, por ejemplo, del celibato sacerdotal, de la abstinencia sexual o de la indisolubilidad del matrimonio). En consecuencia, considera que «mi conversión al catolicismo por la mano de Benedicto XVI en la noche de la vigilia pascual del 22 de marzo de 2008, ha acabado al mismo tiempo que su pontificado«.

Aunque ha vivido «cinco años de pasión», la decepción venía fraguándose hacía tiempo. Al parecer, lo que esperaba encontrar este hombre al «enrolarse» en las filas católicas era algo así como un ejército de cruzados que borrara todo rastro islámico de la faz de la tierra. Y se encontró con una iglesia que «legitima al islam como religión verdadera, a Alá como Dios verdadero, a Mahoma como profeta verdadero, al Corán como texto sagrado y a las mezquita como lugares de culto». El papa Francisco ha colmado el vaso estos días afirmando que los musulmanes «adoran al Dios único, vivo y misericordioso» .

No lo lamenten, que Cristiano afirma pese a todo que sigue creyendo en Jesús, «al que siempre he amado». Menos mal. Eso sí, esperemos que el resto de conversos que vienen alborozados al seno de esta santa madre iglesia nuestra estén mejor preparados. Porque a nadie le gusta decepcionar al prójimo.

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