Entrevista: Juan Cuatrecasas, presidente de Infancia Robada, asociación de víctimas de abusos sexuales en la Iglesia

Odia el término “padre coraje” y asegura que no es un héroe. “He hecho lo que cualquier padre haría: luchar por sacar a su hijo adelante”. Juan Cuatrecasas es presidente de Infancia Robada, la primera asociación de víctimas de abusos sexuales a menores dentro de la Iglesia Católica que consigue salir del anonimato y que acaba de obtener un Premio Alandar por su labor.

por Juan Ignacio Cortés

Cuatrecasas llegó al activismo, como tantas víctimas de abusos, debido a un trágico giro de la vida. Su hijo sufrió abusos en el prestigioso Colegio Gaztelueta de Leio (Vizcaya), propiedad del Opus Dei, a manos de su profesor de religión y tutor. Los hechos tuvieron lugar entre 2008 y 2010 y la familia los denunció en 2011. Entre esa fecha y octubre de 2018, cuando José María Martínez fue condenado por la Audiencia Provincial de Vizcaya a 11 años de cárcel por un delito continuado de abusos sexuales, pasaron siete largos años. Aun hoy la odisea judicial de la familia Cuatrecasas no ha terminado, pues la sentencia está recurrida ante el Supremo.

Medio año después de que el abusador de tu hijo fuese condenado a 11 años de prisión, ¿cómo está tu hijo y cómo estáis en la familia?

Mi hijo ha suavizado algunas de las secuelas del shock postraumático que sufre a raíz de los abusos, pero sigue experimentando muchas dificultades a la hora de socializar. Le han robado una parte muy importante de su vida que, por desgracia, no es recuperable. Nosotros tuvimos que emigrar. Yo sufrí amenazas y mi mujer y mi hijo estaban metidos en casa como dos momias. Nos fuimos de Bilbao con una mano delante y otra detrás a empezar de cero en La Rioja. Cuando denuncias casos de abusos sexuales a menores la vida se complica mucho. Espero que esto cambie con el tiempo. La Iglesia se tiene que dar cuenta de que los enemigos no somos los que denunciamos.

Habéis tenido que esperar ocho años hasta finalmente obtener algo de justicia. Imagino que se os han hecho larguísimos.

Largos y duros. Primero, tienes que luchar por sacar a flote a tu hijo. Pero luego tienes que luchar contra estructuras de poder como el Opus Dei y la Iglesia Católica. Nuestra pelea, además, no ha terminado. Nunca sabes cuándo van a terminar las secuelas de los abusos. Las víctimas viven los abusos como si hubiesen pasado ayer. Esto no se supera. Se aprende a vivir con ello.

Vuestro caso ilustra mucho el calvario por el que pasan muchas víctimas. Ni el colegio ni la Fiscalía de Menores ni la Iglesia os hacen mucho caso. Solo después de que El Mundo publique la historia el poder judicial se pone a investigar.

La primera vez que acudimos a la prensa no fue por iniciativa propia, sino porque alguien filtró lo que estaba pasando. La sentencia del caso reconoce que fuimos a la prensa porque en ese momento era uno de los pocos recursos que nos quedaban para defendernos. Estábamos al límite. Se nos ha criticado porque eso suponía estigmatizar a nuestro hijo, pero yo sabía que si esto no trascendía nos iban a enterrar.

Habéis debido de sentiros muy solos a lo largo de todos esos años. Y eso es precisamente lo que denunciabais cuando hicisteis pública la formación de Infancia Robada en enero, que las víctimas siguen estando solas.

Seguimos estando solas, pero cuando te encuentras con gente en el seno de una asociación la cosa cambia. Las víctimas se dan cuenta de que no están solas, de que lo que les ha pasado a ellos les ha pasado a más gente. A mi hijo, esto le ha sentado muy bien.

Sois la primera asociación de víctimas que logra ser conocida. Creo que esto tiene mucho que ver con el hecho de que por fin este problema está saliendo a la superficie gracias sobre todo al coraje de las víctimas y a un interés de los medios que hasta hace poco era inexistente.

Si no hubiese sido por la presión de las víctimas y el papel de algunos medios de comunicación, la Iglesia no se hubiese movido. Eso es algo de lo que los miembros de Infancia Robada estamos orgullosos. De haber sido, junto con otras víctimas, pioneros en visibilizar este problema. Creo que estamos consiguiendo borrar la imagen de que los abusos son casos puntuales. Está claro cada vez más que son muy numerosos. Espero que tanto la Iglesia como el Estado articulen medidas de protección y acompañamiento a las víctimas y que los plazos de prescripción de estos delitos se amplíen.

¿Cómo fue la formación de Infancia Robada y quiénes formáis parte de ella?

Infancia Robada se formó porque mi mujer y Leticia, una de nuestras abogadas, insistieron. Se empezó a fraguar en 2018. En cuanto nos dimos a conocer arreciaron las llamadas y los mensajes en Facebook. Nos hemos dedicados sobre todo a escuchar a la gente que nos llama, a orientarla en lo que podemos y, fundamentalmente, al activismo. Intentamos dar toda la atención que podemos por teléfono o en persona, aunque tenemos muchas limitaciones. Las víctimas no nos llaman para pedirnos terapia. Nos llaman, sobre todo, porque necesitan contarlo. Somos como un teléfono de la esperanza.

Lleváis seis meses de actividad. ¿Cómo han sido?

No hemos parado. Ha sido muy cansado, pero también muy satisfactorio. Ha sido un ejercicio de visibilización del problema muy importante. No representamos a todas las víctimas, por supuesto, pero estamos orgullosos de estar ahí, intentando conseguir progresos en este campo.

Uno de los momentos clave fue cuando tú y Javier de La Bañeza fuisteis recibidos por el presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez.

Fue una reunión muy peculiar. Nos invitó a comer y no sé si una comida es el marco más adecuado para hablar de estos temas. No sacamos nada en limpio, aparte de buenas palabras. Entregamos un documento con medidas concretas a implementar. Blázquez hizo acuse de recibo, pero no se comprometió a nada. Y después de la reunión no hemos tenido noticias de él o de la Conferencia.

Más allá del encuentro, ¿cómo valoráis la actitud de la Iglesia española hacia el tema de los abusos cometidos en su seno y, en concreto, hacia las víctimas?

A grandes rasgos, la Iglesia Católica en España sigue siendo mentirosa, tramposa e injuriosa. Hay tres cosas que la Iglesia debe hacer: denunciar a sus pederastas, calibrar correctamente quiénes son sus auténticos enemigos y cambiar su comunicación. No puede hablar de pecado y perdón. La Iglesia tiene que comunicar de una forma más empática y humana. En España, estamos muy por detrás de otros países, porque la Iglesia sigue en manos de personas indeseables para la fe católica que se dedican a revictimizar a las víctimas. El Opus no ha sido capaz de condenar a la persona que abusó de mi hijo ni siquiera después de la sentencia. Miguel Ángel Hurtado ha visto cómo la Abadía de Montserrat publicaba un libro de homenaje a su abusador después de haberle denunciado… Esto hay que corregirlo.

En octubre de 2018 los obispos anunciaron la creación de una comisión para revisar los protocolos de actuación ante denuncias de abusos sexuales a menores. No se sabe nada de su marcha. ¿Esperáis algo de esta comisión?

Es una comisión viciada desde el minuto uno, porque no hay profesionales independientes ni víctimas y porque parte de las personas que forman parte de esa comisión tienen un pasado cuanto menos de dudosa credibilidad en el tema de los abusos. Estoy pensando en Silverio Nieto y gente que ha encubierto abusos en su diócesis.

2019 ha sido muy intenso en acontecimientos relacionados con el tema de la pederastia en la Iglesia, con la cumbre de febrero en el Vaticano y el motu proprio del papa Francisco Vosotros sois la luz del mundo, ¿qué valoración os merecen estos hechos?

Yo empecé valorando positivamente la convocatoria de la cumbre como una oportunidad, no que la Iglesia daba a las víctimas, sino que las víctimas dábamos a la Iglesia para que hiciera sus deberes. El resultado fue decepcionante. Salimos de allí como habíamos llegado: pidiendo hechos. Con el motu proprio pasa un poco lo mismo. No es perfecto, pero que creo va bien encaminado. Ahora hace falta que eso se despliegue. No sirve de nada que el Papa haga un motu proprio y la Iglesia española se lo salte a la torera y siga mostrando una actitud ofensiva hacia las víctimas y hacia el propio Papa.

¿La Iglesia Española se está saltando el motu proprio a la torera?

No hemos visto que hayan hecho nada. Una de las cosas más importantes de la que habla el documento es la creación de una oficina de atención a las víctimas. Yo no tengo constancia de que se estén dando pasos para crearla.

No sé cómo ves la figura del papa Francisco en medio de este torbellino.

Hablo a título personal, porque dentro de la asociación hay diversas sensibilidades. Yo tengo fe en él. Creo que le va a costar mucho trabajo poner a la Iglesia al día, pero que realmente tiene voluntad de hacerlo. Ahora, en su entorno hay gente de la que la Iglesia Católica debería prescindir.

¿Tienes esperanza en que esta crisis se saldará con una Iglesia diferente, que garantice verdad, justicia y reparación a las víctimas de abusos sexuales?

El tema de la pederastia va a evolucionar a medida que poderes públicos, Iglesia y sociedad nos movamos. Tenemos que seguir trabajando, denunciando y presionando. Los cambios solo van a llegar si la gente que queremos que la Iglesia cambie seguimos presionando. ¿Lo conseguiremos? Depende de la intensidad de la presión.

¿Cómo os ha sentado el Premio Alandar?

Nos ha hecho mucha ilusión. En 2011 no se hablaba de abusos a menores en la Iglesia. Ni esta ni los poderes públicos te escuchaban. Hemos ganado terreno. Queda mucho por hacer, pero todo lo que hemos hecho ha servido para algo. Que te lo reconozcan con un premio es una satisfacción.