El patriarca Bartolomé de Constantinopla, cabeza de la Iglesia ortodoxa griega, no está teniendo un buen año. Primero, fue el éxito del encuentro de febrero en Cuba del papa Francisco con su temido rival en la lucha por la supremacía de la ortodoxia, el patriarca Cirilo de Moscú. Luego, el fracaso en junio del anunciado gran concilio panortodoxo en Creta, esperado desde hace más de un milenio, en el que finalmente sólo participaron diez de las catorce Iglesias autocéfalas, tras el boicot auspiciado en el último momento por el mismo Cirilo. Y, ahora, desde comienzos de septiembre, planea sobre él la acusación de complicidad en el golpe de Estado que sufrió Turquía el 15 de julio.
Y, en este caso, quien dice Bartolomé, dice los cristianos. No es un secreto que el presidente turco Erdogan está aprovechando el intento de toma del poder para hacer purgas en el ejército, en la administración y en la judicatura, perseguir opositores y oprimir aún más a las minorías religiosas que no rinden pleitesía al islamismo oficial. Tampoco lo es que los cristianos ortodoxos están en el punto de mira gubernamental desde hace tiempo: cierre de monasterios, expropiación de terrenos, desafección de iglesias, restricciones crecientes para las celebraciones litúrgicas navideñas, pascuales, etc.
[quote_center]No es un secreto que Erdogan está aprovechando el intento de toma del poder para oprimir aún más a las minorías religiosas [/quote_center]
En realidad, la presencia ortodoxa en Turquía es meramente simbólica: apenas llega a 9.000 seguidores en todo el país y gran parte de ellos son religiosos y religiosas. Pero ni a Erdogan ni a su partido islamista les gusta que Estambul siga siendo la sede principal –le guste o no a Moscú- de una confesión que agrupa a más de 300 millones de fieles repartidos por todo el mundo. Y mucho menos que sigan refiriéndose a ella como Constantinopla. No es de extrañar, por eso, que hayan visto una oportunidad de justificar, sobre todo de cara al mundo exterior, la expulsión o, incluso, el posible encarcelamiento del patriarca constantinopolitano. O, al menos, de hacer crecer la animadversión de la población turca hacia estos cristianos considerados griegos y, por tanto, extranjeros, aunque algunos de ellos lleven siglos y siglos asentados allí.

La acusación, de momento, no es oficial y se basa en elucubraciones bastante peregrinas que no tienen mucho viso de prosperar, pero que pueden calar en el ambiente de desconfianza que existe actualmente en el país. Cual bizantino globo sonda permitido por la férrea censura previa oficial, la liebre la soltó el diario estambulita Aksam, próximo al gobierno, citando fuentes anónimas responsables de la investigación sobre el golpe de Estado. Según el periódico, Bartolomé habría actuado en connivencia con la CIA y el movimiento Hizmet de Fethullah Gülen, el clérigo islámico exiliado en Estados Unidos, gran enemigo de Erdogan y acusado oficialmente de instigar el levantamiento. Como prueba de ello, publicó varias fotos ¡de 1990! en las que el hoy patriarca, que entonces no lo era, aparece en compañía de Gülen. Al parecer, Bartolomé habría llegado a un acuerdo con el clérigo islámico a cambio de la devolución de las expropiaciones llevadas a cabo por el gobierno, una mayor libertad de culto y un “trato preferencial” para la Iglesia ortodoxa en Turquía.
La connivencia del patriarca quedaría demostrada por su salida del país apenas dos horas antes del comienzo del golpe y del cierre del espacio aéreo, en uno de los últimos vuelos que despegaron de Estambul, lo cual probaría que estaba al tanto de lo que iba a ocurrir. Bartolomé se dirigió a Eslovenia, donde tenía previsto pasar unos días de vacaciones anunciadas desde el mes de mayo.
Aksam citaba, además, un artículo atribuido a un exembajador de Estados Unidos en Yemen, Arthur Hugues, publicado a mediados de agosto en la web especializada en Oriente Próximo www.orientalreview.org. Pero resultó que el artículo era falso y, para entonces, el diplomático ya había desmentido su autoría y conseguido su retirada de internet.
Por supuesto, el patriarcado ha rechazado todas estas acusaciones y ha denunciado la campaña en contra de Bartolomé y la Iglesia ortodoxa, aunque de esto no se ha hecho eco la prensa islamista. Aun así, el diario, seguido por otros medios de comunicación, ha continuado ahondando en la posible conexión de la comunidad cristiana con el intento de golpe y publicando supuestos indicios en apoyo de esta teoría, siempre citando a “fuentes próximas a la investigación”. Entre ellos, la imagen de Gülen con Juan Pablo II en 1998, en el marco de un encuentro que tuvo lugar en el Vaticano sobre diálogo interreligioso, uno de los objetivos que Hizmet promueve desde hace décadas.
[quote_center]El gobierno no puede purgar directamente a los cristianos pero sí aumentar la presión sobre ellos de muchas maneras[/quote_center]
Aunque parece evidente que no existe ningún tipo de prueba concreta que respalde la acusación, se trata, a juicio de una campaña con un doble objetivo: reforzar en la opinión pública la idea de que existen estrechos lazos entre el presunto instigador del levantamiento y la jerarquía cristiana turca y crear el caldo de cultivo para un posible establecimiento de medidas contra la comunidad cristiana por su “responsabilidad” en el intento de golpe. A día de hoy, el gobierno no puede purgar directamente a los cristianos como ha hecho con los docentes, los jueces o los militares, entre otros. Pero sí aumentar la presión sobre ellos de muchas y distintas maneras. Habrá que seguir prestando atención.
