Nos encontramos aquí, con los pies en la tierra, mirando el horizonte y dispuestos a emprender una larga caminata. Un camino que será largo, en dirección al Reino de Dios, a otro mundo mejor posible, a ser mejores personas. Bueno, por lo menos a intentar pasar por este mundo haciendo el bien y procurando no hacer mal a nadie, que no es poco, pues ya vamos sabiendo que con nuestro estilo de vida estamos contribuyendo al dolor del mundo. No es maldad sino ignorancia: con la manera como nos alimentamos, la ropa que vestimos, el uso de productos con los que mantenemos limpios nuestros cuerpos, ropa y casas, la energía que consumimos, el dinero que manejamos, la contaminación que conlleva la manera en que nos movemos y nos calentamos (o nos refrigeramos)… Todo eso, ya lo vamos sabiendo, participa de un sistema de producción y consumo que está haciendo daño a muchas personas y a otras criaturas. Y también vamos sabiendo que es posible vivir de otra manera, más consciente de las repercusiones de nuestro comportamiento, procurando no solo no participar de ese sistema desquiciante sino vivir de tal forma que estemos contribuyendo a que las cosas puedan ser de otra manera. En fin, aquí estamos, con nuestro buen corazón y nuestras buenas intenciones, dispuestos a emprender esta caminata.
Como dice la sabiduría popular, toda larga travesía comienza con un primer paso. Pero cuando tenemos delante tantos posibles pasos a dar, ¿por dónde empezar? He aquí un consejo que puede ser útil: comencemos por lo más fácil. En primer lugar, desde el punto de vista práctico: aquello que sabemos que vamos a conseguir y que, por tanto, nos estimulará a seguir dando luego otros pasos. Si nos proponemos algo difícil y no somos capaces de llevarlo a la práctica, es más probable que nos desanimemos. Y también desde el punto de vista de nuestra motivación: empecemos por aquello para lo que nos sintamos más motivados. De esta manera nos costará menos y disfrutaremos más.
[quote_right]¿Por dónde empezar? He aquí un consejo que puede ser útil: comencemos por lo más fácil[/quote_right]
Evidentemente, todo paso supone un cambio: de una postura corporal a otra, de un lugar físico a otro. ¡No podemos pretender cambiar (el mundo, nuestro entorno, la Iglesia, a nosotros mismos) sin cambiar! Y cambiar significa salir de nuestra zona de confort, del ritmo de vida que nos hemos montado, de los hábitos que nos acompañan, de la manera en la que distribuimos nuestro tiempo. Normalmente tenemos todo el tiempo ocupado y no vemos fácil introducir cambios. La gran dificultad para muchas personas es que “no tengo tiempo”. Y es verdad. Hemos caído en la trampa de organizar nuestra vida sin márgenes. O eso creemos, porque cuando llega un imprevisto prioritario, nos damos cuenta de que todo lo demás es relativo. En cualquier caso, nos hemos organizado la vida de forma que vamos “a tiro fijo”. ¿No tenemos tiempo, por ejemplo, de leer las etiquetas de las cosas que compramos y sí tenemos tiempo, por ejemplo, de ver la televisión? En realidad, para lo que nos importa, para lo que nos motiva, siempre acabamos encontrando tiempo. Se trata de aprender a organizarnos de otra manera, sobre todo más sencilla. Aprender a simplificar nuestra vida, a saber priorizar lo importante, a decir no a lo superfluo, a equilibrar todas las dimensiones de la vida de forma consciente.
Nos preocupa cómo están las cosas, queremos que sean de otra manera, pero nos cuesta cambiar nuestra forma de vida. Empecemos por lo más fácil, sabiendo que ése será tan solo un primer paso y que después vendrá otro y otro y otro…
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