Son historiadores y cinéfagos (se han tragado todas las películas de la historia del cine –o casi–). Saben mucho y les gusta compartir lo que saben, así que se han marcado un libro de 700 páginas (fotos, índices y DVD aparte) titulado ‘La Codorniz, de la revista al cine y viceversa’. Como su nombre indica, estamos hablando de un completo relato de las relaciones entre los creadores de la mítica publicación humorística y el noveno arte. Los protagonistas de nuestra entrevista hablan mucho y muy deprisa, así que esta es una versión ultra-resumida de lo que hablamos, entre carcajada y carcajada, en la cafetería del Cine Doré.

Santiago Aguilar y Felipe Cabrerizo, historiadores y cinéfagos.

Me da miedo esta entrevista. He preparado muchas preguntas y ustedes hablan mucho.

Santiago: No.

Felipe: No lo dirás porque hemos escrito un libro de 700 páginas. Hacemos libros lo más rigurosos posible sin que sean académicos y nos gusta explicar las cosas con calma.

S: Siempre tenemos que cortar. Y en este libro hemos cortado mucho. La intención inicial era centrarnos en el cine español de comedia en los años cuarenta y cincuenta. Fuimos ampliando el foco según avanzaba la investigación, tanto en el tiempo –desde los años veinte a los setenta– como en el contenido, que no se ciñe al cine. Los cordornicistas tenían una manera de ver el humor que se trasladaba de un medio a otro sin ningún problema.

Están recibiendo unas críticas excelentes. Algo que destacan es que el libro tiene mucha documentación gráfica e incluye hasta un DVD con varios títulos codornicescos.

S: Hemos tirado sobre todo de caricaturas y de cosas menos evidentes, evitando las fotos fijas tomadas de películas, salvo en casos muy emblemáticos. En cuanto al DVD, quisimos poner al alcance del público material cinematográfico que forma parte de los fondos de Filmoteca y que resulta muy difícil de ver. Incluye el corto de los hermanos Mihura ‘Don Viudo de Rodríguez’ y el doblaje caníbal de una película austriaca que hicieron Tono y Mihura, ‘Un bigote para dos’.

¿Es un libro para frikis o también para el lector no especialista?

S: En el baño lo puede tener cualquiera. Para la cama ya es más complicado: te duermes.

F: Tenemos muy en cuenta a la gente que no es especialista, aunque esperamos que también les sirva a los especialistas. Aspiramos a contarlo todo, pero de la manera más ligera posible.

La revista tuvo un éxito fulminante.

S: La revista deslumbra, pero no aportaba nada nuevo. Es una continuidad de lo que hacían sus creadores ya desde los años veinte. Sobre todo, de lo que habían hecho en ‘La Ametralladora’, una revista editada en San Sebastián durante la guerra. Cuando la coge Mihura es una revista puramente propagandística, pero en 1938-39, cuando se sabe que la guerra la ganan los nacionales, ya no tiene contenido propagandístico alguno.

F: El deslumbramiento que genera la revista tiene que ver con cuándo surge: muchos de sus colaboradores están en el momento más brillante de sus carreras y, además, estamos en una primerísima posguerra muy cruda en la que el panorama editorial no da para muchas alegrías. Una revista al margen de las consignas propagandísticas de la época era un pequeño oasis de libertad. Luego, cuando Mihura deja la dirección, tendrá un contenido con más carga de crítica sociopolítica que llevará a encontronazos crecientes con la censura a partir de los cincuenta.

Preparando la entrevista me he encontrado con varias contradicciones. Una es que los fundadores de La Codorniz parecían gente comprometida con el régimen y, sin embargo, Lázaro Carreter elogiaba su concepción de la vida “liberal, despreocupada y abierta al mundo”.

S: Antes de fundar La Codorniz ellos han estado en Hollywood, París… Casi todos tienen una formación cosmopolita. En un momento dado, se sienten más cómodos en el territorio de uno de los bandos de la guerra civil, pero esto no quiere decir que comulguen ideológicamente con él. Dentro de la redacción había gente profundamente apolítica. Y los que tenían alguna ideología, no eran nada militantes. Desde luego, todos estaban en contra del nacionalcatolicismo. Ninguno se creyó el cuento de la cruzada.

F: Esta es una lectura que surge en los años de la Transición, pero esto no cuadra con La Codorniz. Precisamente la gente se engancha a La Codorniz por su apoliticismo. Esto venía de Mihura y de su experiencia durante la Segunda República, cuando vio que muchas de las revistas de humor se politizaron y radicalizaron y él pensó que el humor se estaba prostituyendo.

Otra contradicción es que eran muy cosmopolitas y tenían una gran conexión con lo popular.

F: No era ninguna contradicción para ellos. Neville conocía todo lo que se estaba haciendo en cine en todo el mundo y, a la vez, introducía muchos elementos castizos en sus películas.

S: Quieren aprovechar lo mejor de los dos mundos. Esto venía directamente de Ortega, a quien Neville estaba muy unido, pero es algo que también se encuentra en ilustrados como Goya.

Hay de hecho una conexión entre revista y régimen: En cuanto este muere, aquella también.

S: Bueno, la revista estaba agonizante desde hacía ya tiempo. Llega un momento en que es incapaz de reinventarse y sigue viviendo de glorias pasadas, haciendo pequeños ajustes y ensayando incluso un tímido erotismo, pero no puede hacer frente al nuevo humor de Hermano Lobo, que mira bastante más allá de La Codorniz y, hay que resaltarlo, del lector de La Codorniz que sigue la revista desde hace 20 o 30 años y no quiere cosas nuevas.

La Codorniz está hecha por la primera generación de gente que se ha educado con el cine.

El libro examina la extensa conexión entre La Codorniz y el cine. ¿Fue simple casualidad?

F: Nada de casualidad. Hay un elemento fundamental y es que La Codorniz está hecha por la primera generación de gente que se ha educado con el cine. Prácticamente todos habían tenido relación con la industria antes de fundar la revista. Luego ellos van a intentar trasladar a las salas de cine el humor de La Codorniz, pensando que el éxito se va a reproducir, pero no es así.

El éxito deslumbrante de la revista no se reprodujo en la pantalla.

F: El público medio del cine de aquella época no tenía la misma formación que el de la prensa escrita. Probaron todo: la comedia elegante, el sainete, la sátira, el metacine… Nada funcionó hasta que en los años cincuenta entran en La Codorniz toda una serie de nuevos humoristas que practican el humor negro. El cine era un espectáculo muy popular  y la industria del cine español era muy pequeñita. No vivía de los estrenos en Gran Vía, que funcionan más que nada como escaparate, sino de las sesiones dobles y las proyecciones en el mundo rural. Y ahí era más complicado que el cine codornicista encontrase hueco.

En las páginas de La Codorniz se formarían muchos humoristas como Azcona, Gila, Summers o Chumy que fueron personajes clave para la revista y para un cine español. Se tomaron a guasa unos tiempos que no siempre daban para ello. En este sentido, intentaron expandir las fronteras de lo posible, culturalmente hablando.

S: Sí, pero por gusto. No era una cuestión de heroísmo o de militancia. Su única militancia era la militancia del humor. Ellos se lo pasaban bien con esto y si podían vivir de ello, pues mejor.

De todos ellos, es tal vez Azcona, guionista de obras esenciales del cine de posguerra español como El cochecito o El verdugo, quien más destaca.

F: Azcona fue muy longevo y tenía gran capacidad de trabajo y de riesgo y fue más allá de la comedia y llevó el cine español a otro nivel, enriqueciéndolo con elementos tomados de muchos lugares. Es una figura fundamental del cine español y no sé si la mayor figura cinematográfica nacida de La Codorniz. Sin duda es una de ellas, aunque ahí está Neville también.

Según ustedes, la huella de la revista sigue siendo visible en Mongolia, El Jueves o Joaquín Reyes.

F: Huella tal vez sea excesivo. Es verdad que el humor de La Codorniz está en el sustrato de gran parte del humor que se hace hoy. Los ejemplos que pones son claros.

S: Hay mucha gente que no sabe que su humor proviene de La Codorniz, que piensa que proviene de Woody Allen, por ejemplo, sin darse cuenta de que lo que hizo Allen en los años sesenta lo estaba haciendo La Codorniz en los cuarenta.

¿Qué están cocinando Aguilar y Cabrerizo?

F: Hemos publicado tres libros en 2019, que se dice pronto, y estamos todavía saliendo del parón navideño. Manejamos varias ideas, pero tenemos que darles forma. Nos ayudaría si a través de Alandar nos saliese un mecenas. Nuestro objetivo final es ser millonarios.