San Federico, “corazón” del madrileño barrio de Valdezarza

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Las angustias de mi alma/ no las calma el rosario, ni la misa, ni el breviario/
Mis angustias las mitigan/ las escuelas en los valles/ el bienestar campesino/
la libertad en las calles y la paz en los caminos
”.
Este poema del misionero asturiano del Sagrado Corazón Gáspar García Laviana, vinculado a la historia de la revolución nicaragüense, es de su obra A corazón abierto. Bien podría resumir los casi 50 años (1965-2015) que va a cumplir la parroquia con sus gentes, una trayectoria vinculada al compromiso social, a una liturgia avanzada y una religión liberadora.

Valdezarza acogía a miles de obreros que urbanizaban la zona de la Dehesa de la Villa, ellos mismos. El entonces arzobispo de Madrid encargó a los misioneros del Sagrado Corazón hacerse cargo de la construcción de un templo que consiguieron con el dinero de “los Federicos”. Nacía con un espíritu nuevo, haciendo hincapié en las necesidades del movimiento de los trabajadores.

Sus paredes han albergado desde la primera huelga de los operarios de Metro de Madrid en 1974, de trabajadores de CLESA, como el movimiento de los campesinos andaluces que llegaron a Madrid o la primera reunión de Amnistía Internacional, con Ruiz Giménez.

No es de extrañar que San Federico haya sido el caldo de cultivo ideal para forjar nuevas ideas en favor de la redistribución social. De sus despachos salieron “Parados en marcha”, la fundación de personas discapacitadas Carlos Martín y, cómo no, esta propia publicación, alandar. Por eso la elegimos para abrir esta nueva sección que irá mostrando la vida de distintas parroquias desde sus gentes.

Ahora está coordinada por José Manuel González y Andrés Álvarez (msc) y sigue respirando participación por sus cuatro costados. El ejemplo más claro es la Escuela San Federico, con más de 32 años de formación y transformación de las personas. Empezó siendo un colegio de integración y ahora trabaja en la educación de personas adultas e inmigrantes. Al frente de ella está José Manuel Gómez Pacheco.

La parroquia cuenta con un club de tiempo libre para jóvenes, un taller de lectura, una liturgia muy especial con los niños y niñas, verdaderos protagonistas, una cáritas parroquial muy implicada en la ayuda de la gente más vulnerable, un club de mayores, amén de los seglares que participan en la acogida de nuevos bautismos, confirmaciones, comuniones o en la gestión económica del templo. Implicación de las personas en estado puro.

Hemos charlado también con su párroco y esto es lo que nos ha contado sobre este lugar donde el Pueblo de Dios se hace presente en Madrid…

A lo largo de estos casi cincuenta años (1965-2015), la parroquia de San Federico siempre ha sido “un ser vivo” caminando al lado de la gente sencilla, generosa y comprometida de nuestro barrio de Valdezarza, sabiendo escuchar y discernir “los signos de los tiempos”, que se presentan diferentes y cambiantes en estos últimos años. Años que me ha tocado vivir como cura y misionero cerca de los hombres y mujeres que están padeciendo los golpes de esta sociedad marcada por escandalosas desigualdades, recortes y reformas que casi siempre perjudican a los más humildes y sencillos de nuestro pueblo. Esto se traduce en una crisis que afecta a muchas familias que subsisten sin trabajar, jóvenes que no encuentran empleo y tienen que emigrar, la lacra de la drogodependencia, extranjeros que no tienen acceso a unos mínimos servicios sociales, matrimonios desestructurados, falta de vivienda, desalojos, enfermos crónicos, sufrimiento de los que no son escuchados en sus problemas , etc. Esta es la realidad que nos ha tocado vivir y compartir con nuestros hermanos, los hombres y mujeres en este trocito de espacio de esta populosa ciudad de Madrid.

Además, nuestra parroquia tiene hoy una población bastante envejecida: abuelos y abuelas que viven solos y necesitan lugares de acogida e inclusión. Al mismo tiempo, cuenta con un signo de esperanza que se manifiesta en un considerable número de emigrantes, familias con niños y algunos jóvenes, que se incorporan a la educación y alegran nuestras celebraciones.

Ante esta realidad, ¿qué respuesta está dando nuestra parroquia de San Federico?
Yo veo que hay tres importantes características que definen nuestro trabajo y compromiso cristiano en nuestro barrio:

1-. El sentido marcadamente comunitario de nuestra feligresía. Nuestra parroquia no sólo tiene las puertas abiertas a todo el que se acerca a ella, sino que -como Jesús- sale al cruce de los caminos de la vida. En ella encuentran un lugar privilegiado el anuncio y promoción de todo lo que conduce a la realización de la persona y su dignidad. Una comunidad de talla humana y fraterna en la que se favorece la apertura y la comunicación progresiva, el respeto y la escucha. Una comunidad que estimula el compartir lo que uno es y tiene.

Dentro de este sentido comunitario intentamos decirnos unos a otros que todos somos necesarios sin importar la edad y la procedencia. Nadie sobra: todos los miembros, de alguna manera, somos necesarios, nadie es superfluo. En la acción del Espíritu cada uno tiene su papel. Siento que debemos confiar en los demás, dar responsabilidades a los laicos, ayudar a crecer a la gente. ¡A andar se aprende andando!

Me alegro cuando todos los laicos y sacerdotes vamos buscando nuestro sitio en la comunidad y encontrándolo, sin ocupar el de otro. Y que gocemos con las alegrías de los demás y nos ayudemos en nuestras dificultades.

La renovación y el cambio han estado siempre presentes en nuestra comunidad.

2-. Otra característica importante de nuestra comunidad está centrada en el proyecto de Jesús. El Evangelio nos ayuda a desarrollar la coherencia de la vida, la revisión y la interpelación de nuestras actitudes. Nos estimula la capacidad de darnos, de poner nuestro tiempo, capacidades y la propia vida al servicio de los demás.

El Evangelio en el centro de nuestra comunidad es un acicate para denunciar los contravalores y las injusticias que se cometen con los más pequeños e indefensos de esta sociedad. Nos lleva a sentirnos más cómodos con los últimos de la tierra que con los poderes religiosos, económicos y políticos.

En nuestra comunidad se vive una fe compartida: eucaristía, oración comunitaria y celebraciones de la reconciliación, que nos ayudan a descubrir en compañía de los demás los valores del Evangelio y a clarificar dudas; a enriquecernos desde el estudio de la Biblia y la reflexión en cualquiera de los numeroso grupos que componen nuestra comunidad.

3-. Y, por último, unido a estas dos existe un compromiso por la educación de los adultos y una sensibilidad social especial para quien sufre y lleva la injusticia sobre sus hombros. Aquí aparece un rasgo muy especial de nuestra parroquia. Desde sus comienzo en 1965, esta comunidad ha estado y está servida por los misioneros del Sagrado Corazón. Todos han trabajado muy duramente al lado de muchas generaciones en nuestra parroquia.

Hemos intentado estar al lado de los crucificados de esta tierra mostrando la compasión y la misericordia a los más solos y abandonados desde el corazón humano de Jesús. Siguiendo el mensaje de Jesús, ejerciendo cada día en nuestro trabajo, comunidad y sociedad una opción preferencial por los más desfavorecidos que, casi siempre, son los excluidos de la mesa común.

Durante estos cincuenta años todos los misioneros de esta parroquia, desde formas y sensibilidades distintas, han tenido un gran interés por la situación social de este barrio: obreros, parados, enfermos, ancianos, niños y discapacitados. Podemos decir que han mostrado una espiritualidad samaritana.

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