
Antes de convertirse en papa, Robert Prevost ejerció su ministerio en la Provincia Constitucional del Callao (Perú), lugar que alberga el principal puerto marítimo del país y muy asediado por la corrupción y el narcotráfico. Víctor Torres, párroco de la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro en la Diócesis del Callao y responsable nacional de la pastoral afroperuana, habla para Alandar sobre la experiencia del ahora papa en dicha provincia.
El padre Prevost llegó al Callao en el 2020, durante la pandemia, a pedido del papa Francisco. Fue designado como administrador apostólico de la Diócesis del Callao, debido a que el obispo José Luis del Palacio, por razones desconocidas, presentó su renuncia al gobierno pastoral de esa diócesis antes de alcanzar los 75 años de edad.
De acuerdo con el padre Víctor, el obispo del Palacio, junto con el movimiento laico “El Camino Neocatecumenal” al que pertenecía, quería hacer del Callao una “iglesia modélica … y los que no se alineaban a esta corriente eran invitados a migrar a otras diócesis”. Esto produjo un cisma en la diócesis, una “persecución delincuencial” contra algunos sacerdotes que mostraron su inconformidad y desacuerdo contra esta dinámica instalada en la iglesia chalaca. Continúa: “fueron casi 8 años de caos socio-eclesial, predominaba el miedo a la protesta por temor a las amenazas de muerte. Muchos agentes pastorales como religiosos, sacerdotes y laicos tuvieron que irse a otras jurisdicciones eclesiásticas para salvar la fe y la vida”.
”Junto con el movimiento laico “El Camino Neocatecumenal” al que pertenecía, quería hacer del Callao una “iglesia modélica … y los que no se alineaban a esta corriente eran invitados a migrar a otras diócesis”
En este escenario, es enviado monseñor Prevost. Llegó conduciendo su auto desde la Diócesis de Chiclayo. Cada 15 días hacía el mismo recorrido de 13 horas, desde Chiclayo hasta el Callao, y, con gran fe “y con mascarilla”, visitaba a los sacerdotes y agentes pastorales, ejerciendo una labor de escucha invaluable y de reorganización de la iglesia chalaca. Entre las muchas cosas que hizo en la diócesis,“realizó cambio de sacerdotes, ayudó a algunos que estaban delicados de salud, reorientó Caritas para que llegara no solo a las parroquias que estaban bajo la administración del Camino Neocatecumental, logró que se extendiera la ayuda a todas las parroquias y nombró vicario episcopal al padre Javier Nugent Bambaren, que dejó un bello recuerdo de cercanía y humanidad evangélica”.
En relación con este nombramiento, el padre Víctor recuerda una anécdota con monseñor Prevost que lo marcó profundamente: “el padre Javier sufría una enfermedad autoinmune y estaba perdiendo la visión. Cuando monseñor Robert le pidió que sea su vicario, el padre Javier fue muy honesto y le confesó que no veía bien, a lo que monseñor le respondió: ‘no te quiero para que leas, sino para que sirvas en la pastoral’”. “Esa respuesta animó a Javier a ser pastor al servicio del clero”, agrega.
“Esperamos la aplicación de las conclusiones del Sínodo de la Sinodalidad para la Iglesia Universal que inició el papa Francisco, el diálogo por la paz y que fortalezca la Iglesia pobre para los pobres”
También nos cuenta que mientras realizaba un diplomado sobre prevención de abuso sexual, en una de las sesiones hizo público un presunto caso de violencia sexual en el seminario diocesano contra los seminaristas. Al día siguiente recibió una llamada de monseñor Prevost comunicándole que “él ya había tomado cartas en el asunto y estaba siguiendo personalmente el caso”. El padre Víctor destaca que monseñor Prevost era muy discreto, pero muy comprometido con la realidad, y sencillo, pero con una gran capacidad de escucha y con gratitud por el testimonio de la gente.
Finaliza compartiendo las expectativas que desde el Callao se tienen sobre el nombramiento de monseñor Prevost como papa León XIV: “esperamos la aplicación de las conclusiones del Sínodo de la Sinodalidad para la Iglesia Universal que inició el papa Francisco, el diálogo por la paz y que fortalezca la Iglesia pobre para los pobres. Además, que ayude a la unidad de los pastores en la Conferencia Episcopal Peruana, que les invite a elaborar un plan pastoral que responda proféticamente a la situación de corrupción generalizada y la cultura de la muerte que vive el país”. Así también, espera que en el Callao anime “los cambios eclesiales que nos lleven a ser verdaderamente una Iglesia de todos los carismas”.
