En 2015 falleció Rafael Calvo, fundador de Fe Adulta. Pocos meses antes había convocado una reunión informal de seguidores de su web.
En una de esas casualidades que a veces ocurren, a la hora de la comida me tocó al lado un señor al que no conocía pero que se dirigió a mí para preguntarme: ¿Tú estás de acuerdo con los seminarios?
Creo recordar que respondí que dependía de cómo fueran pero me contestó con la tesis que al parecer quería defender: No, es que en los seminarios se enseña teología y en el Evangelio no hay teología y la teología ha sido causa de muchos males, como las guerras de religión. Discutimos un rato y me anunció que estaba escribiendo un libro para defender su tesis.
El encuentro al que me refiero había comenzado con una mesa redonda en la que estaban Dolores Aleixandre, Joseba Arregui y un señor mayor de la comunidad de santo Tomás. Dolores habló poco, había sufrido un ictus hacía poco tiempo y se la entendía con dificultad. Arregui defendió que, para él, en aquel momento de su vida, todo era divino. Y el señor mayor dijo que para él Dios era un espíritu que nos ayudaba a ser buenos.
Hubo un tiempo de micrófono abierto a los asistentes que yo aproveché para decir que a mi modo de ver la fe adulta era la capaz de conjugar lo absoluto y lo relativo y que desde luego no todo era divino: por ejemplo, el gobierno de Rajoy no era divino. Y respecto al de la comunidad de santo Tomás pensé, sin decirlo, cómo era posible que un creyente después de años de reuniones, debates, charlas, eucaristías, pudiera decir semejante tontería.
No es ningún secreto que los Evangelios son fundamentalmente un conjunto de relatos. Y tampoco lo es que, para resultar significativo, un acontecimiento debe ser interpretado. Pues bien, la interpretación creyente de los hechos de Jesús es la teología.
Frente a lo que defendía el comensal del que antes he hablado, en los Evangelios sí hay teología. Cuando dicen que el nacimiento de Jesús es una alegría para todo el pueblo, cuando le llaman hijo de Dios, cuando le muestran resucitado están haciendo teología. Y desde sus comienzos, enfrentada a múltiples preguntas y situaciones distintas, la Iglesia ha seguido haciendo teología.
En el evangelio de san Juan Jesús afirma en una ocasión que Él es el camino, la verdad y la vida. Es una afirmación que siempre me ha fascinado y a la vez inquietado, en parte por ese artículo determinado que parece excluyente: la verdad, el camino, como si no hubiera otras verdades ni otros caminos.
Hoy es ésta mi interpretación: Jesús es la vida. En efecto, solo Él en toda la historia de la humanidad ha tenido la capacidad de sacar los hechos de su finitud, llenarlos de trascendencia y abrirlos a una vida definitiva. En ese sentido Jesús es la Vida.
Esa vida sin embargo no es una doctrina, una creencia, sino fundamentalmente un camino. Consiste en el seguimiento de Jesús, que sin duda da lugar a múltiples acontecimientos. Jesús es el Camino.
Pero el camino no lo hacemos en solitario sino en grupo. Y, como en cualquier caminata, peregrinación, romería, vamos hablando, intercambiando experiencias y reflexiones y construyendo un cuerpo de doctrina desde la realidad y con la referencia de Jesús. Jesús es la Verdad.
A esa doctrina la llamamos teología. Es un saber común pero también individual. Y puede ser buena o mala. Las que he contado al comienzo eran, sin duda, malas. Y, a mi modo de ver, lo son también la del grupo no-teísta, la que imparte fray Marcos desde Parquelagos, la no-dualista de Martínez Lozano en Fe Adulta. En mi opinión o bien están demasiado solos o mal acompañados pero su camino no es el de Jesús.
Y nosotros, ¿cuidamos de estar bien acompañados?
