La reunión más exclusiva del mundo

¿A qué te suena Davos? Suele aparecer todos los años en los medios de comunicación, sin hacer mucho ruido, a finales de enero, porque allí, entre las montañas suizas, tiene lugar “la reunión más exclusiva del mundo”, que reúne a las personas más vip del ámbito empresarial, político, económico, periodístico e intelectual. Este año, unos 2.500 participantes de más de 100 países, incluyendo 40 jefes de Estado, asistieron a la asamblea anual del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), una fundación sin ánimo de lucro que, precisamente, se celebra en Davos. Se diría que sucede lejos del mundanal ruido, pero hasta allí llegan informes inquietantes que ponen sobre las mesas de trabajo problemas que nos afectan al común de los mortales. Me permito citar dos informes: el que, desde 2006, presenta el propio WEF, los días previos a la reunión, titulado Riesgos globales 2016 y el que este año presentó Oxfam titulado Una economía al servicio del 1%.

Riesgos globales 2016 es un análisis realizado por más de 700 expertos provenientes de áreas muy diversas, tales como el mundo de los negocios, la universidad, la sociedad civil o el sector público, en el que aparece por primera vez un riesgo ambiental liderando la calificación de los riesgos. Tal riesgo, en opinión de los expertos, no actúa de forma aislada, sino que está interconectado porque el cambio climático está afectando directamente los riesgos asociados a la crisis del agua o la escasez de alimentos, reduciendo el crecimiento económico y debilitando la cohesión social. Todo ello conlleva el aumento de los riesgos de inseguridad en todo el planeta. A los riesgos globales medioambientales se añaden otros, tales como el desempleo y subempleo, los precios de la energía, las crisis fiscales, los fallos en la gobernanza nacional, las burbujas de activos o los ciberataques.

Según el citado informe, los riesgos globales en su conjunto se traducen en el aumento de la desigualdad que ya está alcanzando cotas nunca vistas a escala mundial, como también se pone de manifiesto en el citado informe de Oxfam. Resulta sorprendente la coincidencia de algunos diagnósticos entre el informe del WEF y el que presentó OXFAM en Davos. Se diría que estamos llegando a un punto crítico en la sostenibilidad mundial, como resultado de las consecuencias del cambio climático en la vida del planeta en general, así como en la vida de las personas, a las que hay que sumar las repercusiones de la desigualdad en el acceso a la educación, a la salud, a la alimentación, al agua y saneamiento, al trabajo decente, a una vivienda digna; en pocas palabras, la desigualdad en el acceso a las oportunidades que permiten a las personas gozar de una vida digna.

La desigualdad ha sido definida como “la enfermedad del siglo XXI” y aumenta de forma descabellada, mientras desde el Fondo Monetario Internacional se afirma que la receta contra esa enfermedad es invertir en las personas que menos tienen, impulsar políticas redistributivas, promover la igualdad entre hombres y mujeres y favorecer un sistema fiscal que capte más de quienes más tienen. Ante tal receta del FMI, ¿quién no se queda perplejo?
En “la reunión más exclusiva del mundo” celebrada en Davos, se encontraban no pocas personas con poder de decisión para afrontar las amenazas globales que allí se analizaron y se debatieron; sin embargo, hay que ir más allá de los análisis y de los debates para tomar decisiones locales, regionales y globales que frenen el avance de la desigualdad extrema propiciada por mecanismos tan perversos como la evasión y elusión fiscales, entre otros muchos.

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