El pasado 12 de febrero se cumplieron 10 años de la muerte de la hermana Dorothy Stang. Esta religiosa estadounidense nacionalizada brasileña murió víctima de un asesinato ordenado por los hacendados Vitalmiro Bastos de Moura («Bida”) y Regivaldo Pereira Galvão («Taradão”), en el municipio de Anapu (Estado de Pará, Brasil). Aunque la muerte de la misionera, que trabajó más de 30 años apoyando del asentamiento de pequeños agricultores en la región, tuvo repercusión internacional, los culpables continúan libres e impunes. «Los 10 años del asesinato de Dorothy representan 10 años de impunidad contra la clase trabajadora, que han defendido el medio ambiente, luchado por una sociedad soberana”, declaró con motivo del aniversario la coordinadora del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) del Estado de Pará, Mª Raimunda Cesar.
Adital
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