Seguiremos soñando

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Foto. Jorge Tamames.En 1943, Gerald Brenan reflejó con lucidez, en El laberinto español, las incoherencias de la Iglesia católica:

«La Biblia y, sobre todo, el Nuevo Testamento, contiene dinamita suficiente para hacer saltar todos los sistemas sociales existentes en Europa y solamente por la fuerza de la costumbre y por la hermosa y rítmica cadencia de las palabras no nos damos cuenta de ello. Un chino inteligente ha sido más observador que nosotros. Cuando Sun Yat Sen visitó Europa, se asombró al ver que una religión que constantemente exalta al pobre y condena al rico era practicada y mantenida principalmente por las clases más ricas, egoístas y respetables«.

En nuestros días, la Iglesia católica sigue anclada en contradicciones dolorosas que deterioran su imagen pública. Mientras la jerarquía ha elegido dar la espalda a los que sufren en un momento de necesidad, algunos de sus representantes difunden mensajes contrarios al espíritu evangélico. Ataques a los derechos laborales son bendecidos por un manto de silencio; personas llegadas de otros continentes se convierten en víctimas de políticas deshumanizadoras y decenas de miles de personas pierden sus hogares sin que los obispos españoles expresen su oposición.

Somos muchas personas las que nos sentimos lejos de unos representantes que atacan a las personas homosexuales, que marginan a la mujer, que desprecian a quienes han sufrido un divorcio e imponen una dictadura clerical. No entendemos por qué, en vez de limitarse a defender el amor como base de una relación y reconocer lo natural en la sexualidad dentro de cualquier relación, se mantiene una moral sexual hipócrita y anquilosada, que rechaza el uso del preservativo.

Igualmente, nos produce rechazo una Iglesia excesivamente espiritualista. Convendría recordar la advertencia del arzobispo salvadoreño asesinado por su compromiso con los valores cristianos, conocido por muchos como San Romero de América: “es fácil ser servidores de la palabra sin molestar al mundo. Una palabra muy espiritualista, una palabra sin compromiso con la historia, una palabra que puede sonar en cualquier parte del mundo porque no es de ninguna parte del mundo; una palabra así no crea problemas, no origina conflictos”.
Foto. Alison McKellar.
Existen más contradicciones. Urs Von Balthasar pone varias sobre la mesa cuando afirma que “el poder económico, cultural, comunicativo y político para evangelizar supone traicionar a la misión de la Iglesia”. ¿Cómo explicar, por tanto, que su máximo dirigente sea también jefe de Estado? ¿Qué pensar del proselitismo agresivo que están llevando a cabo fuerzas involucionistas dentro de la Iglesia? Para nosotros, ambas cuestiones son problemáticas e inaceptables.

A pesar de todo, como jóvenes, encontramos muchas razones para sentirnos fuertemente atraídos por el mensaje cristiano, que hoy sigue siendo tremendamente transgresor, provocador e igualitario. “Los últimos serán los primeros”, “es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el Reino de Dios”, “cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo”.
Foto. 20 Letters.
Éstos son los valores que identificamos con el verdadero mensaje cristiano, valores compartidos y a los que se puede llegar por diferentes Iglesias y religiones. Porque el bien, el amor o la justicia no pueden ser monopolizados por una única visión de Dios, por una única Iglesia o religión. Creemos firmemente que existen diferentes caminos para avanzar hacia el reino de justicia e igualdad que anuncia el cristianismo. La identidad cristiana no puede entenderse si no está ligada a un compromiso con los que más sufren, sin ponerse del lado de los débiles, siempre.

Este compromiso por un mundo en que los últimos puedan llegar a la meta es la mejor expresión de la fe cristiana. Jesucristo dio un testimonio radical, que hoy nos invita a poner en primer lugar a las personas excluidas y nos recuerda la identidad común del género humano. “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Estamos convencidos de que hoy habría luchado en favor de las personas que sufren abusos, de los hambrientos, de los inmigrantes que arriesgan su vida en duras travesías.

La Doctrina Social de la Iglesia reconoce que “las riquezas realizan su función de servicio al ser humano cuando son destinadas a producir beneficios para los demás y para la sociedad”. Monseñor Romero, por su parte, afirmaba que “una Iglesia que no se une a los pobres para denunciar desde los pobres las injusticias que con ellos se cometen, no es verdadera Iglesia de Jesucristo”, y “el cristiano que no quiere vivir el compromiso de solidaridad con el pobre, no es digno de llamarse cristiano”.

Queda mucho por hacer, pero compartimos causas con los que buscan una Iglesia diferente. ¿No es un mensaje atractivo para jóvenes que aún creen en la utopía? ¿No es fácil simpatizar cuando mantienes la esperanza en otro mundo posible?
 Foto. Uptowner.
El subcomandante Marcos, referente alterglobalizador, en un texto escrito a la muerte de Samuel Ruiz, obispo de Chiapas y ejemplo a seguir en el camino de la revisión crítica de modelos eurocentristas, escribe sobre la Iglesia católica invitando a “mirar hacia abajo y encontrar ahí a quienes, como antes Don Samuel, desafiaron y desafían al Poder. Se va Don Samuel, pero quedan muchas otras, muchos otros que, en y por la fe católica cristiana, luchan por un mundo terrenal más justo, más libre, más democrático, es decir, por un mundo mejor”.

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