La violencia invisible de los símbolos

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Hace unos meses pude escuchar una conferencia a cargo de Victoria Sendón sobre “El peligro de la violencia simbólica contra las mujeres”. Victoria fue ilustrando su conferencia con imágenes que demostraban cómo, desde los tiempos más antiguos, la simbología ha llenado nuestro mundo de referentes que, a fuerza de repetirlos, hemos incorporado a nuestro imaginario colectivo y aceptado como normales y lógicos en el devenir de la vida.

Ya desde el tiempo de los romanos la simbología icónica nos transmitía a los hombres en el senado, discutiendo, debatiendo sobre leyes y normas… No sólo las imágenes fijas, también el cine nos ha acostumbrado a ver a los hombres enzarzarse en largas y profundas discusiones, mientras las mujeres, ocupadas principalmente de su cuerpo y de mantener viva su belleza, esperaban su regreso, del senado o del campo de batalla, para favorecerles el placer. Eran ellos los que decidían como debía gobernarse el Imperio.

Simbología actual

Si actualizamos las imágenes que hoy tenemos como referentes y pensamos en el G-8, los ochos países más ricos del planeta, o el G-20, aquellos que deciden no sólo lo que ellos van a hacer sino también el devenir del resto del mundo, nos encontramos con imágenes muy parecidas a ésta.

pag3_puntodevista1_web-3.jpgUna imagen en la que las mujeres apenas aparecen. En la reuniones que este grupo mantiene la voz de las mujeres es muy minoritaria. Sin embargo, las mujeres somos más del 52% de los habitantes del planeta.

Cuando escribo este artículo veo en la televisión un programa sobre el fútbol femenino en España. Es en la 2 de TVE, en Documentos TV y se titula “Cuestión de Pelotas”. “La Real Federación Española de Fútbol organiza varias competiciones femeninas, entre ellas una Superliga, que es el equivalente femenino de la Primera División y donde participan las filiales femeninas de algunos importantes clubes nacionales. Sin embargo, la propia Federación niega a las jugadoras la licencia profesional”.

En España las mujeres no pueden dedicarse al fútbol profesional. El documental muestra “la lucha de un grupo de chicas por regularizar su situación laboral y deportiva y alcanzar la igualdad de derechos con el fútbol masculino”, nos dicen en la presentación de este documental. Hay 23 equipos que juegan una súper liga. Tienen distintas divisiones, al igual que el fútbol masculino. Compiten por todo el Estado español, igual que el fútbol masculino, pero lo que no tienen igual que éste es una paga que les permita dedicarse al fútbol de una manera profesional, lo que significa que una secretaria, enfermera, panadera o vendimiadora -si se quiere dedicar al fútbol- tiene que tener, además, otro trabajo que le permita obtener recursos para vivir y pagarse los gastos que su “hobby” le ocasione, porque lo más asombroso es que los representantes oficiales de estas mujeres (que, por cierto, eran hombres) no entendían bien que pudieran reclamar un sueldo que les permitiese una dedicación exclusiva, al igual que sus colegas varones. Y lo que no tienen igual que el fútbol masculino es la cobertura que los medios de comunicación, mayoritariamente en poder de los hombres, hacen del fútbol de las mujeres.

Y éstos son los símbolos que nos van conformando nuestro imaginario colectivo, creando una realidad que pocas veces tiene que ver con lo real. ¿O acaso sabían ustedes de este colectivo de mujeres, no tan minoritario, dedicado al fútbol?

Este análisis podría extenderse hasta el infinito y hablar de los distintos países, etnias, culturas, de las distintas profesiones, etc. Los referentes simbólicos nos hablan de unos seres superiores que piensan, debaten, deciden y organizan la vida, la propia y la ajena: estos seres superiores son los hombres.

Y ahora la Iglesia

En este mundo, patriarcal desde hace siglos, existe una violencia ejercida sobre las mujeres y es la simbólica, aquella que nos ha venido diciendo a través de los años, los cientos de años, que lo normal es que esto suceda y que la mujer sea la que subordine su vida ante el hombre, ese ser superior y pensante.

pag3_puntodevista2_web-3.jpgPero vamos a ver qué es lo que pasa en nuestra Iglesia. Lo que en la sociedad laica llama la atención llega a ser escandaloso cuando dirigimos la vista a la Iglesia Católica. En ninguno de los órganos de decisión encontramos alguna mujer. Ellos, el papa y los obispos, los sacerdotes, son hombres y además célibes, lo que no es ningún impedimento para que opinen, juzguen y dictaminen leyes sobre el matrimonio, las relaciones sexuales, el uso del condón, el aborto, el papel de la mujer en el mundo y en la propia Iglesia.

Y hasta ahora las mujeres, al menos la mayoría, callaban. Pero los tiempos cambian y ha llegado el momento de reclamar nuestra dignidad dentro de la Iglesia. Creo que la teoría de San Agustín de que el hombre por sí solo es reflejo de Dios, pero que la mujer es reflejo de Dios únicamente cuando está junto al hombre, el cual es su jefe, o bien lo que Santo Tomás de Aquino declaraba (que las mujeres son hombres deformados con la mente débil y la voluntad defectuosa) son teorías superadas por la constatación de la realidad y el testimonio de tantas mujeres que han hecho tantísimas cosas en el mundo a través de los tiempos, mujeres que han luchado contra corriente, pero que han demostrado que las mujerer tenemos las mismas capacidades que los varones y que es hora de reclamar nuestro puesto en la sociedad y en la Iglesia.

Quiero acabar con unas palabras de Emma Martínez en la que se permite soñar con una Iglesia no sexista, justa, toda ella ministerial, reconociéndonos como iguales, hijas e hijos de un mismo Dios Padre/Madre. Termina su artículo diciendo: “Es hora de despertar y no quiero encontrarme con la realidad que ahora vivimos las mujeres en la Iglesia, pero es preciso despertar, levantarnos, liberarnos de nuestros encorvamientos ancestrales, arriesgar a tocar lo prohibido por leyes y preceptos patriarcales, es preciso unirnos, trabajar al unísono mujeres y hombres en la Iglesia para ir empujando esta Iglesia nuestra, santa y pecadora, fiel e infiel en la dirección del sueño de Dios: una comunidad de hijas/os, hermanas/os” (alandar, nº270, septiembre de 2010, www.alandar.org). Es hora de despertarnos y no dejarnos engañar por esos símbolos que machaconamente nos hablan de una sociedad y una Iglesia patriarcal. Así, como si esto fuese lo normal.

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