«Hay que proteger la Amazonía, que es el pulmón del mundo»

Entrevista a Joseba Mirena Baikaikoa

Joseba Baikaikoa se ha enamorado de la Amazonía ecuatoriana, concretamente de un rincón de esa selva, El Coca. Después de trabajar 32 años en Otxarkoaga, en Bilbao, este capuchino navarro lleva tres años con un intenso trabajo social y pastoral en el vicariato ecuatoriano de Aguarico. Le preocupa tanto la protección de ese pulmón natural, hoy amenazado, como las dificultades sociales de sus habitantes.

Baikaikoa en una manifestación contra la violencia de género, en noviembre pasado.

Pregunta.– ¿Qué hace un cura como tú en un sitio como ése?

Respuesta.- Comencé celebrando eucaristías en 4 centros de la ciudad, pero  luego quise dedicarme más a temas sociales. Como Casa Paula, un centro para mujeres maltratadas, donde reciben acogida y apoyo de educadoras, psicólogas, etc. También visito un centro de internamiento -una pequeña cárcel-, el hospital y una clínica de diálisis donde atienden a los que llaman “enfermos catastróficos”, nombre sorprendente para nosotros.  Colaboro con una radio que emite por Internet y que puede escucharse por Facebook. Su nombre es “radio la voz de Alejandro e Inés”. Son todas iniciativas del Vicariato de Aguarico.

P.- ¿Qué te parece más preocupante?

R.-El problema principal de Ecuador es la violencia. Es una pena porque son gente amable y buena, poco apegados al dinero, menos que nosotros, de los que hay mucho que aprender. Pero hay 50.000 jóvenes en bandas. Y la tendencia al alcohol, a su consumo en cantidades enormes, provoca muchas agresiones contra las mujeres. Sólo el año pasado fallecieron 300 mujeres a manos de sus compañeros o ex-compañeros. Muchas mujeres vienen a Casa Paula a sentirse acogidas, escuchadas, vienen a contarnos su dolor. Yo, en Bilbao, ya me había acercado al mundo de las mujeres maltratadas; tenemos una casa que llamamos Lugar de vida, Bizitegi en euskera.

«Mechero» quemando gas en la Amazonía ecuatoriana. Autor: Diego Titira.

 P.-El otro tema que os preocupa mucho es la situación de la selva…

R.-La selva amazónica está muy amenazada. Por un lado, está la tala impresionante de árboles. Pero también hay una mina de oro al norte de la provincia y, además, está el petróleo.  Para extraer el oro utilizan uranio, cadmio, mercurio y agua y todo eso va a parar al final, a través de una serie de afluentes, al río Napo que pasa por la ciudad.  El agua que la gente tomaba antes ahora no se puede beber, tampoco pueden bañarse, hay una gran indefensión de la gente ante esta situación tan perjudicial. Además, la mina está custodiada por miembros disidentes de las FARC que ingresan desde Colombia, y entra el ejército y hay enfrentamientos. Por eso, lunes tras lunes, salimos delante de la catedral a pedir que deje de explotarse esa mina. Tratamos de ser altavoz de todo eso que sucede, en el Napo, en el Coca.

P.-La explotación del petróleo, de esa gran riqueza, causa también problemas…

R.-Hace 3 años, un grupo de nueve muchachas plantearon un juicio contra las petroleras. Porque el gas que acompaña al petróleo en su extracción no se utiliza, y se quema día y noche. Podemos ver unos tubos altísimos que, 24 horas sobre 24, emiten fuego y olores fétidos. Son los llamados “mecheros”, que liberan muchos productos químicos; y esos productos caen a la tierra por la abundante lluvia de la Amazonía y van contaminando la tierra y el agua. Eso, sin contar el calor tremendo que producen, que también afecta a las personas. De 160.000 habitantes en la zona, hay mil enfermos de cáncer, sobre todo de cáncer de mama, estómago, útero y pulmones.

El juicio, planteando que los mecheros dejasen de funcionar, lo ganaron las chicas. El veredicto fue que, en dieciocho meses, debían dejar de funcionar los mecheros; ahora, casi dos años después, se han construido 40 mecheros más. Ya hay 500 mecheros quemando gas día y noche.  Ellas han ido a Quito a manifestarse pero el poder… Creemos que Petroecuador y otras compañías están dando dinero al Gobierno para no ejecutar la sentencia ni buscar otros modos de explotación del petróleo. Nosotros no nos oponemos a la explotación del petróleo, pero exigimos que lo hagan respetando los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza.  Nos vemos impotentes, pero eso no nos impide seguir adelante denunciando esa situación que está creando efectos perversos en La Amazonía, que era un paraíso.

P.-El petróleo es la principal entrada económica del Ecuador, pero las provincias amazónicas son las más pobres del país; sale la riqueza, pero no revierte en los habitantes.

¿Hay acaso otras tecnologías que pudieran evitar esos perjuicios en la extracción del petróleo?

R.-El gas se puede explotar, Amazon estaba dispuesta a explotar el gas de 200 mecheros.  Pero el Gobierno de la nación no ha dado permiso para esa explotació; hay un conchaveo del Gobierno con las empresas petroleras.

P.-Imagino que la gente tampoco se opondrá mucho para no ver amenazada su principal fuente de trabajo…

R.-En Ecuador, hace unos meses se realizó un referéndum a nivel nacional, para plantear si se dejaba de explotar el petróleo en el Yasuní, una zona preciosa donde se explota petróleo también; sólo en dos de las veintidós provincias de Ecuador salió que siguiera porque hay mucha gente que, aunque con sueldos miserables, viven de las petroleras. Se calcula que el petróleo va a durar 30 años. Si se acaba el petróleo y no están creando apenas otros puestos de trabajo eso significará la huida de la gente. El turismo podría ser una alternativa, pero todavía no se está haciendo mucho en ese terreno.

El rio Napo, en los territorios amazónicos de Ecuador.

P.- ¿Qué hace la Iglesia allí?, ¿qué ha significado el Sínodo de la Amazonía?

R.-El documento Querida Amazonía se está leyendo en todas las comunidades para ver qué pasos ir dando. Pero la Iglesia acá es como hace 50 años en España, es gente que va mucho a misa, pero con escaso compromiso social. Dentro de la Iglesia hay curas y religiosos que están más por el culto que por lo social. Cuidan mucho la liturgia, pero se mueven menos por renovar la realidad social. Nuestro obispo, Adalberto Jiménez, ha escrito varias cartas criticando a las empresas madereros o petroleras y, una vez, un sicario apareció en una Iglesia de Riobamba amenazando la vida del obispo, que tuvo que salir durante dos meses del Vicariato.

P.-En toda América latina hay mártires de la defensa del medio ambiente, vosotros también tenéis los vuestros…

R.-Hace 37 años, cuando comenzaba la explotación petrolera que iba a pasar por un lugar no contactado, un obispo y una religiosa, Alejandro e Inés, que tenían relación con algunas de esas comunidades indígenas aisladas, descendieron en helicóptero precisamente para tratar de protegerlos, explicar la situación y evitar posibles enfrentamientos con la petrolera. Pero los pobladores, que no conocían a nuestros hermanos, pensaron que eran de la petrolera y los mataron; son nuestros mártires. Pero hoy está prohibido explotar allí el petróleo y esas comunidades siguen viviendo aisladas. Hay una página web, https://alejandroeines.org, que cuenta la historia de esa lucha.

P.-Sé que estáis a punto de lanzar una iniciativa para combatir la tala indiscriminada de árboles que se viene haciendo…

R.-La explotación de madera provoca la despoblación arbórea: hectáreas y hectáreas sin árboles, porque las empresas no sustituyen lo talado con nuevos ejemplares. Desde el Vicariato hay una iniciativa para plantar un millón de árboles, que serán plantados por nativos, con la coordinación de “Pondera”, una empresa de Barcelona, y gracias a esa iniciativa se podrá apadrinar un árbol.

Hay que proteger la Amazonía, que es el pulmón del mundo, a todos nos corresponde salvarla. Invito a leer Querida Amazonía, a reflexionar sobre nuestras responsabilidades. y a difundir las noticias que llegan de allí, es una realidad que no nos puede ser ajena: de cada seis vasos que bebemos de agua, uno viene desde allá.

Autoría

  • Lala Franco

    Alandar me permite hacer una de las cosas que mas me gustan como periodista: entrevistar a esas personas que son la sal de la tierra porque van cambiando el mundo con su trabajo, su reflexión y su denuncia.  Además, es un espacio para la libertad y la creatividad dentro de la Iglesia, muy necesitada de ambas. Y me da pistas para vivir de un modo más solidario y menos consumista y para seguir alimentando el núcleo espiritual que nos vincula, desde lo profundo, con el mundo, con los otros y con Dios.  Por lo demás, ahora soy una periodista jubilada de TVE que se mete en muchos líos. En la Revuelta de mujeres en la Iglesia, por ejemplo. Y que está agradecida a dos espacios eclesiales: la JEC (Juventud Estudiante Católica, que me albergó de joven, y Profesionales Cristianos (PX), mi actual comunidad de referencia. Soy murciana y, además de mi tierra de origen, amo Madrid, donde vivo;  pero también la Montaña Oriental Leonesa y Asturias, donde paso buena parte de mi tiempo. La vida, pues, no cesa de abrirme a  paisajes y horizontes nuevos, en todos los sentidos. Y yo trato dejarme sorprender por la riqueza y la novedad que nos rodea y los mensajes de cambio que sugiere. 

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