Entrevista a Katharine Hayhoe, directora del Centro de Ciencia del Clima, Texas

Hoy he quedado (virtualmente) con Katharine Hayhoe, una científica climática de renombre mundial y con la que tengo ganas de hablar desde hace tiempo. Me encierro en una habitación lejos de mis dos encantadores pero posiblemente ruidosos niños (de 1 y 2,5 años) y cruzo los dedos esperando que no me descubran durante un rato.

por Eloy Sanz

Katharine Hayhoe, directora del Centro de Ciencia del Clima, Texas

La Profesora Hayhoe tiene una lista en Twitter de más de 3.000 “científicos del clima” en la que estoy incluido. Además, su trabajo ha sido reconocido por la revista Time, que la seleccionó como una de las 100 personas más influyentes y ha sido galardonada con el premio Champion of the Earth de la ONU. Cualquiera de estos motivos podría ser la razón por la que estaba tan emocionado de hablar con ella, pero no es así. Lo que realmente me asombra es su incansable esfuerzo por conectar con todo el mundo y hablar sobre el cambio climático. Se la ve a menudo en redes sociales, charlas TED y los vídeos de dibujos animados de Global Weirding, en YouTube, que recomiendo encarecidamente. Todo ello con el objetivo de ayudar al público en general a entender el cambio climático, sus causas, efectos y soluciones. Dejemos que nos hable ella de todo esto:

La cuarentena nos ha enseñado que podemos lograr cosas increíbles si realmente queremos.

En estos primeros meses de 2020, gran parte de la economía mundial se ha cerrado debido a la pandemia por coronavirus. ¿Cómo ha afectado la cuarentena a las emisiones de CO2?

En todo el mundo se han cerrado las fábricas y la gente se ha quedado en casa, así que las emisiones de CO2 han disminuido temporalmente, pero de manera importante, en muchos lugares. En China, se estima que cayeron un 25% en febrero y, en todo el mundo, se redujeron un 17% en abril en comparación con 2019.

El problema de esta reducción de emisiones es que no se ha logrado de manera sostenible. Se consiguió cerrando la economía, estando todos en casa, con los niños sin colegio, etc. Así, a medida que se va levantando la cuarentena y la economía vuelve a ponerse en marcha, las emisiones van alcanzando los valores que tenían anteriormente.

Las reducciones de emisiones durante la cuarentena no son sostenibles. Tenemos que reducir nuestras emisiones mediante eficiencia, energías renovables y cambios de comportamiento.

¿Esto quiere decir que no ha valido para nada? Definitivamente no. Lo que nos ha mostrado la cuarentena es que cuando realmente queremos, podemos lograr cosas increíbles. Para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, tenemos que reducir nuestras emisiones de CO2 entre un 40 y un 60 % para 2030. Debido a la cuarentena, en solo unas semanas hemos hecho entre un tercio y la mitad del trabajo marcado para 2030. Eso es absolutamente increíble. Pero no lo hemos hecho bien, porque las reducciones logradas no son sostenibles. Tenemos que reducir nuestras emisiones mediante eficiencia, energías renovables y cambios de comportamiento.

No veremos un cambio a largo plazo en la concentración atmosférica de CO2 como resultado de la cuarentena, pero sí hemos visto un gran cambio en nuestras actitudes y en lo que podemos lograr si realmente lo intentamos.

Sabiendo que hemos aprendido una lección aplicable en el desafío del cambio climático, ¿crees que cambiaremos algo individualmente o como sociedad?

Espero que sí en ambos casos. Me siento muy animada al ver ciudades desde Bristol a Milán aumentando permanentemente sus zonas peatonales y limitando el tráfico de vehículos como resultado de los cambios hechos durante la cuarentena. Muchas otras regiones están utilizando los paquetes de recuperación económica para invertir en desarrollo sostenible, reducir sus emisiones, su contaminación atmosférica y mejorar la calidad de vida de la gente.

Cuando todo está en juego, lo que importa no es mantener nuestro estilo de vida, sino la salud y la seguridad de nuestros seres queridos.

Personalmente, espero que también veamos cambios de comportamiento a largo plazo. Por ejemplo, en lugar de viajar yo llevo haciendo presentaciones virtuales durante años para reducir mi huella de carbono. Incluso hasta este año la gente era escéptica, pero ahora de repente todo el mundo hace videoconferencias. Así que creo que veremos una reducción significativa en los viajes, lo cual es una buena noticia. Pero posiblemente el cambio más grande es ser conscientes de lo diferente que puede ser el mundo y de que, cuando todo está en juego, lo que importa no es mantener nuestro estilo de vida, sino la salud y la seguridad de nuestros seres queridos.

Para preocuparnos por el cambio climático solo hace falta vivir en este planeta.

¿Cuáles son los peores efectos que podemos esperar debido al cambio climático?

El cambio climático es un problema mundial, pero nos afecta de manera diferente según el lugar donde vivamos. Si vivimos en la costa, el aumento del nivel del mar podría ser el aspecto más grave, porque podría inundar temporal o incluso permanentemente la zona en la que vivimos. Si vivimos en zonas vulnerables a los ciclones, huracanes o tifones, el hecho de que sean cada vez más fuertes y más dañinos, podría ser lo más importante. Donde no hay suficiente agua, si las sequías se hacen más fuertes podría significar el fin de la agricultura y nuestro sustento. Pero como cristiana, el impacto más grave en mi opinión es el hecho de que el cambio climático afecta desproporcionadamente a las personas más pobres y vulnerables del mundo: los más jóvenes, los más viejos, los más pobres… No importa dónde vivamos; son las personas más pobres las más vulnerables a los impactos de un clima cambiante. Incluso en las ciudades más ricas del mundo, cuando ocurre un desastre, cuando hay tormentas fuertes, olas de calor o inundaciones, ¿quiénes son los más afectados en esa ciudad? Las personas sin hogar.

Los partidos políticos deben aplicar el sentido común para reducir las emisiones lo más rápido posible mientras se preparan para los impactos de un clima cambiante y aseguran una transición justa.

¿Hay esperanza?  

Tiene que haber esperanza. Si no, ¿para qué hacer nada? Sin esperanza estamos abocados a una profecía autocumplida de desesperación.

A menudo creemos que la esperanza aparece cuando todo va bien. Pero no es así con el cambio climático, donde nos enfrentamos a un desafío muy, muy grande. Pero San Pablo, por ejemplo, dice que el sufrimiento produce perseverancia, la perseverancia produce carácter y el carácter produce esperanza. Para los cristianos, nuestra esperanza final está en Dios, pero en el día a día también encontramos esperanza en aquellas personas que hacen cosas buenas en todo el mundo frente al sufrimiento. Yo siempre intento buscar información e historias esperanzadoras para compartirlas.

Necesitamos esperanza para animarnos a la acción a largo plazo para resolver el cambio climático. El miedo a las consecuencias no nos motiva a largo plazo. Necesitamos esperanza.

¿A qué tipo de personas dirías que le preocupa más el cambio climático?

A menudo pensamos que para preocuparnos por el cambio climático debemos ser ecologistas, o verdes, o admiradores de Greta Thunberg. Pero la realidad es que solo hace falta vivir en este planeta, porque nos suministra todo lo que necesitamos para la vida. Los cristianos, aún más, deberíamos estar a la vanguardia exigiendo acciones sobre el cambio climático. En toda la Biblia se habla del amor y el cuidado de Dios por las piezas más pequeñas de la Naturaleza y por las personas más insignificantes: las viudas, los huérfanos, los pobres… Esas son las personas que nosotros estamos llamados a amar y son los más afectados por un clima cambiante. Por lo tanto, preocuparse por el cambio climático no es algo extra u opcional. Preocuparse por el cambio climático es una expresión genuina de lo que Dios nos ha hecho.

Por tus respuestas es evidente que eres cristiana y que lo dices abiertamente. ¿Es fácil tener este discurso en el mundo de la ciencia? ¿Ha habido grandes ventajas o problemas?

A menudo se supone que la mayoría de los científicos son ateos y, por lo tanto, hostiles a cualquier forma de creencia espiritual. Sin embargo, al menos en Norteamérica, la investigación ha demostrado que la mayoría de los científicos, el 70%, se consideran personas espirituales y yo lo he comprobado por experiencia. Muchos de mis colegas me han dicho que sus creencias les motivaron a estudiar ciencias en general y cambio climático en particular. Incluso compañeros que se describen como humanistas o ateos me dan ánimos para conectar con la comunidad cristiana y comprometerla.

Este mes es el aniversario de Laudato Si’: Sobre el cuidado de la Casa Común, la única encíclica escrita por el Papa Francisco. Hace una crítica dura del consumismo y el desarrollo irresponsable, lamenta la degradación ambiental y el calentamiento global, mientras llama a todas las personas del mundo a tomar “medidas globales rápidas y unificadas”. ¿Los cristianos se han implicado tras esto o no se lo han tomado en serio?

Tomarse o no en serio la opinión del Papa depende de cuánto respetemos su opinión en comparación con otras. Asheley Landrum, una colega de mi universidad, estudió el efecto de la encíclica del Papa en la opinión pública. Observó que tras su publicación, la valoración del Papa mejoró entre quienes previamente estaban de acuerdo con sus palabras, pero empeoró para aquellas personas que no compartían la opinión del Papa sobre el cambio climático, incluso aunque fueran católicos. La conclusión del estudio fue que en Estados Unidos, lamentablemente, las opiniones de las personas sobre el cambio climático provienen principalmente de sus ideas políticas, no de sus creencias.

¿Se puede aplicar esto también a los partidos políticos que se definen como cristianos? Hay muchos que no tienen el cambio climático en su lista de prioridades.

Bueno, eso es porque se llaman “cristianos” pero solo como etiqueta. Lo que creen está definido por su política y no por su fe. Jesús dijo: “Dadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” y creo que nos hemos confundido mucho sobre lo que es de Dios (el mundo en el que vivimos y cada ser vivo) y lo que es de César (nuestro dinero, la economía y la estructura de los sistemas humanos que hemos construido).

Hablando de política: ¿qué debe proponer un partido para convencernos de que realmente quieren abordar el cambio climático?

Ah, ¡esa es una gran pregunta!

Lo primero, un termómetro no es conservador ni progresista; un termómetro no te da una respuesta diferente dependiendo de cómo votes. Por lo tanto, todos deben reconocer que el clima está cambiando, que los humanos somos responsables, que los impactos son graves y que tenemos que actuar.

¿Cómo podemos actuar? Tenemos que reducir nuestras emisiones de CO2 tanto como sea posible para evitar todo lo posible el cambio climático. Y nos tendremos que adaptar a lo que no podamos evitar. La reducción incluye capturar CO2 del aire, que es tu campo de investigación. Si no reducimos nuestras emisiones y extraemos CO2 de la atmósfera, no podremos adaptarnos a muchos de los cambios porque serán demasiado grandes.

En segundo lugar, todos los partidos políticos deben aplicar el sentido común para reducir las emisiones lo más rápido posible mientras se preparan para los impactos de un clima cambiante y aseguran una transición justa. Muchas personas tienen trabajos que se eliminarán gradualmente a medida que hacemos la transición hacia la energía limpia. No se trata de cuidar a los ejecutivos petroleros, sino a los mineros del carbón.

Y tercero, un partido debe tener un plan que se extienda más allá de unos pocos años en el futuro. Nosotros planificamos para décadas y necesitamos que nuestros líderes también lo hagan. Si por ejemplo Estados Unidos quiere cumplir con los objetivos del acuerdo de París, tendría que invertir más a corto plazo. Pero simplemente con los ahorros en impactos climáticos, se recuperaría la inversión en una década o menos. Por lo tanto, es ilógico que un país no reduzca sus emisiones de CO2 hoy, a menos que no le importe el futuro más allá de unos cinco o seis años.

Además, no solo necesitamos que los gobiernos actúen: necesitamos acción en las grandes empresas, en las ciudades. Necesitamos organizaciones en todos los niveles que trabajen en soluciones. Porque nos afecta a todos y todos somos parte de la solución.

No solo necesitamos que los gobiernos actúen: necesitamos acción en las grandes empresas, en las ciudades. Necesitamos organizaciones en todos los niveles que trabajen en soluciones. Porque nos afecta a todos y todos somos parte de la solución.

Sobre las grandes empresas, tenemos hay algunas que dicen que realmente se preocupan por el cambio climático, pero que tienen grandes intereses en el carbón, el petróleo o el gas. ¿Cómo es eso compatible?

Exactamente. Hay compañías que dicen “Oh, sí, sí, nos importa mucho el cambio climático” y luego si miras lo que realmente están haciendo, resulta que no están haciendo nada o incluso peor que nada. Tienes razón, no podemos felicitar a las corporaciones que dicen que les importa, pero que demuestran lo contrario.

Entonces, ¿cómo ayudamos a las empresas a cambiar? Se puede hacer desde dentro, convirtiéndose en accionista y asistiendo a las reuniones anuales para abogar por el cambio. Otra forma importante es a través de la legislación gubernamental y una tercera a través del desarrollo tecnológico. Un ejemplo del tercer enfoque es que la pandemia podría ser el fin de la industria del carbón en Estados Unidos, porque la energía renovable fue muy fiable durante la pandemia y mucho más asequible. Y eso teniendo en cuenta que la actual administración de los Estados Unidos ha hecho todo lo posible para apuntalar a la decadente industria del carbón, invirtiendo en el pasado en lugar del futuro.

Hay empresas que no están haciendo nada o incluso peor que nada. No podemos felicitar a las corporaciones que dicen que les importa, pero que demuestran lo contrario.

¿Cómo ves el futuro de la energía?

Todavía necesitamos energía, hoy más que nunca. Pero la energía del futuro será muy diferente a la que hemos usado durante los últimos siglos. 2014 fue el primer año en que las nuevas instalaciones de energía renovable superaron a las nuevas instalaciones de combustibles fósiles. Hoy, más del 70% de la nueva electricidad instalada en todo el mundo ya es energía limpia. Incluso en Estados Unidos, los trabajos de más rápido crecimiento son en energía eólica y solar. Ya hay más empleos en energía solar que en combustibles fósiles.

Invertir en combustibles fósiles hoy es como invertir en caballos y carruajes en 1920, cuando Henry Ford y Mercedes-Benz ya estaban produciendo automóviles. Simplemente no tiene sentido invertir en la tecnología del pasado. Entonces, ¿por qué seguimos haciéndolo? Principalmente porque el uso de combustibles fósiles beneficia a algunas de las compañías más ricas del mundo y quieren que sigamos usándolos el mayor tiempo posible.

Los trabajos de más rápido crecimiento son en energía eólica y solar.

En mis debates sobre cómo será el mundo en el futuro, algunos argumentan que el consumo mundial de energía aumentará inevitablemente. Yo creo que ese pensamiento es peligroso porque elimina una contribución relevante para resolver el cambio climático incluso antes de comenzar a proponer soluciones. ¿Estás de acuerdo?

Sí, absolutamente. En los países ricos desperdiciamos mucha energía. Si Estados Unidos simplemente implementara las estrategias de eficiencia disponibles actualmente, reduciría sus emisiones de CO2 a la mitad. La energía más barata es la energía que nunca usamos.

Sin embargo, hay mil millones de personas en el mundo de hoy que no tienen acceso a la electricidad. Si generamos más energía a partir de fuentes renovables y si conseguimos reciclar paneles solares y turbinas eólicas de manera efectiva, entonces podremos aumentar la producción de energía. El Sol nos da suficiente energía en solo una hora y media para alimentar al mundo entero durante un año. Por lo tanto, no se trata de una limitación en el suministro. Es una cuestión de cómo estamos obteniendo esa energía.

Para terminar, tú sueles decir que lo mejor que podemos hacer sobre el cambio climático es hablar de ello, pero hay mucha gente a la que le gustaría hacer más. ¿Qué les dices?

En primer lugar, hablar del cambio climático es lo más importante que podemos hacer. Porque resulta que no hablamos. Y si no hablamos de ello, ¿por qué le vamos a dar importancia? Y si no nos importa, ¿por qué querríamos hacer algo al respecto?

Pero la manera en la que se habla de cambio climático es muy importante: no hay que abrumar a la gente con datos científicos, sino conectando los puntos entre lo que nos importa y cómo se ve afectado por el cambio climático. Y hablando de lo que podemos hacer (como familia, organización, negocio, ciudad, escuela…) para ayudar a solucionarlo.

También recomiendo unirse a una organización que amplifique nuestra voz y nos permita trabajar con otros y no estar solos. Puede ser una organización que comparta nuestros valores e intereses o una organización dentro de nuestro lugar de trabajo, nuestra comunidad o nuestra iglesia.

Y, por supuesto, podemos medir nuestra huella de carbono, descubrir qué podemos hacer para reducirla personalmente y luego hablar de ello. Decir a la gente: “Oye, ¿sabías que comiendo carne un día menos a la semana ya consigues reducir tu impacto? ¿O sabías que tomamos el tren en lugar de volar y nos fue muy bien? No solo consiste en hacer algo; compartirlo es también muy importante.

La gente podría pensar que hablar de cambio climático no es una tarea importante. Pero la investigación científica ha demostrado que las conversaciones crean verdaderos bucles de “retroalimentación positiva”. Cuanto más hablamos al respecto, más personas lo saben. Cuanto más saben, más preocupados están. ¡Y cuanto más preocupados están, más hablan de ello!

En mayo de 2019 un hombre se me acercó después de una charla que estaba dando en una universidad. “Vi su charla TED donde dijo que lo más importante que podemos hacer es hablar sobre el cambio climático”, me dijo, “¡así que decidí hacer eso! Tengo una lista de las personas con las que he hablado de cambio climático en mi ciudad. ¿Te gustaría verla?”

“¡Por supuesto!” Respondí, esperando una lista de quizás 70 u 80 nombres.

Metió la mano en su bolso y sacó una pila de papeles con diez mil nombres. “Gracias a nuestras conversaciones”, dijo, “nuestra ciudad acaba de votar una declaración de emergencia climática”.

¡Ese es el poder de la conversación!