Donde fluye el agua, crece la igualdad

En medio de una guerra en la que todo gira en torno al petróleo, el próximo domingo 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, en el que Naciones Unidas recuerda la importancia de este recurso básico e insustituible para la vida del planeta, así como el hecho de que no fluye igual para todas las personas, siendo las mujeres y las niñas quienes sufren las peores consecuencias.

Vinay Panjwani/ONU

En el Día Mundial del Agua 2026, desde Naciones Unidas nos recuerdan que “Donde fluye el agua crece la igualdad”. Este ha sido el lema propuesto para reflexionar durante ese día, porque el agua,  recurso básico e insustituible para la vida del planeta, no fluye igual para todas las personas.

Algunos datos que fundamentan el lema propuesto son los siguientes:

  • Unos 1.800 millones de personas siguen careciendo de agua potable en sus hogares (OMS/UNICEF, 2023).
  • En lugares donde las personas no tienen garantizado el ejercicio de los derechos humanos al agua potable y al saneamiento, las desigualdades se acentúan.
  • Las mujeres y las niñas sufren las peores consecuencias, porque son las principales responsables de ir a buscar agua y dedican más del triple de horas al día que los hombres y los niños en su recolección (ONU-Mujeres/DAES -Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas- 2024).
  • Ellas cuidan a quienes enferman debido al consumo de agua insalubre.
  • Con demasiada frecuencia, las mujeres quedan excluidas de la toma de decisiones relativas a la gobernanza del agua. 
  • Diariamente mueren en el mundo unos 1.000 niños y niñas menores de cinco años debido al agua insalubre, el saneamiento inseguro y la higiene deficiente. (OMS, 2023).
Ana Lydia Sekendi/ONU

En el Día Mundial del Agua se nos recuerda también que es necesario adoptar un enfoque transformador y basado en los derechos para afrontar los múltiples y graves problemas relacionados con el agua y que debemos reconocer las voces, el liderazgo y la capacidad de acción de las mujeres.

En efecto, cuando las mujeres participan en pie de igualdad en las decisiones relativas al agua, los servicios relacionados con este recurso resultan más inclusivos, sostenibles y eficaces. “Es preciso invertir en el liderazgo de las mujeres para hacer del agua una fuerza impulsora de un futuro más saludable, más próspero, con un enfoque basado en el derecho humano al agua para que beneficie a todas las personas”, según Naciones Unidas.

Actualmente, vivimos por encima de nuestras posibilidades hidrológicas y así se destaca en el informe realizado por el Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH en sus siglas en inglés), titulado La bancarrota del agua.

Nos encontramos en un contexto marcado por riesgos crecientes que afectan seriamente al recurso vital por excelencia, el agua, que, ineludiblemente, debemos abordar, tales como la cambiante situación climática, los desastres relacionados con el agua, las deficiencias en materia de gobernanza o la falta de financiación, a los que se une la “situación de bancarrota”.

En el informe se define la bancarrota del agua, en primer lugar, como la extracción excesiva y persistente de aguas superficiales y subterráneas en relación con las entradas renovables. En segundo lugar, como la pérdida resultante, irreversible o prohibitivamente costosa del capital natural relacionado con el agua.

Según Kaveh Madani, director y autor principal del informe, en muchas regiones no sólo se consume más agua de la que proporcionan las lluvias y la nieve, sino que se están agotando los recursos hídricos que se venían acumulando año tras año en acuíferos, glaciares y humedales.

Algunos de los datos que se recogen en el informe corroboran el concepto de bancarrota del agua:

  • El 50% de los grandes lagos existentes en todo el mundo han perdido aguas desde principios de los años 90 y el 25% de la humanidad depende de ellos.
  • El 70% de los principales acuíferos muestran un declive.
  • 410 millones de hectáreas es la superficie de los humedales naturales (casi igual a toda la Unión Europea) que ha sido eliminada en las últimas cinco décadas.
  • El 75% de la humanidad vive en países clasificados como críticamente inseguros en materia de agua.
  • Unos 4.000 millones de personas se enfrentan a una grave escasez de agua, al menos un mes al año.

Opina Madani que hay que sustituir los conceptos “estrés hídrico”-alta presión sobre el agua que es reversible- y “crisis hídrica” -fuertes impactos sobre el agua que pueden superarse- porque en muchos lugares “las pérdidas de capital hídrico son irreversibles”. Para afrontar la bancarrota hídrica, propone la reestructuración de la agenda global del agua, centrando los problemas hídricos en las negociaciones sobre el clima, la biodiversidad, la desertificación, la financiación del desarrollo y los procesos de paz.

Madani destaca que todo lo relacionado con el agua es una cuestión de derechos y de justicia con profundas implicaciones sociales y políticas: “En un mundo fragmentado en el que vivimos, el agua puede convertirse en un foco poderoso para la cooperación, conectando las necesidades locales urgentes con los objetivos globales a largo plazo; puede servir de puente para crear confianza y unidad entre y dentro de los países. Actualmente, tenemos una oportunidad estratégica importante para reaccionar y actuar”.

El Día Mundial del Agua debe contribuir a concienciarnos de lo que significa que todo lo relacionado con el agua, el recurso natural finito, un bien común, un derecho humano, se encuentra en bancarrota que, según el informe citado, se manifiesta en la pérdida paulatina de capacidad en cuencas fluviales y acuíferos para volver a la “normalidad” histórica. Simultáneamente, las sequías, la escasez y los episodios de contaminación, que antes parecían choques temporales, se están volviendo crónicos en muchos lugares del planeta.

En el Día Mundial del Agua debemos tomar en consideración que “donde fluye el agua crece la igualdad” porque el agua, como bien común, beneficia a todas las personas. Además, el acceso al agua es un derecho humano fundamental, inherente a todas las personas.

Autoría

  • Mª Teresa de Febrer

    Nací a mediados del siglo pasado en el Mediterráneo. Estudié Derecho y contemplé un amplio horizonte de posibilidades, pero el descubrimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos marcó mi rumbo, personal y laboral. Ya jubilada, intento compartir mi cosecha vital y abrir nuevos surcos para la siembra y el reconocimiento de los derechos humanos.

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