La arcilla es la caricia

GetAttachment2-3.jpgCon ocho años ya se planteó que “no podía haber un Dios castigador”. Y parece que eligió el Dios del amor, la curación y la caricia, como la arcilla que ella modela suavemente y que niños, jóvenes y adultos dan forma también en los talleres que dirige. La arcilla y las mujeres. La mujer y su lucha por salir adelante, por superar el circulo vicioso del machismo, de la sumisión; una lucha en la que ha tenido como referencia a un hombre, su padre. “Tenía un lado femenino muy desarrollado, y era además una persona muy tierna, con muchos valores, lo recuerdo con mucho cariño”. Y adora también a Julio Lois, “sencillo, honesto, no prepotente”, y a Rodríguez Castelao.

“He sentido a Dios haciendo barro”

Pero hablábamos de Dios, que “no es ni bueno ni malo. Ni es concepto. Es vivencia, experiencia”. Y lo ha sentido. “La arcilla es la caricia. He tenido experiencias muy bonitas. He sentido esa experiencia con el barro. Es algo inexplicable. Se siente mucho gozo, con libertad, sin miedo a nada. La fusión entre aristas, creación y creador es tal que te eleva. Es una experiencia de placer y de abandono. Espacio y tiempo desaparecen. Me imagino a Dios creador como algo que ama la obra, acompaña la obra, respeta la obra…”. Respeto. “Dios respeta… y la libertad deja al Creador entrar”.

Y la mirada de la artista, “una mirada hacia lo frágil y una denuncia, un dar visibilidad”. Porque “desde el arte se pueden decir muchas cosas”. “Somos como catalizadores. Una denuncia que se plasma”. Y aún más. “Una sociedad que no es capaz de contemplar, de fijar la mirada en los últimos, es una sociedad enferma. La mirada del alma es una mirada que te cuestiona”. Ella siempre, desde pequeña, cultivó esa mirada que se preocupa y se cuestiona, que se duele con la pobreza y la injusticia, la cultivó con gente de su barrio, con la gente que encontró en su camino… con los humildes, “esa gente me ha rescatado”. En la charla las palabras de Mar nos llevan a recordar otras, de Belén Gopegui, otra mujer en la vanguardia de la defensa de los últimos. “Si la sociedad humana logra no destruirse y vivir doscientos años puede que comprenda, como algunas tribus pequeñas comprendieron la necesidad de proteger a sus sujetos frágiles» (De El padre de Blancanieves, Belén Gopegui).

La mirada de nuestra escultora cuestiona; ya cuestionaba de muy niña, allá en Galicia y después en Madrid. “En la niñez y la adolescencia supe lo que iba a ser mi vida actual. Vi en el vecindario el maltrato a mujeres y cómo una vecina denunciaba con valentía, y vivía las luchas de la izquierda… Todo eso me marcó y quizá señaló una senda”. Esa sensibilidad está en su camino. “Me duelen la pobreza y la injusticia, no lo soporto”.

Arcilla, espíritu, libertad, conciencia

Y la mirada de los niños también la vivió y la vive en la actualidad. Los niños, su “mirada virgen, inocente”; y manos que modelan “sin prejuicio y sin temor”, sin haber sido ellos excesivamente modelados antes. Y sacan lo que realmente llevan dentro, lo que fluye “libremente” de su espíritu y sus sentidos. La arcilla como arte de libertad, de expresión libre…
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Y el arte como instrumento curativo también, como ese algo que “amansa”, en el que volcar las sensaciones que nos son más negativas y transformarlo en positividad. Ha trabajado con chavales difíciles, con adolescentes de institutos, con enfermos mentales… y con todos ellos ha experimentado las capacidades de catalizador y transformador de la arcilla, al modo de “energía que fluye” y “se transforma y transforma”. Esa una de las grandezas del barro que, tal vez como supo intuir Baudelaire y mostraba en sus versos, es precioso y se convierte en algo así como oro cuando se toca y se modela. No es un metal precioso, es la arcilla preciosa que crea arte y es modelada por el espíritu y modela el espíritu también, La estética y el espíritu unidos creando belleza; el espíritu y la estética mostrando lo que a menudo nos negamos a ver, los hachazos y los dolores que también forman parte de la realidad. Son las discriminaciones, las desigualdades, el maltrato, la mendicidad, las violencias, el dolor, el lado oscuro… que el arte refleja o que hace vivas o que les da memoria y protagonismo como un grito de quienes no tienen voz y el arte se la otorga, y a los que miran les recuerda que eso es, que eso existe, y les interpela, les remueve la conciencia, les llama…

Mujeres, justicia, derechos y autonomía

Y las mujeres. Y su autonomía. Y sus derechos sexuales y reproductivos, “uno de los objetivos del milenio”. Y que un día ya no haya miedo, ni dominio, ni tengan que “seguir pagando” los platos que todos rompemos “las mujeres pobres”, que sufren doble discriminación y esclavitud, y a veces incluso triple (las indígenas). Y pone el ejemplo de lo que ocurre en muchos países de África y América Latina, donde tantas mujeres “mueren al dar a luz”, donde “no hay acceso a medios anticonceptivos”, donde “no” hay una sanidad en condiciones… y hay tanto por hacer.

En esta lucha está metida desde Católicas por el Derecho a Decidir, organización de mujeres católicas que disienten de la doctrina sexual de la Iglesia institución. Lo hacen “desde un discurso bastante serio, trabajan por esos “derechos sexuales y reproductivos” de los que ahora tantas mujeres carecen de hecho y por la “equidad de género”, por una “buena educación sexual” y por que las mujeres puedan “parir” de manera “digna” y en las condiciones adecuadas y deseables.. Y, sí, “a favor de la decisión de la mujer y de la conciencia última de la persona” a la hora de decidir si tener o no hijos.

Para ello aboga por “cambios de posturas culturales y religiosas en la sociedad actual”; transformaciones que hagan posible, entre otras cosas, que en los países del Sur “se reduzca la mortalidad en el parto”, que es altísima, y que las mujeres tengan acceso “a una sanidad pública y digna” para poder desarrollarse como madres digna y libremente.
En Católicas, cuenta Mar, se aboga “por los derechos humanos y la justicia social, crear debates, por que fluya la información, por crear corrientes de opinión”. Tampoco dejan de lado otras cuestiones que consideran importantes y que están presentes en sus procesos, como “la necesidad de revisar los privilegios de la Iglesia”, las “relaciones Iglesia-Estado” o la “laicidad”.

He aquí el mensaje esencial: “Queremos animar a las mujeres a que se levanten, que se unan y que decidan”.

Contacto: Mar Grandal Seco

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