Un día de luz

Acompañar a presos que tienen muy difícil optar a salidas o permisos por falta de apoyos externos o por dificultades añadidas como deficiencias físicas o enfermedad mental. Esa es la razón de ser de Entainar, una ONG asturiana que tiene la medalla de plata al Mérito Social Penitenciario.

Cinco mujeres de entre 40 Y 60 años reunidas en torno a una mesa charlan de su día a día en la cárcel. Lo hacen con libertad, tienen ganas de hablar y surgen fácilmente las quejas sobre los comportamientos en la prisión: el ruido, los clanes, algunas envidias, la gente buena y la menos buena, las generosas y las que tienden a aprovecharse… Se menciona mucho “el patio”, el centro de la vida colectiva en el que se revelan los comportamientos y problemas de las 75 internas del módulo de mujeres de la cárcel de Asturias en el que ellas están.

Hoy es un día especial, día de salida terapéutica, que comienza con este taller de control de emociones, al que asisten también la asistenta social y la psicóloga del módulo, y que se desarrolla en Oviedo, en el local y con la moderación de Afesa (Asociación de familiares y personas con enfermedad mental de Asturias). En la prisión, donde la asociación también imparte talleres, la afluencia es poca, la referencia a la salud mental sigue siendo un estigma. Muy pocas identifican el bienestar personal con la salud mental. A pesar de que la incidencia de problemas psicológicos es muy alta en la cárcel, tanto en hombres como en mujeres, se escucha mucho el “eso es para los locos y yo no estoy loco”. En la cárcel, hay muchas discapacidades mentales no reconocidas, algunas fruto de las drogas y otras no. La atención es escasa por la falta de psiquiatras.

En este contexto, sin embargo, todas se expresan con libertad y se quitan la palabra unas a otras para contar sus vivencias, en las que aflora la dureza inevitable de la vida en reclusión. No se habla de delitos ni de condenas, no se pregunta a nadie por la historia personal; sólo se comenta libremente el estado de ánimo, el momento vital. La moderadora interviene sobre todo para recordarles que hay herramientas de control emocional que ellas pueden usar para gestionar mejor los estados de ánimo negativos.

Al acabar la sesión, poco más de una hora y media, tomamos un café en la terraza del bar de la esquina. Es un momento muy gustoso para ellas, como lo son todas esas ocasiones de volver a disfrutar de momentos “normales” que antes eran cotidianos y ahora están excluidos de sus vidas: un paseo, una llamada telefónica, entrar en el súper, comprar algo… Sin embargo, en las salidas como ésta, que han de ser propuestas por la Junta de tratamiento de la cárcel y autorizadas por Instituciones Penitenciarias en Madrid, también hay restricciones: no se puede tomar alcohol ni por supuesto ninguna otra sustancia, con la excepción del tabaco, del que hacen uso generoso. En general, el tabaquismo en las cárceles es muy alto; eso sí, tabaco de liar, el más económico. Tampoco se pueden tener encuentros con familiares, ni hacer llamadas telefónicas ni compras, si no están acordadas. Todas las actividades de este día están previamente decididas y aceptadas y se desarrollan bajo la responsabilidad de la entidad que las ha propuesto y las financia. El nombre de la ONG es Entainar, que en asturiano significa salir de la postración, levantar cabeza: “entaina, rapaz…”, se dice, espabila.

Se trata de dar un poco de oxígeno a quienes lo tienen más difícil. Con la ventaja de que los funcionarios acompañan voluntariamente en estas salidas en las que se establecen unas relaciones distintas a las del módulo carcelario. “También es bueno que los funcionarios vean que no somos unos inocentes que vamos a reírles las gracias a estos malos. Aunque tenemos que decir que no nos ponen dificultades y que la dirección de la cárcel nos escucha y percibimos que nos valora. El año pasado, la directora de la cárcel, la primera mujer directora de la cárcel de Asturias, vino un día a comer con nosotros y con los presos; también viene una vez al año la jueza de vigilancia penitenciaria”. Lo dice Chuso Álvarez, presidente de Entainar, trenzando esperanzas, una Asociación laica que surgió hace 15 años a raíz de una constatación de la Pastoral Penitenciaria de Asturias que vio que había presos con derecho a disfrutar de permisos que no salían porque no tenían a nadie para acogerlos, en unos casos por ausencia de familia, en otros porque las familias se desentendían, estaban cansadas de su comportamiento, o se sentían incapaces.

Tras el café, el segundo paso de la salida terapéutica de hoy se desarrolla en un parque boscoso cercano con la ayuda de La Llobera, una asociación de recuperación de perros abandonados, a los que educan para asistencia o rescate. Ali, la responsable, presenta a las mujeres el historial de los animales, Sagu, Meisy y Adrián. Meisy había pasado por seis familias que lo devolvían a las protectoras, hasta que en La Llobera descubrieron que era sordo y lo han recuperado desarrollando para él un conjunto de señales que lo guían. La historia de Adrián es dramática, vemos las fotos de su estado de abandono cuando fue descubierto. Sagu es la veterana, tranquila, tiene ya 12 años y se deja mimar.

La hora se pasa en actividades con los tres perros y cuesta despedirse. Este taller se ha incorporado recientemente a las actividades de Entainar, que ha desarrollado toda una Metodología del acompañamiento.

La Asociación tiene un modesto piso en el centro de Oviedo, cedido por la Iglesia, donde acoge a los internos que pueden salir para permisos, 4 o 5 de cada vez. Su trabajo, explica Chuso, “acompañar, acompañar, acompañar…”. 15 voluntarios y dos empleados -una trabajadora social (pedagoga) y un técnico de integración social- se encargan de ello.

Los permisos penitenciarios, de 3 o 6 días, incluyen la firma de un contrato terapéutico con Entainar con normas básicas de convivencia en el piso: respetar a todos, el aseo, colaborar en las tareas domésticas, no consumir alcohol ni drogas y no hacer recados para otros presos. Previamente, la trabajadora social de Entainar ha diseñado con ellos un plan personalizado según sus necesidades y preferencias, que puede incluir visitas a la familia o amigos, alguna compra, ir al banco o hacer gestiones. Si hay visitas familiares, Entainar se encarga de contactar anticipadamente con las familias para saber si acceden, porque “muchas soportaron mentiras continuadas y agotaron paciencia y recursos”, dice Chuso. Pero la salida de los presos acompañados y el hecho de que duerman en otra casa ofrece un escenario más favorable.

Para los que están ya cerca de la libertad, “se estudian con ellos las perspectivas de trabajo y vivienda. Y para los que tienen relaciones de pareja o hijos, ver si hay algo a recuperar”. Con los condenados por pederastia, “que son siempre el ámbito familiar, tratamos de que no se pongan en contacto… ha habido quien ha tratado de contactar con una menor y hemos tenido que comunicarlo a la jueza”. También hay que vigilar que respeten las órdenes de alejamiento; el porcentaje de presos con condenas por maltrato ha subido exponencialmente, son el 40% de los que salen con permisos con Entainar. Han tenido que hacer el curso de violencia de género, pero el cambio de mentalidad es difícil, tanto dentro como fuera de la cárcel.

¿Cuál es el nivel de cumplimiento de las normas pactadas? “El nivel de confianza es de ida y vuelta: se les deja confianza si ellos cumplen, si llegas borracho y tarde, pues no. Pero la gente cumple. En todo caso, se usa el alcoholímetro si es necesario. Si uno incumple y monta lío, se informa, pero intentamos que no se les denieguen permisos, siempre desde la confianza mutua y la reconvención. Lo peor es el último permiso, cuando saben que se van en diez días y ya no hay consecuencias posibles si no hay delito”.

La comida en las salidas y permisos es muy valorada por los presos y presas, dice Chuso. Entainar lo sabe y la cuida. Hoy, la comida con las presas de la salida terapéutica es en el parque, en unas mesas de picnic al aire libre. Uno de los voluntarios de Entainar ha preparado un menú casero y gustoso: ensaladilla rusa, cachopos y tarta de queso. Se come “asgaya”, que dicen en Asturias; se repite, se disfruta a fondo la comida, elaborada con primor.

Pero hay que levantarse porque el día tiene todavía una última parada: un paseo a caballo por el monte. Cayetano, el responsable de “Asturias a caballo”, las acoge en un entorno de monte y les explica las normas básicas y cómo llevar las riendas. Algunas no quieren montar, se conforman con cepillar o acariciar a los animales; es algo habitual también en otras salidas con hombres. Luego, vistiendo el chaleco y el casco preceptivo, suben sobre los cinco caballos en fila india por el monte en medio de castaños y abedules. Es un paseo corto, bien medido, para quienes no tienen la costumbre de montar, pero es la última actividad de un día distinto para todas ellas.

¿Cuál es el resultado de estas jornadas y de las salidas, la mayoría con hombres? “Nosotros tenemos que aprender a vivir con el fracaso. Y si alguien de los que sale consume, por ejemplo, se te viene el ánimo abajo. ¿Cómo se mide el éxito? Si conseguimos que la gente rehaga su vida fuera de la cárcel… y los hay, gente que tiene su pareja, su trabajo, y no siempre son los que tenían más papeletas. Pero a veces los reencuentras de nuevo en prisión y es otro momento doloroso”.

Al igual que las muertes: de las 500 personas acompañadas por Entainar en 15 años, 25 han muerto, “la mayoría por patologías vinculadas al consumo. El alcohol es el problema mayor, porque es barato y fácil de conseguir y nadie dice nada si te ve comprar vino o cerveza. Tratamos de que vayan a una sesión de Alcohólicos Anónimos, que se den cuenta de que el peligro está ahí y de que los drogadictos somos enfermos y, si no nos reconocemos, pues recaemos, y eso les pasa a los que están en la cárcel sin beber mucho tiempo, recaen porque no se reconocen como afectados por esa enfermedad crónica”. Los éxitos son poco aparentes en esta tarea, pero Entainar mantiene la casa como una referencia para gente que ya ha salido y va de visita o necesita ayuda, siempre que no vayan bebidos ni con consumos.

¿Por dónde va el futuro? Chuso lo tiene claro: “hay que ir a otros modelos, porque no tiene sentido que la gente entre y salga sin parar. Tenemos que encaminarnos a un modelo de justicia restaurativa que está lejos. Estamos en una sociedad punitiva, todo se arregla ante cualquier problema social grave con más penas. Hay que ir al reconocimiento de la víctima, pero también a la restauración del agresor. Pero vamos a cada vez más años de cárcel y el modelo carcelario produce unos deterioros tremendos: pérdidas físicas, de oído, de visión, y, claro, de relaciones sociales. Hay que combatir esos tópicos sobre los presos: que tenían que estar más años, que viven muy bien, que cobran, que tienen piscina, que entran por una puerta y salen por otra. Eso lo dice quien no se ha acercado a una prisión en su vida. No hay que acercarse a ellos de manera lastimera, es que todo el mundo puede reconstruir su vida y para eso necesita que se le eche una mano. Nosotros no preguntamos las causas, las sentencias por qué son. Es una tarea a largo plazo: resistir, persistir, insistir y nunca desistir”.

Tras el paseo a caballo, las cinco presas de esta salida terapéutica han de volver a la cárcel; en la puerta se comerán los últimos pasteles que les quedan de la comida porque en la prisión no se puede introducir nada de fuera. Pero ellas le han puesto ya un título a la jornada de hoy al acabar la tarea con los perros, cuando la monitora les ha pedido que escojan una carta con un grabado y expliquen su significado. Ha sido: “un día para luchar contra los monstruos, un día de fiesta, un día de luz”.

Autoría

  • Lala Franco

    Alandar me permite hacer una de las cosas que mas me gustan como periodista: entrevistar a esas personas que son la sal de la tierra porque van cambiando el mundo con su trabajo, su reflexión y su denuncia.  Además, es un espacio para la libertad y la creatividad dentro de la Iglesia, muy necesitada de ambas. Y me da pistas para vivir de un modo más solidario y menos consumista y para seguir alimentando el núcleo espiritual que nos vincula, desde lo profundo, con el mundo, con los otros y con Dios.  Por lo demás, ahora soy una periodista jubilada de TVE que se mete en muchos líos. En la Revuelta de mujeres en la Iglesia, por ejemplo. Y que está agradecida a dos espacios eclesiales: la JEC (Juventud Estudiante Católica, que me albergó de joven, y Profesionales Cristianos (PX), mi actual comunidad de referencia. Soy murciana y, además de mi tierra de origen, amo Madrid, donde vivo;  pero también la Montaña Oriental Leonesa y Asturias, donde paso buena parte de mi tiempo. La vida, pues, no cesa de abrirme a  paisajes y horizontes nuevos, en todos los sentidos. Y yo trato dejarme sorprender por la riqueza y la novedad que nos rodea y los mensajes de cambio que sugiere. 

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