Muertes, desapariciones y silencio

Las cifras que aparecen en el informe del Observatorio de Derechos Humanos (2024) de Ca-minando Fronteras (premio Alandar 2014), un colectivo en defensa de los derechos de las personas y de las comunidades de migrantes, nos mueven y conmueven porque detrás de cada número hay un ser humano que, como tal, tiene derecho a la vida.

Cayucos mauritanos en el puerto La Restinga de El Hierro. Foto: Ca-minando Fronteras. 

En el informe “Derecho a la vida 2024”, cerrado el 15 de diciembre, figuran 10.457 personas fallecidas el año pasado en las rutas de acceso a España en la frontera occidental africana, que incluye las rutas atlánticas (entre Agadir-Dajla, la mauritana y la de Senegal-Gambia), así como las mediterráneas (la argelina del Mediterráneo occidental, la del estrecho y la de Alborán). Las atlánticas hacia las islas Canarias se consideran las más letales.

En 2024, el promedio diario de víctimas ascendió a unas 30 personas, frente a las 18 víctimas contabilizadas en 2023. Desaparecieron 131 embarcaciones con todas las personas a bordo. Hombres, mujeres, niños y niñas de 28 países africanos murieron intentando llegar a las costas españolas. Todo ese reguero de víctimas se produce en un contexto de políticas centradas en el control migratorio que deshumanizan y criminalizan a las personas migrantes, al tiempo que sus derechos quedan vulnerados. En efecto, como se destaca en el informe, al centrar el control migratorio en el enfoque de ‘interceptación migratoria’, se traslada la responsabilidad del rescate a terceros países con recursos y capacidades limitados, a cambio de incentivos económicos y estratégicos”.

Son políticas cuyas consecuencias son la muerte de miles de personas, políticas de omisión del deber de socorro y la priorización del control migratorio antes que la protección de la vida. En pocas palabras, políticas que amenazan la vida y dejan a un lado las normas establecidas en la Convención de Naciones Unidas para la Protección de la Vida en el Mar en la que se establecen normas para la seguridad de la navegación y la protección de las personas en el mar. Concretamente, la Convención incluye disposiciones relativas al rescate de personas en peligro en el mar y establece la obligación de los Estados de garantizar la cooperación en operaciones de rescate; sin embargo, en una interpretación distorsionada de dicha Convención, como se califica en el informe, los rescates se convierten “en una constante negociación diaria, en la que las vidas que están en riesgo quedan sujetas a intereses políticos”.

El pasado año, Ca-minando Fronteras siguió analizando las tragedias migratorias e identificó un aumento de víctimas vinculado a la falta de activación de los protocolos de rescate. De este modo, muchas embarcaciones en riesgo que habían sido geolocalizadas no recibieron asistencia inmediata.

Destacan que las personas llegan a las embarcaciones en situaciones de extrema vulnerabilidad que las empuja a aceptar condiciones de viaje muy peligrosas, se utilizan infraembarcaciones, se realizan salidas en condiciones meteorológicas muy adversas, sin apenas agua y comida. En consecuencia, la violencia se hace presente a lo largo del viaje.

Estas son algunas de las realidades descritas en el informe que “lejos de ser evaluadas por los Estados como un signo de vulnerabilidad que debería impulsar el fortalecimiento de las capacidades para proteger la vida, son interpretadas en términos de una ‘guerra migratoria’. En este contexto, la prioridad es que las personas no lleguen a Europa, incluso a costa de miles de vidas humanas”. De este modo, los servicios de salvamento y rescate constituyen un elemento de control migratorio, “lo que incide directamente en el aumento de las víctimas en las rutas migratorias.”

Otro de los temas que se aborda es la invisibilización de la presencia de mujeres, de niños y niñas. Las causas hay que buscarlas en la violencia estructural existente contra las mujeres y la criminalización de los niños y niñas migrantes. La realidad se obstina en demostrar que las mujeres suelen viajar con sus hijos e hijas. Con frecuencia, dan a luz durante el tránsito migratorio enfrentando una maternidad en situaciones de total vulnerabilidad. Las mujeres provienen de lugares extremadamente empobrecidos, en muchos casos se ven forzadas a trabajar en condiciones de esclavitud para poder pagar el viaje que suponen las liberará de las violencias estructurales a las que están sometidas.

La presencia de niños, niñas y adolescentes en las rutas migratorias va en aumento, especialmente, en la ruta atlántica y la del Estrecho hacia Baleares. Su desprotección es total porque se les considera migrantes antes que seres humanos. Son instrumentalizados, moneda de cambio, mera mercancía.

El colectivo Ca-minando Fronteras viene elaborando sus informes cuyos datos e investigaciones están al servicio de las familias, de las víctimas y de las comunidades, conscientes de que toda la información acumulada les servirá para aunar esfuerzos en la búsqueda de personas desaparecidas y la identificación de personas muertas, lo que supone una ardua tarea para los familiares que deben realizar sin garantías administrativas. “El impacto legal, social y psicológico de las desapariciones y el proceso de búsqueda afecta profundamente a los familiares, quienes suelen vivir en un estado de duelo no resuelto”.

Los familiares se encuentran en situación de indefensión y se organizan para desplazarse y poner denuncias, recurren a personas cercanas, a redes comunitarias, municipales…, lo que se traduce en incertidumbre y un gran desgaste emocional ya que, mientras no hay evidencia de muerte hay esperanza de vida, razón por la cual buscan sin descanso. Como se solicita en el informe, “es fundamental que se apliquen todas las garantías de búsqueda e investigación a las personas desaparecidas en frontera como tienen el resto de personas desaparecidas en el Estado español”.

Con demasiada frecuencia, en Ca-minando Fronteras oyen el lamento de familiares: “mi hermano no ha llegado”, “no tengo noticias de mi marido”, ¿dónde está mi mujer y mis hijos?… Con demasiada frecuencia, el silencio es la respuesta y muchas búsquedas fallidas.

Autoría

  • Mª Teresa de Febrer

    Nací a mediados del siglo pasado en el Mediterráneo. Estudié Derecho y contemplé un amplio horizonte de posibilidades, pero el descubrimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos marcó mi rumbo, personal y laboral. Ya jubilada, intento compartir mi cosecha vital y abrir nuevos surcos para la siembra y el reconocimiento de los derechos humanos.

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