Los Derechos Humanos, lo esencial de cada día

Hace unos días, desde Naciones Unidas nos proponían celebrar, un año más, el aniversario de la firma de la Declaración Universal de Derechos Humanos -el 10 de diciembre de 1948-, un documento que recoge “los compromisos mundiales más revolucionarios” y consagra los derechos inalienables que toda persona tiene como ser humano, independientemente de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. En pocas palabras: todas las personas somos titulares de derechos que los Estados deben respetar, proteger y garantizar.

En tiempos tan convulsos e impredecibles como los que estamos viviendo, muchas personas sienten una creciente sensación de inseguridad, de desencanto y alienación; de ahí que el lema propuesto para este año nos llevará a considerar los derechos humanos como “Lo esencial de cada día”, a reafirmar sus valores y mostrarnos que deben seguir dando forma a nuestra vida, a todas y cada una de las personas, a la humanidad en suma porque “Nada en la Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere al Estado, a un grupo o a una persona para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración” (Artículo 30).

Este año que termina ha venido marcado por crisis interconectadas con repercusiones económicas, políticas, sociales y medioambientales que están afectando profundamente a todo el planeta. En efecto, el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia el bienestar y, en especial, la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios” (artículo 25.1), actualmente, no está garantizado a millones de personas; las desigualdades y las discriminaciones en su sentido más amplio imperan en muchas sociedades; la crisis climática impacta directamente en la salud y la vida de las personas, especialmente en las más vulnerables; proliferan guerras en todos los continentes… “Lo esencial de cada día”; los derechos fundamentales que creíamos anclados ya en nuestras sociedades están, en muchos casos, en retroceso. Se va difuminando la obligación de los Estados de respetar, proteger y garantizar los derechos humanos.

En palabras del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, “los derechos humanos son nuestra brújula en tiempos turbulentos, nos guían y nos dan estabilidad en medio de la incertidumbre”, y afirma que en este año “los propios cimientos de los derechos humanos han sido puestos a prueba. Las desigualdades están aumentando, los conflictos están ardiendo, la emergencia climática sigue creciendo, y se están creando e intentando profundizar las divisiones dentro de las sociedades y entre los países”.

Hoy más que nunca resulta ineludible acercar los principios de los derechos humanos y de sus valores fundamentales -igualdad, justicia, libertad y dignidad- a las experiencias diarias para que sean “Lo esencial de cada día”.

Desde Naciones Unidas nos animan a “despertar nuestras conciencias y fomentar acciones personales y colectivas para seguir demostrando que los derechos humanos son esenciales y alcanzables; una norma común de logros para todos los pueblos y todas las naciones; un proyecto global para leyes y políticas internacionales, nacionales y locales”.

Hace unos días, el papa León XIV, en su discurso a los nuevos embajadores acreditados en la Santa Sede declaró: “Quiero reafirmar que la Santa Sede no permanecerá de brazos cruzados frente a las graves desigualdades, las injusticias y las violaciones de los derechos humanos fundamentales en nuestra comunidad internacional, cada vez más fracturada y sujeta a los conflictos”.

No obstante, el Vaticano no ha suscrito formalmente la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, ni la mayoría de los pactos internacionales de DDHH, actuando como Estado observador en la ONU.

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