“Lo que hacemos es enseñar a cuidar la vida, centrándonos en los valores de las familias”

ENTREVISTA A MISIONEROS LAICOS EN LA AMAZONÍA ECUATORIANA

Jornada deportiva con jóvenes del barrio, 2024. Foto: Iván Izurieta.

En Coca, la capital del distrito de Orellana, al norte de la Amazonía ecuatoriana, un grupo de jóvenes trabajan como misioneros laicos en el Vicariato de Aguarico, en un proyecto animado por los capuchinos, que se basa en el apoyo a las comunidades locales empobrecidas, y que trata también de evitar la desaparición de las culturas indígenas.

Rocío Ramírez es argentina, creció en la provincia de Corrientes, viene de la espiritualidad de terciarias capuchinas, donde ya colaboraba en proyectos sociales.

Iván Izurieta, 27 años, es del mismo Coca. Aunque es protestante, estableció contacto con los capuchinos por su labor social. Y Jhery Rivera, el más joven del grupo, de 21 años, también es ecuatoriano. Trabaja, como los demás, en el equipo de pastoral indígena en el ámbito del trabajo con los jóvenes kichwas y mestizos. Esta región de la Ecuador tiene el mayor porcentaje de población indígena del país: kichwas, waoranis y shuaras mayoritariamente. 

¿Qué impulsa a estos jóvenes a dedicar varios años de su vida a esta labor sin beneficio económico alguno? IVÁN: Yo trabajo en un barrio peligroso de la ciudad El Coca para prevenir el tema de adicciones. Cumplí 27 años aquí, en la misión, y colaboro con los proyectos de prevención de adicciones, con niños adolescentes y padres de familia, en el segundo barrio más conflictivo de la ciudad: por inseguridad, comercio de sustancias… La intervención del Vicariato se realiza a través de crear jornadas lúdicas para prevenir las adicciones. ¿Mi motivación? Estoy aquí para hacer un trabajo muy sincero con las personas. El vicariato, de la mano de misioneros o laicos, hace un trabajo directamente evangélico, de amor al prójimo, y alejado de otros intereses políticos. Soy periodista pero no ejerzo ese trabajo ahora. Soy protestante y me motiva ese amor al prójimo, es lo que aprendí en la casa de mis padres: amar a través de la acción.

ROCÍO: Soy misionera laica desde hace año y medio y soy docente. Trabajo en el mismo proyecto que Iván: talleres integrales para el cuidado de la vida; lo hacemos mediante la educación emocional, y talleres lúdicos y artísticos. Se trata de mejorar su calidad de vida para evitar la tentación. Pero nosotros ni mencionamos la droga, no queremos darles más información sobre droga o adicciones, ya tienen bastante, ponemos el foco en otro lado.  ¿Mi motivación? tratar de ayudar. Ya había participado antes en una parroquia en acompañamiento a niños, o preparando la cena para personas en situación de calle, a partir de recoger donaciones de personas de la parroquia u otras. Me enteré del proyecto por otro hermano laico y otra religiosa que son gente muy volcada a lo social y con los excluidos.

JHERY:  Soy el más joven, tengo 21 años, pertenezco a la comunidad de misioneros laicos de Alejandro e Inés, ahora en vías de constitución como organización de laicos. Alejandro e Inés son venerados en este vicariato: son Alejandro Labaka, obispo de la zona, e Inés Sarango, religiosa, ambos asesinados en la Amazonía Ecuatoriana en 1987, en una visita a un grupo indígena en aislamiento voluntario que los confundió con enviados de las petroleras. Para la población son un ejemplo a seguir en la defensa de los indígenas de la Amazonía, y se postula la canonización de ambos.  Desde 2019 en que conocí el proyecto, me fue motivando cada vez más. Yo trabajo en la pastoral indígena de jóvenes. Trabajamos aspectos como la conservación de la lengua propia y que los jóvenes presten servicios a la comunidad y participen en las mingas o trabajos comunitarios. Los kichwas viven en comunidades, a una hora u hora y media del Coca. Hay 84 comunidades atendidas por el Vicariato mediante 14 misioneros que trabajan con esta cultura, yo trabajo con tres de ellas.

CUIDAR LA VIDA

Esa frase podría muy bien resumir el propósito de su trabajo.  “Lo que hacemos es enseñar a cuidar la vida, centrándonos en los valores de las familias, en la educación emocional y en los hábitos positivos. Hacemos talleres de pintura, este año también de danza, en coordinación con la Casa de la cultura; queremos trabajar en red con todas las instituciones que ofrece el medio donde estamos”, nos cuenta Rocío.

Antes de nada, hicieron muchas entrevistas en el barrio para establecer un diagnóstico compartido y saber cuáles eran las necesidades y deseos de la población.

Y ellos fueron los que reclamaron espacios de formación para madres y jóvenes, para que ellas asuman progresivamente la dirección de las actividades: “las mamás y las abuelas son muy importantes, han ido llegando invitándose unas a otras, se trata de que ellas sean las animadoras a futuro de la comunidad”.

Primero, cuenta Iván, contactan con el presidente del barrio, se presentan como miembros del Vicariato y que quieren trabajar con jóvenes, niños y familias. Lanzan un estudio para detectar sus necesidades y sus intereses. “Los misioneros presentan al barrio el diagnóstico y las personas ven la sinceridad de los misioneros en ese barrio urbano marginal, cerca del rio, en zona de riesgo. Ven a los misioneros como una ayuda concreta, entre gente que perdió un poco la confianza en las instituciones”.

Por ejemplo, en mayo las fuertes lluvias provocaron la inundación del barrio, que está junto al río.  La casa comunal se vio afectada y tuvieron que suspender los talleres temporalmente y el Vicariato acogió a personas de ese barrio que se habían quedado sin casa; “la gente apreció ese atender la emergencia. Luego se dieron los talleres en la casa de la pastoral social”

“Tratamos de aprovechar todas las oportunidades y de trabajar en red”, por ejemplo, con La Casa de la Cultura Ecuatoriana, una institución nacional que quiere fomentar la cultura, con la que hicieron un convenio por un periodo largo para un taller de danza y pintura. O la Casa comunal del barrio que les dio facilidad para los talleres de danza folclórica.

“En el trabajo con jóvenes indígenas, se trata de conservar la cultura y que no se pierda, porque, dice Jhery, hay quien sabe más coreano que kichwa, debido a un grupo musical de K-pop al que los jóvenes son muy aficionados. Y en el terreno religioso, se respeta lo religioso indígena, se trabajan los mitos… En una celebración de la palabra, por ejemplo, no se lee la primera lectura y el Evangelio, sino el mito kichwa y el Evangelio. Y pedimos ayuda a los abuelos (Ruku), que son los sabios de las comunidades. Hay jóvenes que se involucran cada vez más con la comunidad y aprenden la lengua, otros van por juego, por amistad sin más, pero hay ya jóvenes en la directiva de sus comunidades”.

ANIMAR A OTROS

¿Animarían a otros jóvenes a esta experiencia? [1]Todos recuerdan que hablamos de un trabajo lento, que los resultados no se ven de inmediato. Antes de cualquier decisión, hay que conocer: Jhery recomienda internarse virtualmente en la provincia, conocer la historia, con qué etnias se trabaja, qué ofrece el Vicariato. Y Rocío, en la misma línea, recuerda que trabajar con personas exige tiempo para cuidar los procesos, más de un año pastoral, para “apropiarse” también de su cultura, para saber qué precisan las personas con las que se trabaja, y señala que hay que “acoplarse a los tiempos de Dios”, porque no todo se da según nuestras aspiraciones”.

Iván recomienda mucho el Vicariato, marcado por “el trabajo inicial de Alejandro Labaka, un trabajo humanístico, enfocado a causas nobles. Yo soy evangélico pero me he familiarizado con San Francisco que encuentra a Dios en la pobreza, es lo que a mí me está pasando; cuando veo situaciones de extrema necesidad, ahí veo a Dios, en esas personas que me dicen, “ayúdame”.

Ellos viven con una escueta asignación de 150 dólares mensuales, aunque un convenio les garantiza la seguridad social del Ecuador y el Vicariato les da la casa.  Hay en total 101 misioneros, entre religiosos y seglares, convocados por el obispo, el capuchino José Adalberto Jiménez. Una vez al mes todos comparten comida y Eucaristía en un encuentro fraterno. Mensualmente, los equipos se reúnen para revisar actividades según distribución pastoral y geográfica.

VIVIR POBRES PARA LOS POBRES

Iván y Rocío tienen en la cabeza un proyecto para ayudar a las madres de familia, muchas de hogares con violencia: crear una asociación para que la gente pueda generar su propio empleo con sus conocimientos, “porque unas son buenas para hacer helados y refrescos, otras para pintar uñas, o para hacer empanadas… hacer una asociación productiva que comercialice este tipo de servicios cerca de un puente muy transitado; le hemos pedido al ayuntamiento el uso de esa zona para poner quioscos y que sea usada por la comunidad y no para delinquir, y así se erradica la incidencia de drogodependiente y a la vez creamos empleos.”. Las ideas bullen en su cabeza, como pedir al ministerio de medio ambiente que les done la madera incautada para los quioscos. Falta el dinero y la organización se va poniendo en marcha, mientras se concreta el proyecto. Pero su motivación es muy fuerte: “Las mujeres viven en hogares machistas y soportando violencia por sus maridos y son muy pobres. Miro los rostros de las mujeres llenas de esperanza y… (llora) quiero vivir un año más de pobre, con ese compromiso capuchino. Yo vengo de la clase media y esto me está cambiando. Dios me llama ahora para esto, y yo encuentro a Dios en esas personas.”


[1] Joseba Bakaikoa es el responsable de los misioneros laicos. josebabakaikoa@gmail.com

Autoría

  • Lala Franco

    Alandar me permite hacer una de las cosas que mas me gustan como periodista: entrevistar a esas personas que son la sal de la tierra porque van cambiando el mundo con su trabajo, su reflexión y su denuncia.  Además, es un espacio para la libertad y la creatividad dentro de la Iglesia, muy necesitada de ambas. Y me da pistas para vivir de un modo más solidario y menos consumista y para seguir alimentando el núcleo espiritual que nos vincula, desde lo profundo, con el mundo, con los otros y con Dios.  Por lo demás, ahora soy una periodista jubilada de TVE que se mete en muchos líos. En la Revuelta de mujeres en la Iglesia, por ejemplo. Y que está agradecida a dos espacios eclesiales: la JEC (Juventud Estudiante Católica, que me albergó de joven, y Profesionales Cristianos (PX), mi actual comunidad de referencia. Soy murciana y, además de mi tierra de origen, amo Madrid, donde vivo;  pero también la Montaña Oriental Leonesa y Asturias, donde paso buena parte de mi tiempo. La vida, pues, no cesa de abrirme a  paisajes y horizontes nuevos, en todos los sentidos. Y yo trato dejarme sorprender por la riqueza y la novedad que nos rodea y los mensajes de cambio que sugiere. 

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1 comentario en «“Lo que hacemos es enseñar a cuidar la vida, centrándonos en los valores de las familias”»

  1. Muy agradecido por la entrevista que ha reaiizado Lala a estos muchachos de los que soy el responsable, o mejor dicho coordinador. La verdad es que estoy muy contento con ellos y otros más que viven en el piso de misioneros seglares que tenemos en el vicariato. Ahora han pasado de ser 3 a ser 7. Si algún día quieren contactar conmigo, este es mi correo: joseba.bakaikoa@ gmail.com

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