A pesar de las resistencias de una vieja guardia homófoba, el colectivo LGTBIQ se abre paso en Perú a través de la aprobación de leyes educativas que fomentan la igualdad, la diversidad y el respeto.

por Mariel Távara Arizmendi[1]

Foto Stavrialena Gontozou / Unsplash

La Constitución peruana actual, vigente desde 1993, reconoce como derechos fundamentales para todas las personas peruanas el “derecho a la vida, a la identidad, al libre desarrollo y bienestar” (art.1); así como, el derecho a la igualdad y no discriminación por ninguna razón (art. 2). Asimismo, el Perú cuenta con un marco de normativo que reconoce la igualdad de género, mediante la Ley de Igualdad de Oportunidades entre Hombres y Mujeres (desde el 2007) y la Política Nacional de Igualdad de Género, vigente desde 2019. Si bien estos instrumentos normativos reconocen la igualdad de género aún en códigos binarios y cisgénero[1], la existencia y contenido de los mismos genera un contexto favorable para la exigencia de un marco normativo más amplio y diverso.

Desde esta perspectiva, es posible afirmar que corresponde al Estado garantizar un ambiente y acuerdos de convivencia que permitan que la diversidad de peruanos viva en igualdad y libertad; reconociendo a las personas con orientaciones sexuales diversas (no heterosexuales) e identidades de género no cisgénero, potenciando el desarrollo de los proyectos de vida de la diversidad de peruanos, sin distinción, e “impidiendo la discriminación en todas las esferas de la vida, pública y privada”[2]. Promover un entorno que permita que todas las personas alcancen bienestar es importante y urgente en el Perú; en este marco, es necesario que la sociedad rompa con sus patrones culturales y estereotipos de género.

Visibilidad LGTBIQ

Actualmente la comunidad LGTBIQ en el Perú es más visible, ha encontrado nuevas formas de organización y se encuentra en constante movimiento para la exigencia de sus derechos. En el proceso de Elecciones Congresales Extraordinarias 2020, contamos una diversidad de candidatas mujeres, jóvenes y adultas, con una candidata abiertamente lesbiana, un candidato abiertamente gay y una candidata transexual, que orgullosa levanta su campaña como una campaña en defensa de la igualdad. Sin embargo, existen resistencias ante la presencia y visibilidad de estas personas, las mismas se expresan mediante discursos de odio y discriminación, y que, lamentablemente, aún son socialmente aceptados porque no se reconocen como formas de violencia.

Campañas homófobas

Una de las muestras vigentes de esta resistencia conservadora y fundamentalista es la campaña “Con mis hijos no te metas”, que inició en diciembre de 2016 y que surgió para manifestar oposición a la implementación del nuevo Currículo Escolar de Educación Básica Regular[1]. La actuación de sus principales voceros, algunos de ellos congresistas del período anterior y/o actuales candidatos, es una clara muestra del odio a la diversidad. Esta campaña difunde mensajes que buscan desinformar y “mal” informar a las personas acerca de la sexualidad, la diversidad, la igualdad de género y la lucha contra las diversas formas de violencia basada en género.

Los mensajes de odio contra las mujeres y personas LGTBIQ, limitan las posibilidades de ser y la libertad de expresión de las personas, no contribuyen a la democracia ni al reconocimiento (menos al ejercicio) de la ciudadanía de todos, disminuyen las posibilidades de sentir bienestar y alcanzar la felicidad (definida por la aspiración propia de cada persona). Que la educación reconozca y promocione la igualdad de género es fundamental para el desarrollo integral de las personas. 

En tal sentido, lo propuesto en el Currículo Escolar en sus enfoques transversales acerca el cambio cultural necesario para que las futuras generaciones expresen apertura para las personas en su diversidad; ya que, propone el reconocimiento de las diversidades[2], individuales y colectivas, en igualdad. Los enfoques transversales son valores y actitudes que se deben demostrar en la dinámica diaria de la escuela como espacio importante en el desarrollo de niños y adolescentes, propone formas específicas de actuar que buscan generar una buena convivencia, libre de discriminación y violencia[3]. Que las personas crezcan en su infancia, niñez y adolescencia con la libertad de ser y elegir cómo quieren identificarse y expresarse, mirando modelos diversos y sin limitaciones, acerca la democracia, solidaridad y ciudadanía a todos.


[1] Resolución Ministerial N.° 281-2016, vigente desde 2017.

[2] De género, social, cultural, biológica, geográfica, entre otras.

[3] Currículo Escolar de Educación Básica Regular (MINEDU, 2017).