El Sindicato de Inquilinas de Madrid ha vivido un crecimiento exponencial desde su fundación, hace 9 años, fruto de su trabajo en defensa de unas condiciones dignas y asequibles de alquiler. Su éxito testimonia también la gravedad de la crisis de la vivienda, uno de los problemas que más preocupa a los españoles, según el CIS. Reconocimos su trabajo con un Premio Alandar en noviembre pasado y hoy publicamos esta entrevista con uno de sus miembros, Lucas Vaquero, sociólogo e investigador de la Universidad Complutense, para conocer la historia y la tarea del sindicato.

¿Por qué y cuándo surge el Sindicato de Inquilinas de Madrid?
Nace en 2017, como consecuencia del incremento de alquiler. Los fundadores se dan cuenta de que era un problema social que afectaba a cada vez más gente. Aquellas compañeras y compañeros vieron que el nuevo ciclo especulativo se iniciaba no ya en la compra-venta sino en el alquiler. Y crearon el sindicato como una herramienta para defender colectivamente a todas aquellas personas que no tienen ni pueden tener acceso a la vivienda en propiedad. Los precios de los alquileres se han duplicado en diez años, lo que da la razón a la visión que tuvieron las fundadoras. Los precios se han disparado pero los salarios se han estancado mientras que aumenta la concentración de la propiedad: hay cada vez más casas en cada vez menos manos, las de los grandes tenedores, como los fondos u otros grandes propietarios.
¿Cuál es el diagnóstico de la vivienda de alquiler hoy en Madrid?
En Madrid, un 30% de la población vive de alquiler, hay toda una generación inquilina, que no puede acceder a la propiedad sin ayudas familiares, que no siempre son posibles, de modo que hay cada vez más alquileres. Además, los que viven de alquiler son las personas a las que, estructuralmente, la sociedad les ha dado más la espalda: madres solteras y con hijos a cargo, inmigrantes, especialmente.
Entonces, el sindicato trata de dirigirse a estas personas desde lo que todas comparten que es la dificultad de acceder incluso a viviendas en alquiler. Hay una percepción social amplia de que gobierne quien gobierne no hay políticas efectivas en esta materia, por mucho que la Constitución lo establezca como un derecho fundamental. Nosotras, en nuestras asambleas, lo que vemos a diario es que hay miles de personas que tienen un problema y que no tienen cauce, no tienen cómo solucionarlo, por eso trabajamos colectivamente para ayudarlas. Solo lo lograremos si somos muchos, si estamos convencidos y tenemos un plan.
¿Cuántas afiliadas tenéis?
Somos 3000 afiliadas y unas 200 militantes activas, y hay 6 personas contratadas.
Cuéntame cómo es la actividad principal del sindicato…
Consiste en detectar problemas y convertirlos en conflictos, para que la persona no viva la angustia de que es algo que la afecta solo a ella, sino que entienda que su caso es la expresión de un problema general que se expresa en la división entre los rentistas y los inquilinos. Distinguimos entre rentistas y propietarios; los segundos son los que se han comprado una casa para vivir; los rentistas son los que compran más casas de las que necesitan y se dedican a lucrarse con ellas. Nuestra actividad es convertir situaciones injustas en conflictos colectivos. Intervenimos en situaciones que afectan a una sola persona (una subida ilegal, que no tenga agua caliente, o que esté siendo acosada, o presionada, etc…). Nosotras intentamos politizar esas situaciones y convertirlas en conflictos. Y luego, hay conflictos colectivos, como cuando hay muchos inquilinos que comparten el mismo casero. Y ahí tenemos mucha capacidad de acción porque la unión hace la fuerza. Muchos contra un enemigo común es más probable que consigan una victoria.

¿Cómo se hace eso?
Combinamos varias medidas. Por un lado, están las acciones legales para defender los derechos de la persona inquilina que están siendo vulnerados. Luego, las acciones mediáticas para ayudar a dar voz a esa injusticia. Y, por otro lado, presión directa sobre el casero para que sepa que muchas personas creen que lo está haciendo mal. Denunciamos las malas praxis de las agencias o los caseros. También emprendemos negociaciones colectivas cuando están tratando de desahuciar a varias vecinas, como hacen los sindicatos laborales en sus negociaciones. Y hacemos pegadas de carteles, concentraciones frente a las sedes de las empresas y manifestaciones.
Háblame de vuestros logros…
Uno de los mayores ha sido la negociación colectiva contra Blackstone, el peor fondo de inversión del mundo, en la que 102 familias se unieron para exigir renovaciones al mismo precio, mientras que ellos querían prácticamente duplicar los alquileres o desahuciarlas. Esas personas vivían en diferentes lugares, como Carabanchel, Móstoles o Alcorcón y su mérito fue unirse y desarrollar la estrategia de “nos quedamos”; que consiste en quedarse en la vivienda y continuar pagando lo mismo, y utilizar ese tiempo para forzar una negociación. Los tiempos judiciales son largos, y desde el fin del contrato, al desahucio eventual pasan dos años; por eso, empleando ese tiempo para ejercer presión, logramos muchas cosas. El casero quiere que la gente se vaya rápido y sin hacer ruido y muchos inquilinos creen que te pueden desalojar al día siguiente, pero no es así, usamos ese tiempo para ejercer presión sobre el casero.
¿Los resultados son siempre buenos?
Acompañamos muchos casos individuales en los que la capacidad de presión es más reducida. Y los resultados no son blanco o negro siempre. Muchas veces no se logra todo, pero se negocia, a veces el inquilino solo quiere 6 meses más, o acepta un precio razonable. En todo caso, siempre esa negociación es más eficaz que el bajar la cabeza y ceder de entrada.
Además, hay otro logro que es el sentimiento de comunidad y unión que se genera. Tenemos casos de resistencia colectiva que se alargan 4 o 5 años. Ahora, en la zona centro tenemos hasta 6 bloques de inquilinos en lucha. Los fondos han comprado esos bloques y tratan de echarlos, pero hay muchas vecinas que dicen “nos quedamos”. Y aunque los casos no se han resuelto todavía, esas personas se han conocido más, se han hecho amigas y se sienten solidarias en la tarea de defender su casa y el barrio. Se genera una conciencia colectiva sobre el territorio que antes estaba ausente o dormida.

¿Qué gente acude a vosotros?
Tenemos gente de 20 años y de 80 y 90, gente de Madrid de toda la vida y gente de fuera, cada vez vienen más migrantes. Estamos trabajando con colectivos de migrantes y antirracistas para reforzar nuestro apoyo a estos grupos.
¿Cómo funcionáis como organización?
Tenemos 8 sectores en Madrid comunidad y en cada una se celebra una Asamblea. Insistimos mucho en la importancia de las asambleas y eso lo aprendimos de la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), para que quien viene con un problema no se implique solo en lo suyo, sino que se comprometa también en ayudar a resolver los problemas de otras personas.
En este momento ¿cuáles son las medidas que exigís a las administraciones?
La medida principal que estamos exigiendo es la prórroga obligatoria de todos los contratos del 2021, porque acaban ahora 600.000 contratos, lo que quiere decir que más de un millón de personas pueden quedarse en la calle. Pedimos también que vuelva a entrar en vigor el escudo social, la moratoria antidesahucios, porque hay 70.000 personas que pueden verse afectadas de forma inmediata. Y otra cosa que estamos exigiendo es que CASA 47, que es ahora el organismo encargado de la vivienda pública, compre todos esos bloques en lucha porque muchos son de fondos que los compraron cuando eran viviendas públicas. Es decir, se construyeron con dinero público y se vendieron a precios de saldo. Queremos que esas casas vuelvan a lo público y que sean viviendas de alquiler estables y con precios asequibles que protejan el derecho a permanecer de todos los vecinos que las habitan ahora.
¿Tenéis abandonos o los afiliados son fieles?
Son fieles, tenemos apenas un 5% de abandonos al año. Los afiliados pagan 10 euros al mes o 100 euros al año, o menos en algunos casos especiales, y tenemos aportaciones ocasionales también de gente que quiere apoyar. Hemos tenido un crecimiento exponencial en 9 años gracias a las casi 3000 afiliaciones y por eso hemos podido acompañar y ayudar en muchos conflictos, y hemos logrado victorias que han cambiado a mejor la vida de la gente. Queremos seguir teniendo esa fuerza en el futuro.
