Si hay algo que el pacifista mallorquín Joan Carrero no soporta es la injusticia. Sobre todo, en la región de los Grandes Lagos. Este fue uno de los detonantes para convertirse en el tercer objetor de conciencia de España, después de Pepe Beunza y Juan Guzmán. Además, fue propuesto como candidato al Premio Nobel de la Paz en 2000 y es autor de tres libros. El también presidente de la Fundación S’Olivar incide en que «Hasta el más pequeño puede cambiar el curso del futuro».
Candidato al Premio Nobel de la Paz… eso quiere decir que se han hecho muchas cosas bien o al menos se ha intentado, ¿no cree?
En mi segundo libro —La hora de los grandes ‘filántropos’— hay una serie de apartados con el mismo argumento: el secuestro de la democracia, la economía, la educación, los medios de comunicación, etc. Se podría añadir el secuestro de las grandes organizaciones de derechos humanos y quizá se llegue a añadir el secuestro del Premio Nobel de la Paz. He tratado con candidatos [al Nobel] de una época en la que el premio se concedía a gente batalladora como Adolfo Pérez Esquivel o Rigoberta Menchú, pero en estos momentos y tal y como está [la situación] lo que tiene valor es que gente como Alberto Garzón, Vicente Ferrer, José Luis Sampedro, Jon Sobrino y el Congreso de los Diputados de manera unánime, etc., hubiesen apoyado mi candidatura.

Hablemos ahora de la lucha que emprendió hace varias décadas y que tantas ampollas ha levantado.
Lo inexplicable es que seamos un grupo tan reducido los que luchamos contra un genocidio en el que han muerto entre nueve y diez millones de seres humanos. Es increíble que cada día se hable en la televisión de, por ejemplo, el desembarco de Normandía, la liberación de Auschwitz, etc. y, en cambio, de estos millones de personas no haya información y parezca que somos “cuatro” locos hablando de una realidad que para muchos no existe.
Hace años que impulsó la Fundación S’Olivar. Desde entonces habéis luchado contra las injusticias que se viven en determinadas regiones del planeta. ¿Qué se ha conseguido desde entonces y qué queda por hacer?
Ahora estamos en un impasse por culpa del PP y el PSOE. Fundamentalmente, del PP. Primero fue el PSOE el que dio un duro golpe a la jurisdicción universal española y hace unos meses/años el PP acabó con ella totalmente, impidiendo a jueces como Fernando Andreu dar pasos [en este proceso]. Antes poníamos en Google el nombre del presidente de Ruanda (Paul Kagame) y aparecía como el liberador del genocidio, mientras que ahora aparece como el gobernante en activo con las imputaciones más graves que existen en el planeta por mucho que lo quieran convertir en copresidente de los Objetivos del Milenio. La Fundación comenzó en 1992. No toleraba que en Somalia muriesen decenas de miles de niños como moscas por una simple vacuna y yo decía “Señor, un mundo así a mí no me interesa. O hacemos algo o me muero”. Poco después de su constitución, llegó el genocidio de Ruanda (1994). Inmediatamente, nos implicados “a tope” y empezaron las marchas por la paz, el ayuno de 42 días, la admiración que mostraban los ruandeses, etc.
¿Cómo se aplaca el sentimiento de impotencia que puede surgir en ocasiones?
Tuve la gracia de seguir el movimiento de la noviolencia y esto empezó a darme la certeza de que vamos a triunfar y de que la verdad y la misericordia son más poderosas que el capital, que las armas, que la desinformación. Estamos inmunizados ante el desánimo. Es más, los imperios han caído muchas veces no por ataques de fuera, sino por su propia corrupción, lo que significa que ese sistema poderosísimo tiene en sí mismo el germen de la autodestrucción.
Un sistema que no se cansa de hablar de libertad, justicia, información y que después ignora al continente más rico y más pobre a la vez.
En cuanto a la justicia, resulta que aparte del Tribunal Penal Internacional (TPI) y el Convenio de Roma, solo ha habido dos tribunales ad hoc: el de Yugoslavia y el de Ruanda. La fiscal general de Ruanda, Carla Del Ponte, ha tenido que dimitir, después de escribir en su autobiografía que se trata de un tribunal absolutamente manipulado por Estados Unidos e Inglaterra. De la información, ni hablemos. Un Occidente que oculta la barbarie de nueve millones de muertos…
Vamos a triunfar. La verdad y la misericordia son más poderosas que el capital, que las armas, que la desinformación
Tras la publicación de La hora de los grandes ‘filántropos’ y África, la madre ultrajada, llega Los cinco principios superiores. ¿Cuáles son?
[El primero tiene que ver con que] todo está más interrelacionado y es mucho más interdependiente de lo que creemos. El segundo es que todo es caduco. El tercero, la ley de la generosidad, que tiene un efecto multiplicador. El cuarto principio es el de la verdad y la misericordia y, el quinto, la dignidad.
Hace unas semanas se presentó en Madrid el libro Entre las cuatro paredes de la 1930 de la presidenta de las Fuerzas Democráticas Unificadas (FDU), Victoire Ingabire, encarcelada desde hace casi seis años. ¿Qué se extrae de su libro?
Es un icono de la situación de impunidad absoluta que existe en una Ruanda que muchos intentan presentar como modélica y de despegue económico. Un icono de nuestra situación mundial. Ahí vemos un Obama, junto a su esposa, envolviendo con una gran sonrisa a Kagame, responsable de verdaderas atrocidades. Una metáfora de un mundo de una falsedad absoluta en la que hay un núcleo de fuerza interior encarnado por [personas como] Victoire. El libro refleja esas contradicciones.

¿Qué tienen en común los conflictos del siglo XX con los del XXI?
No me gustan las generalizaciones. Me limitaría a decir que, tras el derrumbe de la Unión Soviética, el denominador común de los conflictos que se vienen sucediendo hasta el día de hoy ha sido la causa de ellos. La pretensión de dominación global hegemónica de una poderosísima élite financiera anglosajona empeñada en controlar los recursos naturales del planeta, en especial los energéticos, que le permitirían esa hegemonía.
¿Cómo se puede abordar la problemática de desarrollo en la región de los Grandes Lagos? ¿Por qué fracasan los acuerdos de paz?
Desde que Patrice Lumumba [primer ministro de la República Democrática del Congo] pretendió que los grandes recursos del Congo fuesen para sus legítimos propietarios, cualquier líder carismático que pretendiese semejante objetivo ha sido asesinado por Occidente en aquella región. En una década han sido asesinados cuatro presidentes del África de los Grandes Lagos. ¿Para qué vamos a hablar de acuerdos de paz? Personalmente, ya no soporto tanta farsa.
Ingabire es un icono de la situación de impunidad absoluta que existe en una Ruanda que muchos intentan presentar como modélica
¿Qué lecciones se pueden extraer de los conflictos en la región?
Yo diría que la principal lección es la misma que el analista Daniel Elsberg aprendió de la Guerra del Vietnam: nosotros somos los malos. Como denunció el secretario general de la ONU, Boutros Ghali, el genocidio ruandés es responsabilidad cien por cien de Estados Unidos y Reino Unido.
¿Cuáles son los principales motivos por los que cree que Occidente no actúa para poner fin a la injustica y desigualdad que existe en África?
Occidente ha conseguido que la gente crea que no actúa para arreglar las cosas, pero desde hace más de medio siglo no ha cesado de actuar provocando muerte y desolación sin fin a través de gendarmes regionales, como Kagame, un cínico criminal de masas contra el que el juez Fernando Andreu emitió las más graves imputaciones posibles.
PÍLDORAS
Lema: Lo que le dice Galadriel a Frodo: “Hasta el más pequeño puede cambiar el curso del futuro” (El Señor de los Anillos).
Libro: Los evangelios.
Un lugar: La Sierra de Tramontana (Palma de Mallorca).
Una persona a la que admires: Victoire Ingabire.
Principios/valores: “Para ser feliz necesito ver feliz al más pequeño de mis semejantes” (Mahatma Gandhi) y tener presente que así como las mayores seguridades se derrumban en segundos, el mayor de los prodigios tampoco necesita más que segundos.
