Hábitat 3 es la Conferencia de la ONU sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible que se ha realizado en Quito, Ecuador, del 17 al 20 de octubre.
Esta serie de conferencias que se organizan cada dos décadas tienen como principal objetivo revitalizar el compromiso global en favor de la urbanización sostenible, potenciando la implementación de una “Nueva Agenda Urbana”.
Sonia Olea Ferreras ha participado como comisionada de Caritas Internationalis para dicha Conferencia. CI es observador permanente ECOSOC de Naciones Unidas.
¿Cuáles son, a su juicio, los principales problemas en la actualidad de los asentamientos humanos en el planeta?
Durante el proceso de preparación de este último año hemos ido encontrando los mismos análisis y propuestas por parte de la sociedad civil. En Ginebra, con la Relatora especial de Naciones Unidas para una Vivienda Adecuada; en Barcelona, en el Encuentro temático de Hábitat 3 sobre Espacios Públicos; en Nueva York, en conjunto con Techo.org, Caritas USA y la Misión Permanente de Ecuador ante la Naciones Unidas… y, sobre todo, en los espacios compartidos estos días en Quito. Algunos serían:
- Los asentamientos humanos se piensan, diseñan, modifican, transforman, construyen… sin tener a la persona y a los pueblos en el centro. Sin una opción por la mirada de Derechos Humanos (en este caso, de forma prioritaria, pero no única, el Derecho Humano a una vivienda digna y adecuada), tanto en lo estructural, como en los procesos de diseño e implementación.
- La participación de las personas y pueblos que los habitan no termina de ser real. Son muchas las buenas prácticas en el diseño, pero también muchas dificultades respecto a la transparencia en la gestión y en el seguimiento de presupuestos, gastos, etc.
- La resolución del conflicto, cuando hay diferencias entre ciudadanía, Gobierno estatal, regional, local… y propiedad del suelo, propiedad de lo edificado, empresas inversoras, comercio, etc… sigue siendo (en el mejor de los casos) una vía únicamente jurídica; sin buscar alternativas como la mediación donde todos los agentes tienen el mismo peso y hay que encontrar entonces fórmulas de consenso e implementación.
- La coordinación de políticas públicas y medidas legislativas que las puedan llevar a cabo, entre todos los actores y desde una mirada sistémica, integral, con el objetivo en el disfrute de los DDHH y, sobre todo, la garantía desde los Gobiernos (en todos los niveles pero especialmente local) ante su vulneración.
¿Cuáles son las mayores dificultades que nos encontramos en España?

Profundizaremos en la causa estructural, aunque hay muchas más específicas o coyunturales (leyes hipotecarias del siglo XIX, imposibilidad de acceso al disfrute de la vivienda con nuevas fórmulas que no sean la propiedad y no sólo el alquiler como alternativa, la inexistencia de vivienda social en el Estado, etc.). En España, el planteamiento ante la vivienda ha sido siempre economicista, no de Derechos Humanos: donde la vivienda se plantea como un bien de inversión y las políticas públicas que se aplican son para sostener dicho mercado (suelo para edificar, etc.) y para facilitar su consumo (beneficios fiscales y tributarios) y evitar su pérdida (fórmulas de endeudamiento, etc.). Ha sido esta vía la aplicada durante los últimos 50 años en nuestro país, facilitando el acceso a la propiedad y creando una burbuja inmobiliaria sostenida en el endeudamiento personal, donde la devolución de la vivienda no supone la finalización de la carga.
¿Qué medidas más importantes piensa Cáritas que se deberían adoptar ante esta situación, tanto a nivel mundial, como en nuestro país? Aunque es una pregunta muy amplia, trate de esbozar una batería de propuestas general.
Como miembro observador de ECOSOC ante Naciones Unidas, tuvimos la oportunidad de comparecer ante la Asamblea General para poner en común nuestro Documento de Posicionamiento como CI para Hábitat 3. Os lo vamos a contar con un dibujo:
¿Qué carencias tiene, a su juicio, la Nueva Agenda Urbana (NAU) que se ha aprobado en Hábitat 3?
Importante también ver los avances, muy grandes en comparación a Hábitat 2 hace 20 años: la inclusión del derecho humano a la vivienda y del derecho a la ciudad (eso sí, más bien nombrados que desarrollados y sirviendo de “gafas” para reflexionar sobre la urbanización, la relación ciudad-campo, la tierra y sus derechos –especialmente de los pueblos originarios-, las migraciones, el cambio climático…. Y un largo etcétera). También el proceso, mucho más participativo en las propuestas. ¿Carencias?, para CI la principal está en no tener a la persona y los pueblos en el centro de la Agenda. La ciudad es sólo un escenario (no es el objeto principal), donde debemos poder vivir con la mayor dignidad y felicidad posibles: una casa común, como nos insiste el papa Francisco. También nos ha ocupado mucho el llevar la criminalización de la pobreza en los espacios públicos a los encuentros y reuniones de Hábitat 3 (con poco reflejo también en la NAU). Situación muy desconocida en el ámbito de la urbanización. Los espacios públicos son lugares en encuentro, ágoras… y no espacios de consumo y de control de seguridad para llevar a cabo ese consumo. Son muchas las normativas que a nivel internacional proliferan con multas y detenciones a personas vulnerables y en situación de exclusión.
Si la Nueva Agenda Urbana no es vinculante para los países firmantes, ¿para qué piensa que sirve?
Si no creyéramos en las herramientas políticas del Derecho Internacional de los derechos humanos no tendría sentido el trabajo y la entrega que tantas personas y entidades sociales damos para llevar a cabo, por ejemplo, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, su vinculación con Hábitat 3 (Objetivo nº 11), los Exámenes Periódicos Universales en derechos humanos que cada cuatro años pasan nuestros gobernantes, etc. Es evidente -y en mi caso mucho más, al ser jurista- que un tratado/convención por cada uno de los derechos humanos de la Declaración de 1948, vinculante y declarando cada derecho como subjetivo y justiciable sería todo un sueño. Pero lo político también da pie a exigir, implementar y hacer seguimiento de las políticas públicas y los presupuestos que necesitan las mismas, para llevar a cabo pactos internacionales como la NAU. En cada acción al respecto, sea local, regional, estatal o europea podemos plantear los mínimos acordados por la comunidad internacional en la Asamblea General de Nueva York que propuso la Declaración de Quito. Si bien no es -aún… porque queda camino por recorrer- exigible ante un tribunal, sí podemos cuestionar y hacer incidencia ante las políticas de un Estado o de una Confederación de Estados y las mismas Naciones Unidas.
¿Qué contribución puede hacer una persona “de a pie” para cuidar nuestra casa común en relación con el urbanismo sostenible?
Sin entrar en las acciones cotidianas de cuidado de la creación (consumo, energía, sostenibilidad, etc), sería muy importante ver de qué manera vamos cambiando ese “sentir” ciudadano de que la vivienda es un bien de inversión. De que es como tener un auto, joyas… De que si no tienes vivienda en propiedad has fracasado (una de las grandes armas que ha provocado la terrible emergencia habitacional de estos años). Esta propuesta no es sencilla en absoluto. ¿Cómo hacemos para implementarla? Solo en común, con otros y otras, podemos afrontarlo.
