Por Álvaro Mota

Icíar Ybarra, cantautora, presenta su proyecto 12 mujeres Gaudea, que nace del encuentro personal y artístico con distintas mujeres para visibilizar su papel en la música y la cultura.

 

¿Quién es Icíar y quién es Gaudea?

Icíar tiene muchas facetas musicales, desde el góspel al jazz pasando por el swing o la coordinación de proyectos musicales infantiles. Pero Gaudea, que significa alegría, es mi alter ego musical. Icíar es muchas cantantes, pero Gaudea es el proyecto. Empezó como un grupo musical en el que cantábamos canciones de otros autores y en el que, poco a poco, me animé a introducir algunas que había compuesto yo misma a la hora de dar conciertos. Con el tiempo estas empezaron a tener más éxito que los temas que versionábamos y Gaudea acabó convirtiéndose en un proyecto enteramente personal.

Icíar Ybarra, cantautora, Gaudea 12 mujeres

Icíar Ibarra busca acompañar a través de su música. FOTO RETALES

¿De dónde nace tu pasión por la música?

Me viene de familia. Mi abuela era pianista y mis padres, dos grandes melómanos. Un día, en casa de mis padres, con tan solo seis años, encontré una guitarra. Ahí comenzó todo. Más adelante, viví una experiencia muy especial en la parroquia del Corazón de María, con los claretianos. Fue en ese contexto, en el que coincidimos un grupo de personas que nos fuimos motivando y nutriendo de creatividad, cuando empecé a plantearme hacer mis propias canciones.

¿Qué poso queda en ti de esa experiencia de Iglesia y comunidad?

Queda el poso más importante. Constatar que, creyente o no, el ser humano es un ser profundamente espiritual. En Europa se ha vivido la religión de la cabeza hacia arriba, buscando conectar con las alturas. Cuando miro a la gente de África, siento esa espiritualidad que, enraizando en lo más profundo (la tierra, los ancestros…) conecta la vida en todas las direcciones, desde el corazón. Así lo siento. Esta vivencia está totalmente relacionada con mi arte. Podría decir que cultivar mi interior me ayuda a componer canciones.

Tu último disco se titula Mi lobo come hierba. ¿Cuál es la hierba de la que se alimenta tu música?

Después de todo lo anterior, el lobo fue un paso más. Siento que, en esta sociedad, todas las personas podemos ser de muchas formas, pero elegimos lo que queremos ser. Y esta es para mí la imagen del lobo. Cada uno tenemos un lobo dentro y podemos elegir de qué alimentarlo. “Nunca se ha visto bien que un lobo coma hierba”. Yo elijo dar a mi lobo de comer hierba. Es decir, escojo alimentar mi interior de paz, tranquilidad, calma.

En el videoclip de Mi lobo aparecen parejas de lo más diversas. El lobo es universal. No entiende de razas ni de sexos. Va hacia algo mucho más profundo que conecta el interior de las personas.

¿Cuáles son las dificultades que encuentra, en lo profesional, laboral, personal, una mujer joven como tú a la hora de sumergirse en la aventura de poner en marcha un proyecto musical propio?

Ser mujer te pone en una gran desventaja a todos los niveles. En primer lugar, hay que pensar que, en este país, la mayor parte de las personas consumidoras de música son mujeres y los cantantes que escuchan son, sobre todo, hombres. Por lo tanto, es más difícil llegar a este público. Desde el punto de vista profesional, como mujer estás totalmente vendida. En el mundo de la música clásica al menos hay una normalización en la que se valora con los mismos criterios el trabajo hecho por hombres y mujeres y hay mayor paridad en la proporción en las orquestas clásicas. A pesar de eso, hay muy buenas instrumentistas por ahí y no se las conoce. Sin embargo, en el mundo de las bandas hay muy pocas instrumentistas y, si eres mujer, pareces destinada a ser corista, cobrar menos…

De cara a este 8 de marzo, ¿qué crees que puede aportar la música en la lucha por la  reivindicación de la igualdad y en la visibilización de la mujer en nuestra sociedad y nuestra cultura?

Aunque suene a tópico, la música traspasa fronteras. En este caso, la música tiene la capacidad de visibilizar a la mujer y esto es fundamental. No se trata de hacer canción reivindicativa, canción protesta. Yo no me veo en ese cliché, pues parece que cuando se habla de cantautor o cantautora solo se piensa en la canción protesta. Creo que se trata de visibilizar el papel de la mujer en este campo también y de avanzar hacia la igualdad. Por ejemplo, una chica que se dedique a esto se cuestionará fuertemente si quiere ser madre, pues sabe que corre el riesgo de interrumpir o no poder continuar su carrera musical. Este mundo de la música es muy traicionero. Si estás desaparecida cuatro meses, parece que van a contar menos contigo. Si te quedas embarazada, pierdes fuelle, no te llaman.

¿Cómo nace el proyecto 12 mujeres Gaudea?

Pensé: “Si me molesta tanto que no se visibilice a la mujer, ¿por qué no visibilizo a mujeres artistas muy válidas pidiéndoles colaborar conmigo?”. Cada mes grabamos y ofrecemos un vídeo cantando una canción mía con una artista diferente. Es una manera de reivindicar la figura de la mujer música y la mujer artista. Personalmente, me encanta sentirme acompañada por otras mujeres y me emociona escuchar mis composiciones en boca de gente de la talla de Rosa Montero o Nena Daconte.

Junto a tu faceta musical, tienes otra faceta pedagógica. ¿Qué te aporta la enseñanza que hace enriquecer tu dimensión artística y viceversa?

Estudié Historia del arte, luego trabajé como fotógrafa, y, desde hace diez años, doy clases de historia e historia del arte en el colegio del Sagrado Corazón. En el sistema educativo español no se toma en serio la enseñanza musical. Es nefasto. En otros países el acercamiento a la práctica musical se hace a través de instrumentos como el ukelele y con planteamientos mucho más innovadores y dinámicos. Respecto a lo que puede aportar mi dimensión artística en la enseñanza, la actividad musical me da muchas tablas para enfrentarme a un público, que es el mismo al que me enfrento en una clase. En un concierto tengo que enamorar y gustar, y en una clase tengo que hacer lo mismo. Gaudea me da sensibilidad para acoger mejor a mis alumnos. Y, por otro lado, mi trabajo en el colegio me da estabilidad para poder dedicarme a la música trazando el camino que quiero seguir.

Crear nueva música es un don, pero también una responsabilidad. Cuando ves cómo está el mundo y te sientes llamada a componer, ¿en quién piensas? ¿A quién va dirigida tu música?

Creo que Gaudea puede llegar a un público muy especial y distinto. Aunque nos gusta sentirnos especiales, todas las personas somos mucho más parecidas de lo que pensamos. Nos emocionan las mismas cosas, experimentamos los mismos sentimientos. Nos conecta lo sencillo, la experiencia del día a día. Hay gente que, con su música, busca concienciar, hacerte pensar, cuestionarte. Yo, más que nada, busco acompañarte. Musicalmente estoy en un mundo al que solo llegan los que aguantan, no los que valen. Mi deseo es poder seguir. Seguir y poder ser feliz haciendo música.