«A young woman named Mary was engaged to Joseph from King David’s family.
But before they were married, she learned that she was going to have a baby by God’s Holy Spirit.
Joseph was a good man and did not want to embarrass Mary in front of everyone. So he decided to quietly call off the wedding.»

El pasado jueves 19 de marzo fue el día del padre, celebración que este año cae en un contexto inesperado y totalmente novedoso, que nos tiene preocupados por cómo pueden avanzar los acontecimientos. Yo mismo y muchos otros hemos cumplido años durante estos días, con celebraciones virtuales bien atípicas, pero dando gracias por la vida vivida.

Las (personas) cristianas también recordamos San José, padre terrenal, padre adoptivo de Jesús, de quien se habla bien poco en las escrituras. Releyendo el pasaje del evangelista Mateo me detengo en algunas ideas:

Acto primero. José, hombre en un tiempo y una sociedad machista y heteropatriarcal, se encuentra embarazada la mujer sin haber participado (vv.18.25) ¿Qué sentimientos debía tener hasta comenzar a pensar y a decidir no difamarla públicamente? Decepción, vergüenza, enojo, rechazo, odio… seguro. Las consecuencias para María y el niño habrían sido nefastas. Pero el texto explica que José era un buen hombre, así que con su ser, su carácter, su personalidad optó por apartarse, dejarlos, pero de forma secreta para evitarles males mayores (v.19). Buena acción, humanamente hablando.

Acto segundo. En sueños, recibe explicaciones de un ángel del Señor: “el hijo que espera es obra del Espíritu Santo y salvará a su pueblo de sus pecados” (vv.20-21). El recurso bíblico de los sueños ame nudo representa un tiempo de oración, de discernimiento antes de optar. Este sueño y la opción de José no son tan conocidos como la del ángel a Zacarías (cfr. Lc 1, 5-25), o Gabriel a María (cfr. Lc 1,26-38), pero los entiendo como igual de fundamental para nuestra historia de salvación. José “bendito tú también entre todos los hombres”.

San José rezando
Foto: Jacques Gaimard

Acto tercero. José toma a María por esposa (v.24), está en los tiempos previos de visita a Isabel, busca el mejor lugar para el parto, acompaña la visita de los pastores y los sabios, organiza la huida a Egipto, y tiene cuidado de la familia en los tiempos de infancia y adolescencia, atento al proceso de maduración del que sería el Mensaje. Resumiendo, lo asume y se compromete.

José, un hombre santo en el que podernos mirar en estos tiempos tan excepcionales. Lo evidente es lo que está pasando: la pandemia del COVID-19 y sus consecuencias sanitarias, sociales y económicas. Lo que no lo es tanto es aquello que el ángel del Señor nos dirá a cada uno en la propia búsqueda de sentido, en la oración: ¿por qué? ¿para qué? Y tampoco, cuál será nuestra reacción ante estos signos. ¿Cómo responderemos personal y colectivamente? ¿Cómo actuaremos? ¿Qué cambiaremos de nuestra forma de vida, aparte de las muchas felicitaciones a los josés, josefinas, pepes, pepitas…

Ahora es tu turno, como el de este amigo, hasta ahora ateo o agnóstico, —no lo tiene claro, él— que escribe en las redes sociales “U know I’m not religious but this time I must. Keep praying!”.