Covid-19: Poner voz a las cifras, acompañar la soledad

Por Rosa Díe, departamento de Comunicación de Cáritas Madrid

Poco después de declararse el estado de alarma para frenar la expansión de la Covid-19, el Arzobispado de Madrid y Cáritas Madrid pusieron en funcionamiento un teléfono de atención a personas vulnerables. Reactivado en Navidad, aún sigue en funcionamiento, atendido por centenares de personas voluntarias. 

El 14 de marzo de 2020 todo paró. Ese día vivimos una situación insólita en nuestras vidas: A causa de la rápida propagación del coronavirus en nuestro país, el Gobierno declaró el estado de alarma en todo territorio nacional y todos nos vimos obligados a quedarnos en casa. Solo aquellas personas que desempeñaban un trabajo de carácter esencial o causa de fuerza mayor podían circular por las calles.

Esto supuso un duro golpe para todos, especialmente para las personas mayores que vivían solas en sus hogares, población de riesgo, que por miedo al contagio apenas salían de casa ni recibían visitas.

La soldedad no deseada ha sido uno de los problemas que han aflorado durante la pandemia

Por ello, la Iglesia de Madrid, creó a finales de marzo de 2020 unos servicios para hacerse presente en la vida diaria de aquellos que tanto sufrían. Cáritas Diocesana habilitó un número de atención telefónica 24 horas y organizó turnos de respuesta para todos los días de la semana. Esta atención fue apoyada durante la noche por el Servicio de Asistencia Religiosa Católica de Urgencia (SARCU).

Se aglutinaron tres tipos de respuestas: Necesidades sociales, información sobre voluntariado, donaciones y recursos; escucha para situaciones de duelo o crisis, atendido por la Coordinadora de Centros de Escucha, y compañía telefónica a personas solas.

1.700 voluntarios en la primera ola

“Al alargarse la situación de confinamiento, nos dimos cuenta de que cada vez hay más gente que no tiene con quién hablar”, explicó en ese momento Pilar Algarate, actual responsable de Desarrollo de Personas de Cáritas Diocesana y coordinadora de la iniciativa. 

En esos primeros meses, Cáritas Diocesana llegó a recibir 1.700 ofertas de voluntarios  para atender las llamadas, asegura Algarate, un éxito total, que poco a poco fue tomando forma y adaptándose al término del estado de alarma y los meses de la “desescalada”, derivando a los voluntarios por zonas y por Cáritas parroquiales, según las necesidades de las personas atendidas a través de la línea telefónica.

De nuevo, a mediados de diciembre, el Arzobispado de Madrid reactivó junto con Cáritas Diocesana el mismo número de teléfono para recibir llamadas de personas vulnerables con el objetivo de que ninguna persona se sintiera sola en Navidad.

El teléfono continúa activo

Hoy en día, el servicio telefónico sigue en funcionamiento: cuando la persona llama al número 696-98-78-85, se anotan sus datos, se ven sus necesidades y se le pone en contacto con un voluntario preparado para ello, que establecerá una relación con ella.

“Ahora participan más de 50 voluntarios, se organizan por vicarías, ya que inicialmente se puso en marcha para los días de Navidad, pero parece que es un servicio al que se le va a dar continuidad”, señala Pilar Algarate. 

Ana María Negro es voluntaria de Cáritas Vicaría II, trabaja en un Centro Educacional de Menores y atiende llamadas de personas solas desde que se puso en marcha la línea telefónica. Esta voluntaria de 53 años ha acompañado telefónicamente a dos ancianas durante estos meses y sigue abierta a apoyar a quien necesiten hablar.

Me ha permitido compartir con ellas su soledad, intentar poner música y alegría a esa tristeza que muchas veces implica esta situación” expresa Ana María. “He recibido mucho más de lo que he podido dar”, reconoce. “Especialmente he recibido mucho agradecimiento y mucho cariño”. Esta experiencia es como tener “una voz que todos los días está en mi interior recordándola”, describe.

Ana María explica que este voluntariado le ha permitido “poner voz a todos esos números que se incluyen en las estadísticas frías con las que todos los periódicos y todas las televisiones nos está bombardeando a lo largo de esta pandemia; realmente no solo son números”. 

Conversar con estas personas ha hecho ver a Ana que “detrás de esos números hay una persona con una vida, con unas experiencias, y que lo único que necesitan es que haya personas que puedan acompañarlas día a día en esa situación de soledad”. 

Un motivo más para levantarse

A través de estas llamadas, ellos se sienten parte y partícipes de la sociedad, se generan esperanzas de un mundo mejor. Tienen un motivo más para poderse levantar de la cama o del sillón. Muchas veces la llamada no suponía más de 5 o 10 minutos, pero el tiempo suficiente para al menos que ellos te dijeran: ‘estaba esperando tu llamada, me acompañas mucho’.” 

Al enterarse de que la línea telefónica se volvía a abrir en Navidad, no dudó en volver a participar, con el deseo de “poder llevar la realidad de la Navidad a estos hogares tan atacados por esta situación”, recuerda.

Ana María hace un llamamiento a participar en este voluntariado de Cáritas Diocesana, ya que “es relativamente fácil poder combatir esta situación. Solo se necesita tiempo, no se requiere dinero”, y recuerda que, aunque solo se dedique un ratito al día para escuchar al otro, el gesto supone “24 horas que esa persona está en tu corazón”.

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