En plena crisis del COVID19, las (personas) cristianas estamos también acabando la 5ª semana de cuaresma. No importa si en colaboración activa, como trabajadores de algunos de los servicios esenciales, o pasiva, confinados en casa, de retiro cuaresmal. Esta última semana hemos leído como poco antes de la pascua judía, mucha gente se preguntaba refiriéndose a Jesús, “–¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta, o no?” (cfr. Jn 11,56). Y leyendo un poco más atrás, como los miembros del Sanedrín se preguntaban qué hacer con él y que “ya habían decidido darle muerte” (cfr. Jn 11, 53). Todo ello después de diversos intentos de apedrearlo (cfr. Jn 10,31 y Jn 8,59) por sus obras y sus palabras. Era un ellos contra Jesús.

Y es que toda la vida pública del Salvador fue una provocación, continua puesta en evidencia del sistema del momento: ocupación romana, represión de los propios poderes locales –gobernador y sanedrín–, también de la Ley estrictamente entendida, la separación de clases y grupos sociales, del machismo, patriarcado y subordinación de la mujer y los niños, la marginación de gentiles, enfermos y pecadores… Quienes se encontraron con el Mensaje, reaccionaron de dos formas bien diferentes: la mayoría, viendo amenazado el statu quo y su posición en él, y los menos, sintiéndose interpelados e intuyendo la esperanza de un mundo mejor, del Reino.

Lo mismo ocurre en estos momentos: las sociedades se sienten preocupadas ante este ataque a la salud colectiva e individual, también al modo de vida y a la libertad. En nuestro país, el comité de crisis nos lo plantea como una guerra contra el virus. Mensaje que las televisiones promocionan machaconamente, “nunca hemos luchado más unidos, unidos como un gran país, solidario, valiente, con sentido del humor y ganador de muchas batallas”, ya sea estudiando, teletrabajando, viendo tv, bailando, aplaudiendo, montando muebles, haciendo yoga tomando ColaCao© o previendo el nuevo gadget tecnológico que compraremos al acabar el confinamiento…. Y así es como vivimos en nuestro “mundo de Yupi” este ataque directo ante el que sólo cabe una buena defensa, nosotros contra el virus.

Domingo de Ramos en cuarentena
Domingo de Ramos en cuarentena, viendo la sociedad desde nuestras ventanas

Pero mirando de nuevo hacia atrás: hace tiempo que la humanidad obvia los signos que se nos ofrecen a modo de nueva ocupación: calentamiento del planeta, incremento de desastres naturales diversos y extinción de especies, abuso de los países poderosos y las grandes multinacionales, excesivo enriquecimiento de los más ricos, vergonzosas diferencias entre unos y otros, ansias de mayor poder de los gerifaltes… llevado hasta límites insolidarios, indignos e inhumanos. Y pocos estamos exentos de culpa: mientras los actuales miembros de este sanedrín mundial esconden o niegan muchos de estos signos, otros muchos no actuamos de forma mucho mejor, mirando hacia otro lado, como si no fuera con nosotros, y pretendemos vivir en nuestro mundo, infantil y de ilusiones, ¡Qué bonito es viajar bien lejos y mis fotos en parajes exóticos! … O sino ¡Qué cómoda la compra en la red! ¡Qué ricas las variedades del Just Eat©! ¡Qué bien me sienta la última colección de ropa! ¡Qué molón mi último smartphone! ¡Flipante la ultima temporada de la serie de moda! ¡Seré rico si apuesto! ¡Ya tengo 5G en casa! … Y todo esto sin pretender desdeñar las bondades de la globalización, de la buena alimentación, la ropa o la tecnología.

Y ante todo lo anterior, parece que solo algunos investigadores, pensadores, activistas y ciudadanos comprometidos intuyen el verdadero sentido de este nuevo mensaje que pone en evidencia la ocupación humana del planeta, la represión humana de unos sobre otros, la ley humana del máximo beneficio económico, el mantenimiento humano de una forma de vivir que no es sostenible para todos ¿No debería ser, quizás, un todos contra esta forma de actuar de la humanidad?

Las cristianas recordamos el domingo de Ramos la entrada de Jesús en Jerusalén, cuando sí que vino a la fiesta judía. Y de nuevo Él está presente en esta pasión y muerte actual –11.744 personas muertas en España por el COVID, leo hoy (domingo de ramos), y millones en el mundo, por la forma de vida humana–. Solo hace falta que, en esta nueva Semana Santa, reviviendo su pasión y muerte, reviviendo en nuestro confinamiento la pasión y muerte humana del s. XXI, nos sintamos interpelados lo suficiente para darnos cuenta de que esta no es una guerra y no es externa, es un proceso de cambio interno en el que cada uno a su manera necesita intuir cierta esperanza por una vida diferente y se ponga en camino. Así llegará Pascua.