Volver

alandar262_nortesur5.jpgDespués de 2 años en los campos de desplazados de Goma, los desplazados vuelven a casa; en realidad vuelven a sus lugares de origen pero no a sus casas que dejaron 2 años atrás, pues éstas están destruidas, quemadas, saqueadas; lo han perdido todo, no les queda nada. Es un retorno voluntario, es decir, no oficial. Hasta septiembre, en Goma quedaban alrededor de unos 60.000 desplazados (aunque ésta cifra refleja tan sólo el 30% del total de desplazados en Goma, el otro 70% se encontraba o aún se encuentra en familias de acogida). De los 7 campos existentes se han cerrado 6, quedando tan solo uno abierto con unos 3400 desplazados, en su mayoría vulnerables. A diferencia de como se pensaba en un principio, el retorno se ha producido escalonadamente y sin contratiempos. Las autoridades y algunas ONGs, así como algunas iglesias, han facilitado vehículos para trasportar a los desplazados hasta los puntos convenidos de retorno. Y aunque es cierto que no ha habido suficientes vehículos para transportarlos a todos, el resto se ha buscado los medios para hacerlo.

Este retorno masivo no ha sido algo fortuito ni casual, sino que se han dado una serie de factores que lo han propiciado: por una parte, la pacificación de muchos lugares de donde provenían los desplazados; en segundo lugar, que estábamos al final de la estación seca y era el momento de plantar con las primeras lluvias y también que en ésta época los caminos están secos y transitables; y en tercer lugar, que también era el momento del comienzo del año escolar. Y si los desplazados no aprovechaban esta coyuntura, tendrían que esperar hasta el año siguiente para regresar. Podríamos añadir un cuarto factor, que ha sido la sensibilización hecha por parte de las autoridades gubernamentales y las autoridades de los campos para animar a los desplazados a un retorno voluntario: quien aceptara voluntariamente regresar, se le daría un “kit de retorno” que consistía en utensilios de primera necesidad y de labranza, así como semillas; y asistencia alimentaria durante los primeros 3 meses. Sin embargo, para aquéllos que decidan quedarse no se les seguirá dando asistencia alimentaria –sí sanitaria- salvo las personas vulnerables (enfermos, ancianos, discapacitados físicos y/o psíquicos…) que sí recibirían el 100% de la distribución alimentaria establecida. El resultado ha sido una respuesta masiva a querer volver.

Pero no vuelven todos, vuelven sólo “los afortunados”, los que han podido salvar la vida; volver, sí, pero con el “alma marchita” estigmatizada por las atrocidades vividas en la guerra, y aún así vuelven dando gracias a Dios por seguir vivos. El pueblo congolés es un pueblo de Fe.

Volver, con las manos vacías y los hatillos cargados de esperanza, de proyectos que quizá nunca lleguen a cumplirse pero que alimentan sus sueños y les mantienen vivos. Quizá el regreso no sea definitivo y los campos que ahora se vacían, volverán a llenarse con nuevos desplazados de guerras venideras o viejos conflictos reavivados. Pregunté a un sacerdote congolés su opinión sobre el nuevo presidente de color de EEUU y si veía en él algún signo de esperanza político-económica para el Congo, me respondió sin titubeos: “Nos bastaría con que nos dejara en paz”.

La vida en el Congo es así, nada es seguro, no hay un futuro claro, es difícil hacer planes, se vive tan sólo el presente. Hoy regresan, mañana quizá vuelvan de nuevo. El Congo es un continente dentro de otro continente, un territorio tan vasto como difícil de gobernar: muchas culturas, muchas lenguas (cerca de 250 en un mismo país!!); muchos conflictos, muchos intereses, mucha riqueza!!! Sin embargo, la gente de a pie, la gente sencilla, la que sufre las guerras devastadoras, los abusos y las consecuencias de lo que se decide en los lujosos despachos a muchos miles de kilómetros de aquí, esa gente, el verdadero pueblo congolés multicultural, harto y cansado de soportar una guerra tras otra, quiere unánimemente una cosa: “¡¡AMANI!!” (“¡¡PAZ!!”).

*Beatriz lleva 9 meses trabajando para la ONG, JRS (Jesuit Refugee Service) en los campos de desplazados de Goma (República Democrática del Congo

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