Sentimientos que pueden costar la vida

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Jornada interreligiosa en Chile para homenajear al joven Daniel Zamudio, víctima de homofobia y reclamar una ley antidiscriminación. Los derechos humanos son sus derechos. Tómenlos. Defiéndanlos. Promuévanlos. Entiéndanlos e insistan en ellos. Nútranlos y enriquézcanlos. Son lo mejor de nosotros. Denles vida” Kofi Annan

David quiere a Sofía. Marta ama a Laura. Jorge desea a Carlos. Alberto anhela tener contacto con Alejandro y con Ana. Ricardo se siente mujer. María se siente hombre. Noemí nació siendo Manuel. Francisco creció siendo Almudena.

La Asociación Americana de Psicología define la orientación sexual como “un patrón perdurable de atracciones emocionales, románticas y/o sexuales hacia hombres, mujeres o ambos sexos”, así como “el sentido de identidad de cada persona basada en dichas atracciones, las conductas relacionadas y la pertenencia a una comunidad de otros que comparten esas atracciones”.

Este concepto debe diferenciarse del término identidad de género, que muestra un sentido más profundo. Generalmente, suele coincidir con el sexo que se le asigna a una persona cuando nace, pero no siempre ocurre así. En ocasiones, la apariencia de una persona y ciertos comportamientos pueden no concordar e incluso entrar en conflicto con lo que, típicamente, la sociedad espera de los hombres o las mujeres. ¿Qué ocurre? Físicamente, puede ocurrir que estemos delante de una mujer pero que realmente se sienta hombre y así lo exteriorice o a la inversa.

Asimismo, la palabra transgénero se utiliza para describir un amplio abanico de identidades, entre las que se encuentran aquellas personas que se sienten ligadas al tercer género –sienten que han nacido en el sexo incorrecto. Y, a su vez, las personas intersexuales son aquellas que han nacido con una anatomía sexual que no se ajusta a la definición de hombre y mujer.

Todas estas opciones se engloban dentro de unas mismas siglas: LGBTI. Personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales. Hasta aquí, parece que todo es sencillo y que, pese a que a algunas personas pueda costarles un poco entenderlo, es fácilmente asumible. Hay variedad. Perfecto. Ni todas las personas somos iguales, ni tenemos por qué serlo. ¿Problema? No todas pensamos igual. No todos los países respetan de la misma forma los derechos de estas personas, incluso en España pueden existir diferencias insalvables.

De acuerdo con un estudio mundial jurídico sobre la criminalización, protección y reconocimiento del amor entre personas del mismo sexo realizado en 2013 y citado en “El Mensual” del diario 20 Minutos, existen más de 70 países en el mundo (de África, Oriente Próximo y Asia) que persiguen a personas LGBTI. En algunos países, son penadas con castigo físico, cárcel —a veces cadena perpetua— e, incluso, en cinco diferentes regiones de Nigeria y Somalia se contempla la pena de muerte. ¿Siglo XXI? Sí. Y este tipo de barbaridades no forman parte de ninguna película, sino de la realidad más allá de las fronteras de España y Europa.

pag20_nortesur_web-9.jpgEl activista de derechos humanos Daniel Arzola explica que la situación varía según los continentes, al tiempo que reconoce que “desde el 2009 y hasta hace un año, en Uganda era penado por la ley ser homosexual; en países árabes también es bastante nefasto, los códigos penales de 75 estados entre África y Asia lo consideran ilegal, de los cuales seis lo juzgan con pena de muerte, entre ellos: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Mauritania, Sudán y Yemen”. En Argentina, Uruguay, Brasil, México, Colombia y Ecuador permiten el matrimonio homosexual, pero Venezuela “no se atreve a dar el paso”, denuncia el también escritor venezolano.

A su vez, la presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (Felgtb), Boti García Rodrigo, asegura que en algunos países se ha ganado en derechos, mientras que en otros el sentimiento de rechazo, persecución y odio hacia el colectivo se ha mantenido o ha aumentado. Las razones de las autoridades para explicar los porqués radican en que consideran que “la homosexualidad es algo pernicioso que viene de ‘Occidente’ a destruir sus culturas” y, por otro lado, “el machismo dominante, que no acepta una alternativa a la tradición heterosexual”, agrega.

Esa es una realidad. Este colectivo se ve como una amenaza en muchos lugares y, en algunos, los prejuicios históricos de las religiones son, a juicio de Arzola, una de las explicaciones posibles. También, continúa, la solución pasaría porque los estados se centrasen realmente en los derechos humanos y no tanto en las religiones. García Rodrigo añade “con una labor importante de pedagogía social para visibilizar la realidad de nuestro colectivo y, además, con un esfuerzo legislativo que garantizase la igualdad”.

De acuerdo con una encuesta realizada por Bendixen & Amandi en 2010, el 80% de la población latina opina que las personas gais sufren discriminación; el 83% defiende la protección de este colectivo de la exclusión que sufren en relación con el empleo y la vivienda y el 74% apoya el matrimonio o unión entre personas del mismo sexo. Las cifras no son malas, pero son mejorables. Aun así, nunca se deben perder de vista los criterios que se siguieron a la hora de realizar un sondeo. Ahí es cuando las cifras bailan.

Afortunadamente, en España existen leyes que garantizan la igualdad de este grupo de personas. “El matrimonio igualitario ha sido un paso de reconocimiento para nuestro colectivo y luego la ley de identidad de género para las personas transexuales. No obstante, falta alcanzar la igualdad real, superando fuertes niveles de discriminación que venimos sufriendo desde la infancia; lo que hace indispensable la implantación de leyes que garanticen una lucha efectiva contra la homofobia, transfobia y bifobia, derechos para los menores transexuales, etcétera”, advierte García Rodrigo. Esta responsabilidad, remarca, compete a toda la sociedad.
Es una situación delicada. En particular, lo es para los verdaderos protagonistas, para cada una de las personas que se alejan de los cánones marcados por la sociedad y que tienen que lidiar con situaciones tensas y violentas en muchos casos. Es más, para la gran mayoría, el haber manifestado y verbalizado lo que sentían no fue una tarea sencilla, ni aun contando con el apoyo de familiares y amigos.

¿Qué pueden hacer los países que reconocen o protegen a este colectivo para que aquellos territorios que no tienen legislación específica modifiquen sus políticas? Lo más importante, insiste la presidenta de la Federación, es proteger a las víctimas de la persecución a la que están sometidas por su orientación sexual o identidad de género y asegurarles el asilo. No obstante, para conseguir que se produzca un cambio “es necesario que los organismos supranacionales velen por la garantía de los derechos de las personas LGTB” y se apoye a las organizaciones que trabajan por la igualdad de este colectivo en esos países.

Para Arzola, “las relaciones diplomáticas pueden interferir mucho”. Si hubiese políticas que se preocupasen tanto por lo humano como por lo económico la situación sería diferente, indica el activista, al tiempo que concluye diciendo que no hay que olvidar que los derechos sexuales son también derechos humanos.

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