La oportunidad de la noviolencia: la resistencia civil ucraniana a raíz de la guerra*

La guerra de Ucrania, como la mayoría de las guerras, no solo se libra en el campo de batalla, también en pueblos y ciudades a miles de kilómetros de distancia, en las conversaciones entre vecinos, las pausas para el café en el trabajo o las comidas de domingo con la familia. La opinión pública importa, y mucho.

Bomberos ucranianos en una zona arrasada por la guerra

La opinión pública importa para justificar los sacrificios que los pueblos tienen que hacer para ganar las guerras. En el conflicto de Ucrania estos sacrificios implican, entre otros, leyes marciales, movilización militar de miles de jóvenes o economías de guerra similares a las de la 2ª Guerra Mundial. El Estado español, por ejemplo, pretende aumentar su gasto militar en un 25%. Por lo tanto, los líderes políticos dedican muchos esfuerzos a ganar la batalla mediática a través de los relatos militaristas, la propaganda polarizadora y la invisibilización de alternativas noviolentas para la resolución y transformación de los conflictos.

Desde el inicio de la guerra, la organización Nonviolence International ha analizado la propaganda del Kremlin y la opinión pública en el país y ha llegado a la conclusión de que la ciudadanía rusa no ha dado un apoyo explícito a la guerra. De hecho, desde el inicio de la invasión, se cree que al menos 700.000 rusos se han marchado del país por la creciente tensión social y el miedo a ser movilizados militarmente. Por su parte, en Ucrania, en el año 2015 una encuesta realizada por el Kíiv International Institute for Sociology demostró que el 55% de la  población apoyaba la resistencia civil noviolenta para defender sus comunidades.

En las primeras etapas de la invasión, miles de ucranianos y ucranianas organizaron centenares de acciones noviolentas en todo el país con impactos significativos. El proyecto de investigación «La resistencia civil noviolenta ucraniana ante la guerra»explora las tendencias, impactos y retos de la acción noviolenta durante las primeras fases de invasión, entre febrero y junio de 2022, así como vías de apoyo en las fases actuales del conflicto. A través del mapeo de 235 acciones noviolentas y la realización de más de 50 entrevistas a activistas, profesoras, autoridades locales y representantes de grupos auto organizados de Ucrania, se identifica, entre finales de febrero y marzo, una primera oleada masiva de acciones de protesta pública con un claro componente de resistencia cultural contra la invasión rusa, combinada con acciones de intervención noviolenta como la construcción de infraestructuras para bloquear el paso de tanques, interposición física para detener convoyes militares o manipulación de señales de tránsito para confundir a las tropas rusas.

A mediados de marzo, con el incremento de la represión en diferentes zonas del país, la noviolencia pasó a expresarse con acciones clandestinas como grafitis dibujados en las escuelas, lazos amarillos y azules colgados en las barandillas de los parques, o la retirada de símbolos rusos de edificios y monumentos públicos. Estos actos mantuvieron viva la moral y la resistencia en las zonas bajo ocupación militar y crearon las condiciones para una nueva oleada de acciones, en esta ocasión, basadas en la no cooperación con los ocupantes rusos.

Los medios de comunicación internacionales valoraron estas acciones como actos de desesperación sin impactos sustanciales a la guerra. No obstante, los actos espontáneos surgidos de forma masiva en todas las provincias del país hay que entenderlos desde la perspectiva histórica y sociológica de la resistencia noviolenta. Como la profesora Olga Onuch afirma, desde la época soviética hasta la actualidad, la mayoría de las resistencias civiles ucranianas contra sus agresores han sido mayoritariamente noviolentas. En efecto, desde el movimiento de resistencia cultural de los Sixtiers (1960) contra el imperio soviético hasta las primeras etapas de Euromaidan (2013-14), pasando por la Revolución del granito (1990) o el movimiento Ucrania sin Kuchma (2000), el pueblo ucraniano ha usado la noviolencia para luchar contra la represión y la violencia institucional. Estas expresiones organizadas de resistencia civil se articulan en redes informales y descentralizadas a nivel local y alrededor de centros de valor social como parroquias, espacios culturales, escuelas o refugios de jóvenes que permiten la creación de poder popular, capaz de enfrentarse a cualquier agresor.

En este marco emerge la acción noviolenta, con impactos fundamentales en el transcurso de la guerra. En primer lugar, las acciones de protesta y las acciones de no cooperación de médicos, profesoras y funcionarios públicos obstaculizaron el control ruso de los principales núcleos urbanos, la instauración de la administración del empleo o el funcionamiento de sistemas de adoctrinamiento en las escuelas de las zonas bajo ocupación al sur de Ucrania.

En segundo lugar, las acciones comunicativas y las redes de apoyo e información contribuyeron a la resiliencia comunitaria en los asedios de Sumy o Chernihiv. Por ejemplo, las organizaciones comunitarias de base, la organización popular en los vecindarios y los sistemas de coordinación con agricultores y leñadores aseguraron la entrada de medicinas y productos básicos en estas poblaciones.

En tercer lugar, la resistencia noviolenta ha tenido un claro componente cultural que ha contribuido a consolidar una identidad ucraniana plurinacional. En la gran mayoría de las manifestaciones organizadas se mostraban banderas ucranianas y de otras minorías del país (como la tártara), incluso en las zonas tradicionalmente más pro rusas (como Kherson).

En cuarto lugar, la masiva organización comunitaria en el país ha incorporado, por una parte, miles de personas sin experiencia en el mundo del activismo, en estructuras auto-organizadas que se han convertido en auténticas escuelas de empoderamiento político y, por otra, ha incrementado la cooperación con autoridades locales para dar respuesta a las necesidades básicas de la población. Este proceso ha reforzado la gobernabilidad local, un aspecto fundamental para continuar con las reformas de descentralización política iniciadas en 2014 en Ucrania. Por último, los actores noviolentos han construido una infraestructura de monitoreo de crímenes de guerra y protección de personas que ha evitado la indefensión de las personas, ha empoderado las comunidades y ha salvado vidas.

Conocedoras de estas fortalezas, las autoridades ucranianas y occidentales han localizado y han subyugado espacios de este poder popular bajo las estructuras militares, mientras que las autoridades rusas han ejercido más represión para inyectar miedo y desarticular la resistencia civil noviolenta en las zonas bajo ocupación. En esta encrucijada, hay que dar visibilidad y apoyo a los actores noviolentos en Ucrania para demostrar a la ciudadanía global que sin armas es posible enfrentarse a los ejércitos, preservar el tejido social y los valores de las comunidades, así como explorar vías para reducir la escalada bélica en la región. Valorar y difundir la experiencia de Ucrania puede ayudarnos a responder de forma noviolenta a otros conflictos armados en el mundo.

Felite Daza Sierra es profesor de la Universidad Sciences Po (París), miembro del consejo de Novact e investigador del Observatori de Drets Humans i Empreses a la Mediterrània y Shock Monitor

*Este artículo forma parte del dossier “Aprenentatges pendents arran de la guerra a Ucraïna”, de Fundipau, con cuyo permiso y el del autor se publica. Traducción: Alandar.

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