El gasto militar mundial ha ido en aumento desde finales de los años 90. En 2023 se ha batido todos los récords, llegando a 2,30 billones de euros, según el último informe del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), publicado en castellano por Fundipau. La historia y el presente nos muestran que invertir en guerra prepara la guerra.

Una historia repetida mil veces cuando estalla una guerra: muertos, heridos, casas destruidas, familias rotas, personas huyendo, desplazadas, en busca de un refugio incierto… Un dolor inmenso e indescriptible que nos estremece y nos escandaliza. Y, siempre, una pregunta que brota de ese dolor: ¿Cómo lo detenemos?
Surge la terrible respuesta de quien propone detener la guerra con más guerra. Ambas partes invocan el derecho a la defensa. Acumulación ingente de armamento letal, movilización de personas y recursos. La guerra se recrudece, se encalla, se alarga. Los muertos, heridos y la destrucción se multiplican. El horror se expande.
También están aquellos que giran la mirada hacia el movimiento pacifista y preguntan: ¿Vosotros qué decís? Y lo que podemos decir, también siempre, es lo mismo. Lo podemos resumir en dos grupos de argumentaciones:
1) No alimentemos más la guerra, desactivémosla, dejemos de aportar armas; intensifiquemos con seriedad los esfuerzos diplomáticos y las presiones, busquemos una solución justa para todos en lugar de buscar qué beneficio podemos sacar; apoyemos las iniciativas de paz que surgen desde el interior de cada contendiente; alto el fuego y negociaciones. Si aquellos que defienden el uso de la violencia y las armas, al mismo tiempo no trabajan intensamente en ninguna de estas iniciativas, ¿cómo podrán justificar su apuesta?
2) ¡Ahora ya llegamos tarde! El trabajo fundamental para detener las guerras, al igual que los incendios forestales, debe realizarse antes de que empiecen; cuando llegan las primeras bombas y los primeros muertos todo resulta mucho más difícil; las heridas, el dolor y el odio son obstáculos añadidos; era antes cuando teníamos que habernos movilizado y evitado la escalada que desemboca en la guerra, en lugar de mirar hacia otro lado o, peor aún, de atizar la tensión en el afán depredador de conseguir la máxima ventaja económica y geoestratégica; era antes que debíamos habernos dotado de instrumentos más civilizados y racionales para afrontar los conflictos…
El trabajo fundamental para detener las guerras, al igual que los incendios forestales, debe realizarse antes de que empiecen
Aquellos que piensan que sí, que lamentablemente ya hemos llegado tarde y que ahora, aunque sea doloroso, no tenemos más remedio que emplear las armas, deberían tomar el serio compromiso de preparar y construir instrumentos y mecanismos de prevención, resolución, transformación de los conflictos, para que la próxima vez no nos vuelva a pillar sin haber hecho los deberes. Si no es así, debemos creer que este sistema perverso y asesino de afrontar los conflictos, ya les parece bien. Quizás sea porque hacen grandes negocios y ellos no ponen los muertos.
Artículos como este o con contenidos similares, más o menos desarrollados y argumentados, los hemos escrito decenas de veces. Ahora nos encontramos en un momento histórico con una treintena de conflictos armados en el mundo.
En Europa –fundamentalmente- hablamos de Gaza y de Ucrania, porque nos son más cercanos y, tal vez, nos pueden afectar más. De hecho, los dirigentes europeos y de la OTAN no cesan de decirnos que existe un riesgo cierto de que las cosas se compliquen, de que el conflicto se generalice y nos encontremos inmersos en una guerra de alcance global, que tendría un escenario importante en territorio europeo. La pregunta es pertinente: ¿Cómo deberíamos prepararnos para afrontar este riesgo? Porque es ahora, antes de que estalle esta guerra con la que nos amenazan, que es necesario actuar. Pero ¿actuar cómo?
¡Ahora es antes! Ahora es ese antes en el que será imprescindible haber actuado. Ahora es cuando cada palabra pronunciada o callada, cada decisión tomada u omitida, cada paso o cada inmovilismo, agudiza la tensión o la apacigua, agrava el enfrentamiento o nos acerca al entendimiento, nos avanza indefectiblemente hacia una gran guerra generalizada, incluso quizás nuclear, o nos lleva hacia un futuro en paz.
Ahora es ese antes en el que será imprescindible haber actuado. Ahora es cuando cada palabra pronunciada o callada, cada decisión tomada u omitida, cada paso o cada inmovilismo, agudiza la tensión o la apacigua
Desgraciadamente, todo parece indicar -palabras, decisiones y hechos- que no vamos por buen camino. Veamos algunos indicadores, en titulares, sin ninguna pretensión de rigor ni de exhaustividad:
- Declive estadounidense, que se siente amenazado por la pujanza china y busca reafirmar y consolidar su poder hegemónico.
- Pujanza china, rivalidad con USA: bases estadounidenses en Japón, Corea del Sur, Filipinas, Tailandia, Australia, etc. Conflicto de Taiwán.
- Declive ruso, que no se conforma con ser un comparsa humillado y quiere hacer valer su estatus de potencia, al menos militar. Complicidad con Corea del Norte.
- Cerco a Rusia con el crecimiento de la UE y de la OTAN (todos los antiguos aliados del Pacto de Varsovia, repúblicas bálticas, Finlandia, Suecia, tanteos en Ucrania y Georgia). Aislamiento y enfrentamiento, en lugar de incluirla en un proyecto común, como en algún momento, después de la guerra fría, se había propuesto.
- Invasión rusa de Crimea y de Ucrania. Guerra en Ucrania (ya desde 2014 en las repúblicas del este). Enfrentamiento de todo occidente con Rusia, a través de Ucrania.
- Escalada de la implicación occidental en este enfrentamiento: Aislamiento y sanciones, apoyo armamentístico creciente, armamento pesado (tanques, aviones, etc.), armas capaces de penetrar en territorio ruso, autorización para usarlas en territorio ruso. Se van sucediendo nuevos pasos en la escalada.
- Campaña de comunicación de “preguerra”, de todos los líderes y medios: hay una amenaza real, hay que armarse, economía de guerra, incentivar el gasto militar a la vez que se pone límites al gasto social, atizar el miedo, diseño del enemigo que es un peligro para nosotros y debemos defendernos…
- Auge militarista: enorme aumento del gasto militar, propuestas de volver al servicio militar obligatorio. Escasa reacción popular, aceptación o conformismo fatalista.
- Entusiasmo y apoyo mediático a esta tendencia. Silencio mediático en las reacciones, manifestaciones y campañas de oposición, mucho más numerosas y frecuentes de lo que se publica, que no llegan a la población ni a la opinión pública.
A cambio, ¿qué hay de intentos serios de rebajar las tensiones?, ¿qué hay de búsqueda sincera de entendimiento? Es evidente que, en el mundo globalizado en que vivimos, todas las economías están estrechamente interconectadas. Lo hemos visto con el gas ruso (ahora Europa lo compra mucho más caro a USA). No digamos de toda la producción que, empujados por la avaricia del máximo beneficio, hemos dejado en manos de China, de la que dependemos absolutamente.
Si en Europa, después de siglos de enfrentamientos y guerras, hemos aprendido que el entendimiento y la colaboración nos proporcionan más paz y más riqueza, ¿por qué no intentamos avanzar por el mismo camino con Rusia y China? ¿Por qué no incluirlos en lugar de excluirlos y enfrentarnos a ellos? Por el camino del enfrentamiento tenemos mucho que perder y muy poco que ganar.
Sólo una reacción ciudadana, contundente y masiva, puede detener a las inmensas fuerzas que se frotan las manos con el negocio en perspectiva.
Es evidente que la voracidad insaciable del sistema económico capitalista y el interés lucrativo del poderosísimo complejo industrial militar, con un horizonte de ganancias astronómicas, nos empujan al enfrentamiento suicida. Pero, los gobiernos, ¿cómo se doblan tan servilmente a estas presiones? ¿Cómo pueden defender que actúan por interés de la ciudadanía? La ciudadanía es quien pondrá los muertos y la miseria. Sólo una reacción ciudadana, contundente y masiva puede detener a las inmensas fuerzas que se frotan las manos con el negocio en perspectiva.
Otra vez se nos repite ese dicho nefasto de «Si quieres la paz prepara la guerra». Si preparamos la guerra, tendremos guerra. La historia demuestra que etapas de crecimiento armamentístico siempre han precedido al estallido de la guerra. Naturalmente, si preparamos la guerra ¡tendremos guerra! Entonces nos lamentaremos.
La historia repetida mil veces. ¿Sabremos evitar la próxima guerra? ¿Quién prepara la paz? ¡Ahora es antes!
