La historia se repite

italianos.jpg«Generalmente son de pequeña estatura y de piel oscura. No les gusta el agua, muchos de ellos apestan porque llevan la misma ropa durante semanas. Se construyen barracas de madera en las periferias de las ciudades donde viven juntos. Cuando consiguen acercarse al centro alquilan a precios caros pisos en malas condiciones. Se presentan en general en pareja y buscan una habitación con uso cocina. Después de pocos días ya son 4, 6, 10… Entre ellos hablan lenguas incomprensibles, probablemente dialectos antiguos. Muchos niños son utilizados para pedir limosna, delante de las iglesias suelen estar las mujeres vestidas de negro y hombres ancianos que invocan piedad con tono lamentoso y petulante. Tienen muchos hijos que les cuesta mantener y están muy unidos entre ellos. Se dice que roban y que si les obstaculizan sean violentos. Nuestras mujeres les evitan no sólo porque son poco atrayentes y salvajes sino también porque corre voz de algunas violaciones en la calle, a la vuelta del trabajo de éstas.

Nuestros gobernantes han abierto demasiado las fronteras pero sobre todo no han sabido seleccionar a los que entran en nuestro país para trabajar, a los vagos o incluso a los criminales.

Proponen que se privilegien a los que llegan de Venecia y Lombardìa, ignorantes y un poco lentos de comprensión pero más dispuestos que otros a trabajar. Se adaptan a casas que los americanos rechazan con tal de que las familias se queden unidas y no protestan por el salario. Los otros, a quienes se refiere gran parte de este primer informe, provienen del sur de Italia.
Os invito a controlar los documentos de origen y a repatriar a la mayoría de ellos. La seguridad debe ser nuestra primer preocupación».

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