Foto: Don McCullen/Survival“Los que vienen de fuera siempre dicen que traen el progreso. Pero todo cuanto traen son promesas vacías. Por lo que realmente luchamos es por nuestra tierra. Por encima de cualquier cosa, es lo que necesitamos.”
Arau, hombre penan, Malasia, 2007

“Éramos un pueblo libre que vivía rodeado de abundancia. Hoy dependemos de las ayudas del Gobierno.”Líder guaraní-kaiowá, Brasil, 2005

“¿Qué clase de desarrollo es éste que acorta la vida de las personas? Se infectan de VIH/sida. Nuestros niños reciben palizas en la escuela y no quieren ir. Algunos comienzan a prostituirse. No se les permite cazar. Pelean porque están aburridos y se emborrachan. Están empezando a suicidarse. Nunca antes vimos algo así. ¿Esto es ‘desarrollo’?” Roy Sesana, bosquimano gana, Botsuana

El “progreso” se cuestiona hoy menos que nunca; simplemente, es bueno para todos. Pero la idea dominante sobre el progreso se sigue remontando a la era colonial, cuando la apropiación de recursos y mano de obra se justificaban porque a cambio se ofrecía “civilización”. En el siglo XXI, los derechos de los pueblos indígenas se siguen violando impunemente a medida que se invaden sus tierras para saquear unos recursos naturales que enriquecen a quienes de ellos se apropian, y alimentan el desenfrenado consumo de nuestras sociedades. Mientras esto ocurre, tan sólo 20 países han ratificado la legislación internacional que protege a los pueblos indígenas.

Tierra y Vida

Un reciente informe de Survival Internacional analiza en detalle los efectos perversos que la imposición del “progreso” Fotos: Fiona Watson/Survivaltiene hoy en día sobre los pueblos indígenas de un rincón a otro del planeta. Explora las razones por las que los pueblos “asimilados” y sin tierras sufren niveles tan altos de enfermedades físicas y mentales; en los países pobres, pero también en los ricos. Un dato, la esperanza de vida de los pueblos aborígenes de Australia es entre 17 y 20 años menor que la del resto de los australianos.

No se trata de negar los logros de la ciencia, ni de defender una visión romántica e idílica de otras formas de vida. Tampoco de rechazar el cambio: todas las sociedades cambian constantemente, las indígenas también. Pero cuando éstas pueden vivir en sus tierras controlando su propia adaptación a un mundo cambiante, lo más habitual es que su calidad de vida y su salud sean visiblemente mejores que las de muchos de sus compatriotas. Las estadísticas muestran que cuando se les fuerza a abandonar sus tierras, se deterioran su salud y su bienestar, al tiempo que la depresión, las adicciones y el suicidio se disparan. Ésa es la realidad.

En Paraguay, los últimos ayoreo-totobiegosode no contactados luchan por sobrevivir mientras las excavadoras arrasan su bosque. En Botsuana, los bosquimanos del Kalahari se ven acorralados por el Gobierno que les niega el acceso al agua, pero impulsa con entusiasmo los planes para extraer diamantes de sus tierras.

Los penan de Malasia son víctimas de la degradación medioambiental de su hogar, la pluviselva, a causa de la tala a gran escala. El río está contaminado con los productos químicos que emplean los madereros, con aceite, con basuras… Ngot laing, de 53 años y líder de la comunidad, explica los problemas que la tala ha traído a su pueblo: «Estábamos en long lilim mucho antes de que las empresas llegaran… En el pasado nuestras vidas eran tranquilas, era tan fácil obtener comida. Podías incluso atrapar peces empleando sólo las manos; sólo necesitábamos mirar bajo las piedras y rocas o en algunos escondites en el río. Ahora la gente enferma a menudo. Están hambrientos. Sienten todo tipo de dolor de tripa. Sufren dolores de cabeza. Los niños lloran de hambre. Varias personas, incluyendo niños y niñas, tienen enfermedades de la piel causadas por el río contaminado. El alto patah solía estar tan limpio.»
Fotos: Fiona Watson/Survival

Todos estos proyectos que desalojan a los indígenas de sus tierras y la convicción de que “nosotros” sabemos más, causan una miseria incalculable. Los pueblos indígenas no sobreviven a esta situación. La importancia de la tierra y la necesidad de tomar sus propias decisiones sobre su forma de vida y su futuro, son fundamentales para todos ellos.

Imponerles nuestra forma de progreso nunca les reporta una vida mejor ni más feliz, sino una existencia corta y desoladora, con la muerte como única escapatoria. El progreso impuesto ha destruido a muchos pueblos y amenaza a muchos más. Unos lo saben y deciden mantenerse aislados. Otros tienen una relación más estrecha con los foráneos; una de las consecuencias más dramáticas es la enfermedad. Aunque algunos reciben cierta atención sanitaria, nunca es suficiente –ni siquiera en los países ricos – para contrarrestar los efectos de las enfermedades introducidas y de la devastación generada por la pérdida de sus tierras.

¿Un obstáculo para el desarrollo económico?

Desde la ocupación indonesia de Papúa Occidental se estima que 100.000 papúes han sido asesinados. Los asesinatos, las violaciones y las detenciones arbitrarias son frecuentes. Aldeas enteras han sido arrasadas. No es casual que Papúa Occidental contenga una gran riqueza mineral y maderera, una atracción irresistible para la economía indonesia. Una gran presencia militar protege a las empresas, incluso a la mina Grasberg de capital británico y estadounidense. Los funcionarios del Gobierno hablaron de “exterminar a los papúes”. Ahora, la aparición de una epidemia del virus del sida, con tasas de infección 15 veces superiores a la media nacional, hacen que esta amenaza sea una posibilidad real. A pesar de ello, la educación sanitaria y el chequeo que se dirigen a la población indonesia, no llegan a la indígena. Sí les llegan, en cambio, el alcohol y las prostitutas con los que los soldados tratan de sobornar a los líderes para que cedan su madera más preciada, que se vende para incienso.

Indefensos ante el sida

Son muchos los pueblos indígenas que se enfrentan a la aniquilación por causa del VIH/sida, que se ha venido a sumar a la larga lista de enfermedades que el mundo desarrollado ha transmitido a los pueblos indígenas a lo largo de los siglos. En este caso, su vulnerabilidad se incrementa por el hecho de que desconocen el riesgo que entraña el acto sexual sin protección y no tienen acceso a preservativos. La enfermedad era prácticamente desconocida entre los bosquimanos del Kalahari Central, en Botsuana, antes de que el Gobierno les expulsara de su tierra. Sin embargo, según datos de 2002, al menos el 40% de las muertes que se produjeron entre los bosquimanos en el reasentamiento de New Xade se debieron al sida.

Las enfermedades venéreas también han tenido un efecto devastador. Los indígenas yanomami de Brasil denunciaron que soldados emplazados en su tierra introdujeron la gonorrea y la sífilis en sus comunidades a través de la explotación sexual de las mujeres indígenas.

Enfermar de obesidad…

Expulsados de sus tierras y forzados a adoptar una vida sedentaria, muchos se hacen dependientes de las comidas procesadas. Este cambio en el modo de vida y en la dieta suele ser desastroso, provocando obesidad, hipertensión y diabetes. En la reserva de Pima (Arizona), más de la mitad de los indígenas mayores de 35 años son diabéticos; esta patología se da mucho menos entre quienes viven en las montañas. La Federación Internacional de Diabetes predice que el sobrepeso y la diabetes provocarán “muertes y discapacidades prematuras”. Si no se trata o si se detecta tarde –como suele ocurrir entre los indígenas–, la diabetes puede causar ceguera, complicaciones renales, infartos cerebrales, enfermedades cardíacas y amputaciones. El impacto en las generaciones futuras será catastrófico.

… morir de hambre

En 2005, la mayoría de los niños y niñas guaraní mbyá de Iguazú, Argentina, padecía malnutrición. Al año siguiente, en sólo tres meses, 20 murieron de inanición. Estos indígenas pierden anualmente el 10% de sus tierras y no pueden cultivar alimentos suficientes.

Al otro lado de la frontera se encuentra una de las regiones más ricas de Brasil, allí viven unos 11.000 indígenas guaraní hacinados en un área que apenas puede mantener a 300 personas. Sus hijos están muriendo de hambre. Casi ningún otro pueblo ha logrado sobrevivir a una pérdida tan extrema de tierras. La selva, de donde obtenían su alimento, está siendo talada a gran velocidad para crear haciendas de ganado y plantaciones de soja y caña de azúcar. La respuesta gubernamental consiste en repartir aceite, arroz y harina, pero los indígenas ya ni siquiera encuentran la leña necesaria para cocinar estas escasas raciones. La malnutrición es inusual en los pueblos indígenas que deciden su modo de vida en su propia tierra.

Drogas y suicidios

Cuando sufren el trauma de la reubicación y el asentamiento forzosos, se ven a sí mismos en un entorno al que no están acostumbrados, donde no hay nada útil que hacer y donde son tratados con desdén racista por sus nuevos vecinos. Es frecuente que se separe a los hijos de sus comunidades, llevándoles a colegios de régimen interno donde a menudo prohíben o ridiculizan su lengua y sus tradiciones. Proliferan la violencia doméstica y el abuso sexual. Alienados y sin esperanza, muchos consumen drogas, normalmente las más baratas y asequibles como el alcohol y la gasolina. Su salud se viene abajo. En estas situaciones, los bebés nacen con síndrome alcohólico fetal, los niños reciben poca atención de sus padres adictos, los adolescentes siguen el ejemplo y los padres –antes respetados– son rechazados por las nuevas generaciones. Toda la sociedad se derrumba. Entre la juventud innu la inhalación de gasolina constituye un problema grave. A largo plazo, esta adicción puede causar convulsiones y daño permanente en los riñones, ojos, hígado, médula ósea y corazón.

Son muchos los que acaban suicidándose. En 1995, 56 guaraní se quitaron la vida. En Canadá, los grupos indígenas que han perdido la conexión con sus tierras presentan tasas de suicidio 10 veces superiores a la media nacional. Por el contrario, en aquellos grupos que mantienen su forma de vida y unos vínculos fuertes con su tierra es frecuente que ni lo conozcan.

Un sentido profundo de la vida

Fotos: Fiona Watson/SurvivalPuede que los pueblos indígenas sean pobres en términos monetarios, pero son ricos en muchos otros aspectos. Disfrutan de muchas de las características que, según se ha demostrado, provocan la felicidad, tales como relaciones sociales fuertes, sistemas políticos estables, altos niveles de apoyo y confianza, y creencias religiosas o espirituales que dan significado a sus vidas. Un estudio que analizaba la felicidad y la “satisfacción con la vida” encontró que entre los que puntuaban más alto estaba un grupo tradicional de masai que se había resistido a los intentos colonizadores de cambiar su modo de vida.

La vida puede resurgir
SurvivalLos pueblos indígenas se han convertido en una minoría
con poca influencia sobre las decisiones que afectan a sus vidas. Escribir
cartas en apoyo de sus reivindicaciones a quienes ostentan el poder está
siendo una de las herramientas más eficaces para conseguir el reconocimiento
de sus derechos territoriales, poner fin a proyectos devastadores y detener
la violencia y la opresión contra ellos. En www.survival.es/actua/cartas
es posible escribir a las autoridades de diferentes países en apoyo
a las peticiones concretas de sus comunidades indígenas.