El mundo se apoya en las mujeres y su trabajo

En los países pobres, africanos, asiáticos o sudamericanos, son millones los casos de niñas que desde pequeñas se encargan de las tareas de los adultos. Los juguetes y todo lo que poseen sus coetáneos occidentales para ellos se convierten en trabajo y cansancio. 250 millones de menores entre los 5 y los 14 años trabajan, de ellos, 120 millones toda la jornada y 130 media jornada. El 61% se centra en Asia, en África el 32% y en América Latina el 7%.

En una familia pobre hay que decidir a quién mandar a la escuela, las últimas son las niñas, porque las mujeres se encargan de la producción de la comida, de ir a buscar leña, agua, de la casa y de los hijos, de los ancianos y enfermos… Las mujeres hacen dos tercios del trabajo mundial.

Los informes oficiales nos ofrecen cifras que avalan lo dicho anteriormente: dos tercios de los analfabetos y el 70% de los pobres del mundo son mujeres. Aun más inquietantes son los datos de las mujeres que no existen: unos 100 millones son las desaparecidas, asesinadas, muertas por malos tratos, por enfermedades, abortadas… En India sobre 8.000 abortos 7.999 son niñas. En China, a causa de los abortos selectivos, se prevé que en el 2020 habrá entre 30 y 40 millones de solteros.

Según la ONU, los más de 800 millones de mujeres que soportan el peso del trabajo mundial (por una jornada de trabajo doble respecto a la del hombre) reciben un décimo del salario mundial y poseen sólo una décima parte de los bienes disponibles. Las mujeres son las víctimas, a menudo silenciosas, de prejuicios, ignorancia, violencia y mutilaciones genitales realizadas en un régimen de total ausencia de esterilización y anestesia (se calcula que son unos 120 millones de mujeres).

También en el ámbito de la salud la situación es dramática: sólo por causas relacionadas con el embarazo y el parto, cada día mueren unas 1.500 mujeres (casi una cada minuto), y más de 20.000 quedan con un estado de salud gravemente afectado, especialmente por causa de la malnutrición y de la anemia, causadas por el peso familiar que las mujeres llevan encima.

Las enfermedades de transmisión sexual tocan a las mujeres cinco veces más que a los hombres, y en el caso del SIDA se cuentan 6 niñas por cada niño contagiado. Resulta imposible contar las víctimas de violaciones, explotación sexual, malos tratos…

Mujeres aplastadas por las discriminaciones que les impiden estudiar, decidir sobre su futuro, elegir libremente y que en los países occidentales, a menudo impiden recibir, a igualdad de cargo y responsabilidad, los mismos sueldos que los colegas varones.

Tres cuartas partes de los refugiados del mundo son mujeres, y las situaciones de guerra y de inestabilidad política tienen sobre mujeres y niños consecuencias más dramáticas que sobre los hombres. Se enseña a las mujeres, desde niñas, a estar en silencio y a habituarse al sufrimiento de la violencia (doméstica, social y política), de la esclavitud sexual, de la pobreza, de la marginación.

En realidad las mujeres no se acostumbran nunca a la violencia. A menudo las mujeres a las que se les impide estudiar, trabajar, realizarse, se dejan morir.

Por suerte hay señales positivas de cambio. Cada vez más familias se están convenciendo de la importancia de que sus hijas también estudien, como demuestran los datos de alfabetización femenina en crecimiento. Muchas organizaciones se empeñan en proteger a las mujeres permitiéndoles el acceso a servicios sanitarios, sociales, jurídicos, de soporte psicológico. Las mujeres están intentando enseñar a sus hijas la importancia de la cultura, y de ser reconocidas como interlocutoras políticas en varios niveles. El camino hacia la igualdad, aunque largo y empinado, prosigue inexorable.

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(Traducción: Merche Mas)

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