Danza de las diversidades

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Indio Pataxo en un festival de cultura indígena en Brasil. En estos días, en la Amazonia brasileña, han sido descubiertos signos de grupos indígenas, hasta ahora sin contacto con nuestra civilización. Quien conoce la realidad en que viven los indios e indias en Brasil duda si es mejor para ellos inserirse en esta sociedad en que vivimos. Parece que podrán sobrevivir más dignamente si siguen su vida aislados de la sociedad llamada “civilizada”. Sin embargo, prácticamente eso no se les permite. Los estados y sociedades dominantes siguen siendo tan o más conquistadores y colonialistas que los imperios del siglo XVI.

Nuestra forma de pensar y vivir no acepta con facilidad convivir con las diversidades. El otro ser humano no es visto como compañero de diálogo y sí como adversario o, incluso, enemigo. En los países europeos hay migrantes en situación de clandestinidad y se les llama “extracomunitarios”. Y no solamente latinoamericanos pobres, asiáticos y africanos, sino también hermanos y hermanas de Europa oriental, cíngaros y nómadas. Sin embargo, en todo momento nos enfrentamos a un mundo de diversidades culturales, biológicas, sexuales y artísticas, entre otras. Hasta en la divinidad las diversas tradiciones espirituales encuentran diversidad. La sabiduría china habla de Yin y Yang como si fueran principios que vienen del Creador. Las tradiciones africanas creen en un Dios único revelado en la diversidad de los orijás. El cristianismo enseña que Dios es uno y trino.

En el universo sideral, encontramos unidad y, al mismo tiempo, diversidad. Las encuestas han descubierto más de 700 millones de constelaciones y tantos mundos que no los podemos contar. En todo el universo hay una inmensa diversidad y, concomitantemente, una articulación inteligente que une todo.

Según la biología y las ciencias actuales, la diversidad es la característica básica de todas las formas de vida, así como de las manifestaciones de cultura en la Tierra. Hay una profunda relación entre diversidad biológica y diversidad cultural. Donde la diversidad biológica está mejor preservada, es más grande la diversidad cultural. Y donde la diversidad cultural es más respetada, se encuentra más diversidad biológica.

Motivos decorativos para danzas tradicionales en un festival de cultura indígena en Brasil. En la Tierra, hasta ahora han sido identificadas cerca de 1’7 millones de especies vivas. Cada día se extinguen algunas especies y otras son amenazadas de extinción. Para proteger la diversidad biológica es necesario detener un modo de desarrollo social que no permite tampoco la diversidad cultural. La humanidad habla más de 6.500 idiomas. Sin embargo, el 95 % de la población mundial usa menos de 300. Muchos idiomas locales desaparecen. En Brasil, 200 idiomas son aún hablados por grupos diversos, pero solo el portugués es oficial. El respeto a la diversidad debe garantizar que, en un país quien por casualidad no hable el idioma considerado oficial no quede marginado y sin tener sus derechos reconocidos. En un mundo del mercado globalizado, aún es más urgente garantizar la diversidad de las culturas.

Incluso en un país como Brasil, donde más del 60% de la población es de raza negra o criolla, las culturas afrodescendientes aún son discriminadas y marginadas. Por eso, actualmente, en todo el país, a partir del 20 de noviembre (fecha del martirio de Zumbi dos Palmares, líder negro que, en el siglo XVII, luchó en contra la esclavitud) se celebra una semana de unión y conciencia negra.

Edgar Morin, gran educador francés, afirma que debemos pasar de la noción de universo a la comprensión de que somos todos ciudadanos y ciudadanas de un pluriverso compuesto de mundos diversificados. Es un deber ético construir una sociedad nueva donde las diversidades sean respetadas y valoradas. Las tradiciones espirituales antiguas pueden ayudarnos en ese camino de humanización. El apóstol Pablo escribió a los antiguos cristianos y cristianas: “Dios escogió a los pequeños que, a los ojos del mundo, no tienen importancia, para revelarles su intimidad y para confundir a los que el mundo considera como importantes” (1 Cor 1, 26 ss).

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