Ciudadanos por un día

nortesur1-4.jpgEn una corta conversación con Thomas Lamboni, periodista de nuestra humilde revista LAAFIA de la diócesis de Dapaong en el norte de Togo, la conclusión no se hizo esperar: «Tendríamos que tener elecciones todos los años». Después del anuncio de las elecciones presidenciales para finales de febrero del 2010 se observan por aquí y por allá algunos trabajos públicos, donaciones gubernamentales en materiales escolares y sanitarios, ministros y secretarios de Estado que recorren y visitan las diferentes poblaciones. Algo se mueve en estos meses que no se movía antes. Es el tiempo de las promesas electorales que caducan al día siguiente de las elecciones.

Derecho a votar

Después de veinte años muchos africanos pueden acercarse a las urnas para elegir a sus representantes y dirigentes. Una cierta formalidad democrática ha ido empapando las instituciones políticas, pero los retos y desafíos de esta realidad africana siguen siendo los mismos. Las elecciones, sobre todo de un presidente, siguen siendo algo delicadas por estas latitudes. En estos meses los llamamientos a unas elecciones no violentas se multiplican. Esta es una de las características de la formalidad democrática africana: el peligro de la confrontación violenta o la entrada en la arena política de los militares. La sabiduría popular africana expresa de múltiples maneras este problema del poder: «Cuando dos elefantes se pelean son las hormigas las que lo sufren».

A todo esto se añade como nota original de las elecciones en Togo el problema del censo y el carnet para votar. Puesto queel censo en Togo deja mucho que desear, con la proximidad de las elecciones cada togolés mayor de edad recibe un carnet para votar. Los operarios de las elecciones recorrerán las diferentes circunscripciones para dar a cada hombre y mujer su carnet de voto. Esto no deja de ser de lo más ambiguo puesto que muchos togoleses y sobre todo togolesas carecen de papeles. En Togo es complicado y caro acceder a un carnet de identidad. Por ahora con la llegada de la democracia podemos decir que cada cierto tiempo se puede ser ciudadano por un día. Pero esto no es suficiente para una auténtica democracia.

La voz de la Iglesia

Ante esta situación los obispos africanos han recordado en muchos momentos que el verdadero trasfondo de la cuestión democrática para África está en la justicia y en la participación: ¿puede la democracia funcionar sin justicia, sin igualdad, sin participación? Para la Iglesia que camina en África una democracia que no promueva a la persona africana sólo será un mero formalismo.

En Ecclesiam in Africa, Juan Pablo II, retomando las palabras de
los padres sinodales en el que fue el primer sínodo africano, afirmaba que la Iglesia africana quiere acompañar a los pueblos de África en sus luchas democráticas y por un Estado de derecho. En la misma línea ha continuado el II Sínodo de obispos para África que en sus propuestas recalcan de manera especial algunos de los principios de una auténtica democracia: igualdad de todos los seres humanos, soberanía del pueblo, respeto a la autoridad de la ley, respeto de los derechos humanos. Además de todo esto, la Iglesia africana que subraya de manera especial la necesaria inculturación del Evangelio a la vida africana, afirma que este compromiso de encarnar el Evangelio a las realidades sociales, políticas y económicas debe hacerse desde la inculturación. Si la democracia en África quiere tener una oportunidad de hacerse realidad sólo será posible a través de su encarnación en el humus africano. Esto es como decir que la democracia o cuenta con la
gente y sus problemas de cada día o será simple fachada. Y esto vale también para los proyectos de desarrollo o cooperación que la mayoría de las veces restan protagonismo a los verdaderos actores de la lucha contra la pobreza, el hambre, la marginalidad, la exclusión. Aquí se podría aplicar el proverbio africano «la mano que da está siempre por encima de la que recibe».

Soluciones africanas

En una reunión de catequistas, con el anuncio de las próximas elecciones, comentábamos que quiere decir eso de democracia. La mejor traducción la propuso alguno de ellos: «un par de brazos no puede abrazar un baobab». Y a ella añadimos un ejemplo de la vida africana. Hace tres meses unas aldeas del norte de Togo cansados de esperar la escuela prometida por el gobierno y sin respuesta a sus peticiones a diferentes ONG, decidieron unirse para hacer su escuela pagando ellos mismos a los maestros. Las escuelas de iniciativa local son fácilmente reconocibles: construidas con algunos postes de madera, un techo de paja para dar sombra, unos bancos y mesas de madera autóctona, su pizarra, todo «made in Africa». Las escuelas que el gobierno, las ONG, las Iglesias cristianas, los musulmanes construyen casi siempre apoyados desde el exterior y contando con la participación local son mucho más sólidas, más vistosas y mejor equipadas. A ninguna les falta el cartel del donante. Personalmente y sin quitar merito a estas escuelas «made in cooperación», pienso que estas escuelitas más pobres de iniciativa local son pequeñas semillas de auténtica democracia que señalan a la verdadera solución de los muchos desafíos africanos. Así lo refería algún obispo africano: a problemas africanos soluciones africanas.

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