China en África

Un joven africano  se dirige a trabajar en un convoy chino en Botswana.Vayas por donde vayas en África no dejas de encontrarte con chinos. Son omnipresentes. Las compañías, negocios y productos provenientes de ese país invaden todos los rincones del continente.

China ha demostrado que, a través de planes de transformación, se puede conseguir que grandes segmentos de la población salgan de la pobreza. Esto, evidentemente, supone un ejemplo para muchos países africanos.

La relación entre China y África no viene de ahora. Ya en las décadas de los sesenta y los setenta Mao Zedong quiso exportar su revolución a este continente enviando doctores, expertos en guerrillas y obreros para ayudar en proyectos africanos.
Hoy día, el interés del gigante asiático por África subsahariana se ha desviado de aquellos ideales revolucionarios y se reduce, exclusivamente, al plano económico. En especial al control de las materias primas del continente.

A diferencia de los países occidentales, el interés chino por esas materias primas está acompañado de grandes inversiones con el objeto de facilitar y allanar el camino hacia ellas. Así, el gigante asiático se ha convertido en el primer socio comercial de África y el principal inversor directo en el continente.

China también se ha transformado en uno de los mayores proveedores de inversión directa y de ayuda al desarrollo en África subsahariana. Empresas provenientes de ese país están desarrollando grandes proyectos en el área de las infraestructuras, la agricultura, etc.

Inauguración de las obras de construcción de un estadio en Lusaka (Zambia) que será construido por una empresa china. No cabe duda de la codicia de China por las materias primas africanas pero, poco a poco, ha ido ampliando sus horizontes. En la actualidad, más de 2.000 emprendedores chinos están invirtiendo y creciendo en más de 50 países africanos.
La irrupción de China en África -acompañada de otros países emergentes como Brasil, India, Rusia o Sudáfrica- está facilitado nuevas fuentes de comercio, inversión, préstamos, ayuda al desarrollo e incluso de armas diferentes a las que tradicionalmente ofrecían los países occidentales y sus instituciones, como el Banco Mundial o el FMl. Estos llevan décadas insistiendo en la necesidad de implementar reformas que faciliten el libre mercado y la democracia al más puro estilo occidental. China y sus socios se alejan de estas políticas y no se meten en lo que consideran asuntos internos.

Todo esto tiene un primer aspecto positivo: los países africanos están encontrando vías diversas de financiación que rompen la dependencia de la Ayuda Oficial al Desarrollo y las inversiones provenientes de occidente, especialmente de Estados Unidos y las antiguas metrópolis coloniales. Esta, además, solía ir ligada a la exigencia de reformas de libre mercado, que favorecieran las inversiones extranjeras, políticas y en el campo de los derechos humanos, muchas veces contrarias a los deseos de los líderes africanos. Muchos de ellos se aprovechan de esta nueva situación y de la no injerencia de China y sus aliados en asuntos internos para reforzar sus intereses y mantenerse en el poder.

Por eso, en muchas partes del continente, grupos de la sociedad civil empiezan a plantearse este tipo de presencia y a pedir más claridad en las relaciones entre sus gobiernos y China. Habrá que prestar mucha atención a cómo evoluciona la situación, porque puede transformarse en una nueva fuente de conflicto.

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