Voluntarios por otro mundo: con los últimos de entre los últimos

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Es necesario llenar los huecos dejados por los poderes públicos y el propio movimiento asociativo. Al tiempo que se multiplican las necesidades y aumenta la precariedad, las administraciones -y también las ONG más dependientes de los fondos públicos- claudican ante las injusticias sociales. “Voluntarios por otro mundo” es una asociación creada por el antiguo defensor del pueblo andaluz, el sacerdote José Chamizo, que aspira a atender “a los últimos de entre los últimos y a llenar los huecos dejados por los poderes públicos y el propio movimiento asociativo”.

Las personas inmensas en procesos de marginación crónicos y con mayores dificultades de salir a flote están siendo desplazadas, en las prioridades de los menguantes servicios sociales, por los “nuevos pobres” generados por los ajustes, los recortes y la particular manera de entender la austeridad de nuestros representantes políticos. Son esos colectivos más marginados los que a José Chamizo, durante su mandato como “Ombudsman” andaluz, más le preocupaban, hasta el punto de convertirse en una autoridad institucional realmente molesta para los sucesivos gobiernos y los partidos políticos andaluces. Tanto fue así que llegaron a ponerse de acuerdo en mayo de 2013 para desalojarle de su puesto tras 17 años en el cargo.

Tal vez intenta ahora desprenderse de “la impotencia de quien ve todos los problemas pero no tiene los recursos para remediarlos” y echar una mano precisamente “donde muy pocos llegan”. Con “Voluntarios por otro mundo”, Chamizo aspira a “llenar algunos de los huecos dejados por parte del movimiento asociativo debido a su relación con la administración”, de la que dice que en estos momentos no es de fiar: “paga mal y nunca, exige e impone, pero en cualquier momento te deja en la estacada”. Su idea es que la asociación se valga por sí misma, gracias a las donaciones de particulares y que limite su radio de acción a la comunidad andaluza. Por el momento, cuenta con casi 170 socios y socias que aportan entre cinco y diez euros al mes, aunque el objetivo es llegar como poco a 200. Tampoco quiere profesionalizar la ayuda, para evitar conflictos y garantizar una atención sin más interés que el puramente humanitario. En la actualidad son 25 las personas voluntarias, “muchas mujeres licenciadas en paro que no quieren quedarse en casa, jóvenes recién licenciados, amas de casa, autónomos, creyentes y no creyentes… gentes de buena voluntad”, describe Chamizo.

Dos voluntarias de la organización andaluza. Sus campos preferentes de atención son lo que él denomina “indigentes en prisión”: personas privadas de libertad que no tienen lo mínimo para dejar pasar el tiempo con dignidad y se ven obligados a trabajar para otros, a trapichear con las llamadas a las que tienen derecho, con el tabaco que consiguen o con cualquier otra prestación penitenciaria y que a veces se meten en líos por tener que cumplir las órdenes de otros. También internos que han conseguido el tercer grado pero no tienen lo suficiente para moverse fuera de la cárcel. También menores que, al llegar la mayoría de edad, salen de los centros de la administración bajo cuya tutela estaban sin muchas herramientas ni habilidades para valerse por sí mismos y son presa fácil de las drogodependencias e, incluso, de ocupaciones poco recomendables.

Otra línea de actuación es un servicio de asistencia jurídica para gente con problemas pero sin medios de buscarse una buena defensa, más allá del turno de oficio que, a veces, se realiza de forma muy poco profesional. Aunque en un principio esperaba una mayor demanda por asuntos relacionados con las drogas, lo cierto es que llegan muchas consultas relacionadas con los divorcios. Este hecho le ha llevado a plantearse otro ámbito: el de los menores de familias en principio normalizadas y estructuradas pero que viven en situaciones objetivas de abandono, pasan mucho tiempo solos y no cuentan como deberían con la presencia y cercanía de sus padres. Aquí, explica Chamizo, la administración no llega porque no los identifica siquiera como un colectivo objetivo necesitado de la cobertura de los servicios sociales.

José Chamizo, impulsor de la ONG. Reconoce que les es más fácil poner en marcha estos proyectos “por la popularidad entre la gente”, aunque también advierte que “los encontronazos con la administración me pueden perjudicar”. Aún así, parece un hombre libre, decidido a hacer lo que cree que debe hacer, a denunciar la vulneración cada vez más impune de los derechos humanos y a fomentar el “voluntariado puro y duro”, para sacar del lugar que ocupan a los últimos de entre los últimos.

Más información:

Voluntarios por otro mundo
Tfno: 954 22 84 30
voluntariosporotromundo@gmail.com
www.voluntariosporotromundo.org

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