Una experiencia de libertad en la parroquia Sagrada Familia de Fuenlabrada

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Ávila, con el recuerdo de Santa Teresa, fue el lugar elegido para la excursión de este año de los presos y familiares. Como todos los años, hemos tenido la excursión de nuestra parroquia de Fuenlabrada, la Sagrada Familia. Esta vez el lugar elegido ha sido Ávila. Como siempre, la hicimos con los muchachos que pertenecen a ella pero que, por diferentes motivos, ahora están en la cárcel de Navalcarnero. Una vez más, resultó una experiencia de integración y fraternidad, donde todos pudimos comprobar que lo más importante en la vida no es dónde vivas o lo que hayas hecho, sino intentar reconocer que todos somos iguales, que todos nos necesitamos y que todos, sin excepción, podemos aprender y disfrutar juntos. Nos acompañaron familiares de muchachos que están en la cárcel y que pertenecen al grupo de familias que nos reunimos una vez al mes en la parroquia. Después de muchos esfuerzos conseguimos que les dejaran salir de Navalcarnero durante doce horas con el fin de poder aprovechar al máximo posible. El fin de esta jornada era el encuentro entre todos, poder conocernos, compartir y convivir. La excusa era poder ver los lugares de Santa Teresa con motivo de su quinto centenario, pero lo más importante fue el ambiente que se creó y al que todos contribuimos.

Quedamos en la puerta de la parroquia a las 9 de la mañana, fuimos a recoger a la cárcel a los muchachos de “nuestra otra parroquia”, nos reunimos todos hacia las diez menos cuarto e iniciamos nuestro día con mucha ilusión. En el autocar ya empezamos la fiesta. Había gente de todas las edades, sobre todo gente mayor e incluso gente que necesitaba de los otros para caminar pero, todos en familia, intentamos que nadie se sintiera solo.

Llegamos a Ávila hacia las 11 de la mañana y durante toda la mañana aprovechamos para visitar la ciudad. Hacia las 14 horas fuimos al Santuario de Sonsoles para comer, donde recordamos la experiencia del resucitado poniendo en común y compartiendo cada uno lo que traía; los chicos de la cárcel no paraban de dar gracias y decir que estaba siendo un día muy especial. Más tarde, a las seis, tuvimos la Eucaristía, prolongación de la experiencia de comida compartida y bendecida del mediodía en la que todos participamos en un clima de igualdad. Escuchamos las lecturas y, sobre todo, escuchamos nuestras propias vidas; dimos gracias por el día, por nuestras parroquias de Fuenlabrada y Navalcarnero sintiéndonos una misma y más que nada hicimos presente al Dios resucitado en cada gesto, en cada abrazo, en cada lágrima… en cada historia vivida y compartida. En el abrazo de la paz sentimos que éramos uno, sentimos que las palabras del evangelio de Juan se hacían realidad: “que todos sean uno”. Era la unidad desde la diversidad de historias, de vidas, de experiencias.

El viaje de vuelta en el autobús fue un seguir participando de la fiesta, con cantos y alegría. Hacia las ocho y media llegábamos de vuelta a la cárcel. Un momento duro, de despedidas y de alguna lágrima… pero un momento de Dios, de haber hecho presencia durante el día la realidad que nos dice San Pablo: “No hay esclavos, ni libres, porque todos somos uno en Cristo Jesús”.

Acabamos con un abrazo final, antes de entrar en aquel lugar horroroso de dolor, aunque también mucho de Dios, de esperanza, de resurrección y mirar al futuro. Había sido un día especialmente santo, sagrado, lleno de fraternidad. Habíamos respirado juntos y sentido a Dios, que es Padre y que nos une a todos.

*Francisco Javier Sánchez González es el capellán de cárcel de Navalcarnero y párroco de la Sagrada Familia en Fuenlabrada (Madrid)

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