“Un juez no encabeza luchas contra nada, ayuda a cumplir la ley”

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Garbiñe Biurrun es Magistrada y Profesora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Universidad del País Vasco. El público llenó el Salón de los Institutos para escucharla y dialogar con ella en el Foro Gogoa.

– ¿Progresa la humanidad en su consideración del delito y la pena?

 El tema de la justicia penal ha estado en debate desde antiguo y ahora cada día se suscita en los medios de comunicación, porque son terribles los delitos que muchos días suceden. Es razonable que, en cada tiempo, exista un debate sobre qué conductas tienen que ser consideradas delito o sobre la calidad o cantidad de las penas. Pero una de las maneras de medir si hay progreso humano en la historia es considerar las respuestas que ha ido dando ante los hechos que causan daño a otras personas. El derecho penal y su aplicación son avances de la humanidad frente a la ley del talión, las condenas sin garantías procesales o la aplicación del tormento. A la pena hay que buscarle una utilidad, de reconstrucción personal y resocialización, como indica el artículo 25 de la Constitución.

– ¿Cómo se considera hoy el delito?

 Un delito es cualquier hecho que daña a bienes que jurídicamente se estiman dignos de protección: la vida, la libertad, la propiedad, el medio ambiente o la economía. La idea de delito cambia según las necesidades y valores de cada momento. Hay dos maneras de considerar el delito, la que pone el énfasis en el carácter de la persona que lo comete, lo que se llama “derecho penal de autor”, y otra perspectiva, de avance, que pone el acento no en el sujeto sino en el contexto social. En la actuación contra la kale borroka ha habido algo de derecho penal de autor: ¿cómo es posible que quemar un cajero en Estella o en Tolosa merezca penas mucho más graves que hacerlo en Benidorm?

– ¿Qué evolución ha habido en la consideración y aplicación de la pena?

 Ha habido dos teorías esenciales. Una idea retribucionista, “el que la hace, la paga”. Y otra, la teoría de la prevención, donde la pena sirve para prevenir y rehabilitar. Un gran riesgo es imponer penas que causen terror en la población. Algunos movimientos sugieren que hay que reservar el código penal para los delitos más graves y humanizar las penas buscando alternativas a la privación de libertad en recintos carcelarios, mediante arrestos domiciliarios y arrestos de fin de semana. Está demostrado que la pena de muerte, la forma suprema de inhumanidad, es un castigo irreparable, sujeto a errores judiciales, y que nada previene.

– ¿Resuelve algo la cárcel?

 El código penal español no es de los más duros. Pero el número de presos es más alto que en otros países (Según Instituciones Penitenciarias, en 2009 hubo 76.488, de ellos 27.138 preventivos y 49.310 condenados). Las cárceles están llenas de personas pobres, inmigrantes, marginadas o drogodependientes. La cárcel es un castigo que aparta de la calle y de nuestra vista a miles de personas. Hay estudios psicológicos rigurosos que demuestran que un internamiento continuado de 15 años en prisión destruye a la persona y la hace incapaz de reorientar su vida.

– ¿Qué hacer con los violadores reincidentes?

 La violación es un delito terrible que deja huellas duraderas en la víctima. Pero no veo salida fácil para el caso de los violadores que reinciden: se deben establecer cautelas, pero no acepto la reclusión a perpetuidad. La castración farmacológica no me gusta: habría que demostrar su eficacia y contar con la voluntariedad del violador para someterse al tratamiento.

– ¿Qué papel juegan los medios de comunicación?

 Aquí está bien claro quién paga, a quién sirven y a quién combaten los medios. Hay una doble apuesta, ideológica y de rentas. El debate sobre la cuestión penal se plantea de manera brusca, “de telediario a telediario”, en el de mediodía alguien pide un endurecimiento penal, en el de la noche alguien responde que el tema se va a considerar. No hay serenidad, sensatez, calma y razonamiento para abordar esos temas

– ¿Avanza la justicia universal?

 Después de los juicios de Nuremberg contra los crímenes de la Alemania nazi, dos resoluciones de las Naciones Unidas introdujeron la Justicia Universal. En 2005 la Audiencia Nacional juzgó y condenó a un militar argentino, Adolfo Estilingo, y el Tribunal Supremo confirmó esa sentencia en 2007. Los delitos de lesa humanidad no prescriben, pero en el caso de los crímenes del franquismo no es sencillo el tema, porque para que se enjuicie tiene que haber delincuentes y han pasado ya muchos años para poder encontrarlos. Y hay otra cuestión, creo que la reciente reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial se ha hecho para que en España no se pueda perseguir a los gobernantes de países como EEUU, China, Israel e Irán.

– ¿Cuál es la tarea de un juez?

 Un juez no encabeza luchas contra nada. No lucha contra el delito. No lleva la iniciativa. Espera. Y ayuda a cumplir las leyes de manera justa.

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